Osvaldo Reyes: 'El formato digital llegó para quedarse, sin reemplazar al físico'

  • 11/08/2020 00:00
El escritor panameño ofrece un repaso de su trayectoria y conversa sobre su obra titulada 'El experimento Maquiavelo', que presentará esta semana en la Feria Internacional de Libro.

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Osvaldo Reyes es médico, profesor de obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Panamá. También es un ferviente lector de literatura negra y escritor. A la fecha ha publicado ocho libros (El efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El cactus de madera, El canto de las gaviotas y Asesinato en Portobelo), y dos colecciones de cuentos (Trece gotas de sangre y Trece candidatos para un homicidio). Sus relatos forman parte de múltiples antologías nacionales e internacionales. Fue ganador del primer premio de narrativa corta del Panamá Horror Film Fest 2017 y del concurso de microrrelatos (2019) del grupo Tierra Trivium de España.

Osvaldo Reyes: 'El formato digital llegó para quedarse, sin reemplazar al físico'

Durante una entrevista con este diario, el autor relata que su pasión por la lectura inició en la niñez, como un hábito inculcado por sus padres; sin embargo, el momento definitivo fue al descubrir la biblioteca de su escuela. “La fui a visitar por simple curiosidad y la encargada (la señora Elizabeth) me invitó a pasar y me prestó un libro. No recuerdo el nombre, pero reseñaba la vida de un caimán en los Everglades de Florida. Me fascinó y me volví visitante asiduo del lugar. En su interior descubrí los libros de Enid Blyton, una escritora inglesa que se especializaba en novelas juveniles de misterio, y gracias a estos olvidados tomos que nadie había tocado en años, descubrí la colección de los Cinco Pesquisidores”, rememora Reyes, quien agrega que estos libros fueron su entrada al mundo de la literatura detectivesca, y el primer paso en un sendero del cual ya no se ha podido apartar jamás.

En esa misma línea, comenta que la estocada final fueron las novelas de Agatha Christie, como Cianuro espumoso, que “tiene una primera línea que es como un golpe directo al hígado: 'Seis personas pensaban en Rosemary Barton, muerta cerca de un año antes' y a lo largo de la narración descubrí un nivel de madurez que no había conocido en los libros de Blyton y que me atraparon en una vorágine de la cual ya no pude escapar. Quería leer más. Los crímenes dejaron de ser robos de mascotas o secuestros. Ahora lidiaba con asesinatos y otros delitos de mayor envergadura. Cada libro era una aventura, un viaje a lugares desconocidos, un enigma a resolver y un juego entre la escritora y yo”, comparte sobre las lecturas que moldearon sus gustos literarios y lo siguen haciendo hasta hoy.

Reyes sostiene que este año presentará su obra número once, que se titula El experimento Maquiavelo, en la Feria Internacional del Libro. El autor precisa que el primer libro (El efecto Maquiavelo) gira alrededor de la vida de un renombrado obstetra, Carlo Mantovani, que en su tiempo libre asesina a mujeres embarazadas, disfrazando sus crímenes como muertes naturales. El escrito plasma que un colega descubre sus actos y trata de acusarlo; no obstante, los directores del hospital deciden proteger a Mantovani. Reyes confiesa que este es uno de los misterios que debe descifrar el lector en la novela.

“No les diré cómo termina, pero El experimento Maquiavelo retoma la historia diez años después. Mantovani tiene una nueva vida, una nueva identidad, pero sigue siendo la misma persona, y sus actos lo pusieron en la mira de alguien que hará lo que sea por encontrarlo”.

“Tres detectives siguen su rastro y, como perros de caza, no se detendrán hasta llegar a su presa. Con ojos buscándolo por todas partes y una necesidad de matar que forma parte de su naturaleza, su vida no puede ser más caótica”, revela.

Disciplina y creatividad

“Todas las noches, cuando estoy en el proceso de desarrollo de una historia, escribo cinco páginas. Es una rutina que no puedo cambiar y me ha resultado muy útil. Se puede terminar una novela de 300 páginas en dos meses con este sistema. No tiene que estar perfecta ni ser la versión final. Después vendrá un largo proceso de revisión y edición, pero ya está la trama plasmada en papel”, cuenta.

