El Gobierno de Perú moverá todos los días feriados a los viernes para así potenciar el turismo interno y mejorar la productividad, informó el ministro...
- 08/08/2026 00:00
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Salir de casa antes de que amanezca, pasar horas entre el trabajo, la universidad o el tráfico y regresar cuando ya es de noche. Para muchos panameños, esta rutina deja poco espacio para cocinar o planificar las comidas. En su lugar, la comida rápida, los productos ultraprocesados y las bebidas azucaradas se convierten en la opción más fácil.
Esta rutina, cada vez más común entre los panameños, está transformando la forma de alimentarse y dejando consecuencias que hoy ya se reflejan en las cifras.
La Organización Panamericana de la Salud, reveló en una nota publicada en marzo de este año, que el 71.7% de los adultos en Panamá presenta exceso de peso y el 35.3% vive con obesidad, datos que evidencian una realidad: detrás de estos porcentajes hay cambios en el estilo de vida, marcada por jornadas laborales extensas, estudios, múltiples responsabilidades, poco tiempo para preparar alimentos y una creciente dependencia de productos ultraprocesados que, aunque ofrecen practicidad, suelen ser ricos en grasas, sodio y azúcares.
Para Andrea de 29 años, mantener una alimentación equilibrada se volvió cada vez más complicado cuando comenzó a combinar su trabajo con los estudios universitarios. Su día inicia antes de las seis de la mañana y termina cerca de las diez de la noche. “Muchas veces salía de mi casa solo con un café porque no me daba tiempo de desayunar. Al mediodía compraba cualquier comida cerca de la oficina porque era lo más rápido y, cuando llegaba a casa, estaba tan cansada que volvía a pedir comida”, recuerda.
Con el paso de los meses notó que había aumentado de peso y que su energía disminuía. “Subí casi 15 libras en un año. Me sentía cansada todo el tiempo y con problemas digestivos. Pensaba que era consecuencia del estrés, hasta que el médico me explicó que mi alimentación también estaba influyendo.” Aunque ahora intenta preparar algunas comidas durante los fines de semana para consumirlas durante la semana, reconoce que mantener los hábitos saludables en su día a día sigue siendo un desafío.
Y es que, para la licenciada Sofía Plata, nutricionista, las cifras de sobrepeso y obesidad reflejan un cambio profundo en la alimentación de los panameños. “Las cifras muestran una alimentación panameña marcada por el consumo alto de ultraprocesados, azúcares añadidos y bebidas azucaradas, y bajo consumo de frutas, verduras y comida fresca”, explica. A ello se suma el consumo de porciones excesivas, el hábito de comer entre comidas y una actividad física insuficiente para compensar el exceso de calorías ingeridas.
La especialista considera que Panamá atraviesa una transición nutricional similar a la observada en otros países de América Latina. “La dieta tradicional ha sido desplazada por patrones más occidentalizados, algo común en la región latinoamericana”, dice.
Aunque muchas personas atribuyen sus malos hábitos alimenticios a las largas jornadas laborales, el tráfico y las múltiples responsabilidades diarias, Plata sostiene que la realidad es más compleja. “Desde mi experiencia con pacientes, el factor determinante no son tanto las jornadas laborales largas ni el tráfico, sino la pereza o falta de disciplina para sostener hábitos saludables”, afirmó. Explica que muchos de sus pacientes tienen tiempo suficiente para organizar sus comidas, pero simplemente no lo hacen.
“El obstáculo principal no es la falta de tiempo real, sino la falta de motivación o planificación para priorizar la alimentación saludable sobre la opción más fácil del momento. Esto sugiere que las intervenciones deberían enfocarse menos en “falta de tiempo” y más en construcción de hábitos y motivación sostenida”, señala.
Durante sus consultas, la nutricionista identifica patrones que se repiten constantemente. El primero es el alto consumo de embutidos y carnes procesadas, alimentos ricos en grasas saturadas y sodio. También observa una alimentación pobre en fibra y proteínas de calidad debido al bajo consumo de vegetales, frutas y legumbres.
Otro aspecto que considera preocupante es el desconocimiento sobre nutrición. “Muchos pacientes no saben identificar qué productos son realmente saludables ni entienden el impacto de los ultraprocesados, lo que dificulta tomar decisiones informadas al comer o comprar”, añade. La consecuencia es una alimentación que genera poca saciedad, favorece el picoteo constante y aumenta el consumo diario de calorías.
Más allá del tiempo, el dinero también aparece como un factor que condiciona las decisiones alimenticias. Ana Rodríguez, de 34 años, consideró que mantener una alimentación saludable representa un esfuerzo económico importante.
“Para mí, comer saludable sí es costoso. Cuando uno busca productos libres de gluten, keto o sin azúcares añadidos, muchas veces el precio triplica el de un producto convencional”, comenta. Desde que cambió su alimentación por problemas digestivos, asegura que el presupuesto destinado a comida aumentó considerablemente.
“Hay semanas en las que simplemente no puedo comprar todo lo que quisiera porque tengo que priorizar otros gastos. A veces termino escogiendo opciones más económicas aunque sé que no son las mejores”, dice.
No obstante, la licenciada Plata aclara que esta situación suele presentarse principalmente en personas que requieren productos especializados por razones médicas, como quienes viven con enfermedad celíaca, alergias alimentarias o determinadas condiciones de salud.
“En la mayoría de los casos, es posible mantener una alimentación equilibrada con un presupuesto limitado. Por ejemplo, comprando vegetales congelados (más económicos y con la misma calidad nutricional que los frescos), 2-3 frutas por semana, 3 buenas fuentes de proteína y 2 fuentes de carbohidrato complejo, el gasto no debería superar los $150 mensuales”, dice.
Para la nutricionista, el verdadero reto está en la planificación. “Comer saludable requiere más organización que dinero”, enfatiza.
Los efectos de estos hábitos alimenticios van mucho más allá del aumento de peso. Plata advierte que mantener una dieta rica en alimentos ultraprocesados incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, hígado graso y problemas articulares.
Estas enfermedades aparecen cada vez en edades más tempranas y afectan la calidad de vida de miles de personas. Pero el impacto también alcanza al sistema de salud. “Esto significa más consultas, hospitalizaciones y tratamientos crónicos, con un gasto público creciente y sostenido en enfermedades que en gran parte son prevenibles”, explicó. El aumento de pacientes con enfermedades crónicas representa además un mayor gasto público en medicamentos, atención especializada y seguimiento médico.
Para la nutricionista, mejorar la alimentación no requiere transformaciones radicales, sino pequeños cambios sostenidos en el tiempo. Preparar el almuerzo desde la noche anterior, planificar un menú semanal, incluir vegetales congelados, consumir proteínas sencillas como huevo, pollo o atún y reducir la compra de embutidos y alimentos ultraprocesados son algunas de las recomendaciones que ofrece a sus pacientes.
También insiste en que cocinar en casa no solo favorece una alimentación más saludable, sino que suele resultar más económico que comprar comida preparada todos los días. “Son ajustes de organización, no de tiempo o dinero disponible”, concluyó.