Asimismo, el amante de las letras arguye que cada libro es un compendio de sus experiencias, de su diario vivir. Cada sitio que visitó, cada libro que pasó por sus manos, para él “es una fuente de inspiración para una escena o un detalle”, luego los almacena en su memoria y los usa según necesidad.

“Cuando escribo soy muy visual. Me imagino la narración en mi cabeza, como si fuera una película. Por esa razón, mis libros tienen mi vida plasmada en sus páginas y mis personajes están armados de las personas que cruzan mi camino. Un manierismo por aquí, una forma de expresarse por acá, una muletilla por allá, todos terminan dentro de un mismo cuerpo y engendran un personaje. Es imposible hacer esto y no poner parte de uno en la mezcla”, afirma.

En ese contexto, indica que siempre está alerta ante los acontecimientos, porque no sabe cuándo pueda surgir la idea de una nueva composición literaria. “Una noticia, un hecho curioso, una palabra en Facebook pueden disparar un recuerdo o darme la idea para resolver una trama o crear toda una novela. La suerte favorece a la mente que se encuentra trabajando, y la mía casi nunca descansa”.

Comparte que aunque es escritor, primero es un lector, y asegura que los años le han vuelto más exigente. “Detesto encontrar libros con tramas mal desarrolladas, con mentiras obvias o con personajes planos y sin vida propia, por lo que me esfuerzo en no cometer esos errores. Escribo los libros que me gustaría leer. Además, la literatura negra forma parte de mi vida desde un poco antes de la adolescencia. A estas alturas del partido me sería imposible desligarme”.

Transformaciones

Con relación al panorama literario en el istmo, Reyes precisa que en la literatura negra se están dando cambios interesantes. “Algunos escritores están trayendo a la vida a detectives cuyos autores ya no están con nosotros. Otros están experimentando con la fusión de géneros o explorando temas que antes nadie quería tocar”.

“Por años se ha dicho que la literatura negra va a desaparecer. Que su auge no es más que una burbuja creada por su popularidad y que tarde o temprano estallará. Es mi opinión, nada está más lejos de la realidad. Los géneros que sobreviven la prueba del tiempo son los que se amoldan a su realidad, los que inventan formas nuevas de atrapar a los lectores. La literatura negra no desaparecerá. Se reinventará, se adaptará”, asegura.

Agrega que “veremos mucha literatura enfocada en las experiencias vividas. En el encierro, en el aislamiento social y en las consecuencias del mismo. De seguro, el SARS-CoV-2 formará una parte central de algunas de estas historias”.

Osvaldo Reyes, escritor.

En cuanto a la era digital, constata que cuando empezaron a publicarse los libros en este formato, se sugirió que el producto en físico había llegado a su fin, ya que las nuevas generaciones preferirían uno sobre el otro; sin embargo, apunta que ya han pasado los años y el libro en papel, con su olor a cartón y tinta, sigue ocupando un sitial de honor. “Se calcula que aproximadamente el 65% de los lectores prefiere el formato clásico. Si agregas a eso el hecho de que algunos estudios han demostrado que el uso de las tabletas antes de dormir afecta el patrón de sueño, este porcentaje pudo aumentar, de no ser por la pandemia”.

“Por ahora, el formato digital llegó para quedarse, pero no reemplazará al libro físico. Ambos coexistirán, satisfaciendo las necesidades de los lectores y eso es bueno”, sustenta.

Expectativas y frutos

Reyes remarca que uno de los legados que desea dejarle a Panamá radica en que, en un par de años, se hable de la novela negra centroamericana y, en particular, de la panameña.

“Sería bueno que se dialogara sobre un género que fue explorado por escritores nacionales de renombre, como Guillermo Sánchez Borbón, que con el seudónimo de Tristán Solarte publicó la primera novela negra nacional (El ahogado); esta obra debería adquirir el sitio que se merece. Que deje de ser considerada una forma de literatura menor, un estigma que en muchos países ha desaparecido, pero que en los nuestros todavía persiste, aunque menos que antes. Que sea un referente y motivo de estudio en otros países, tanto por su calidad como por su volumen”.

Concluye con el anhelo de que “en cincuenta años un joven leerá En los umbrales del Hades o Asesinato en Portobelo y vivirá los escenarios que un día imaginé en mi cabeza y al llegar al final, cerrará el libro con una sonrisa en los labios y un brillo en los ojos”.

Lo Nuevo