El gran terremoto de septiembre de 1882: la noche que estremeció a Panamá

La madrugada del 7 de septiembre de 1882, un fuerte terremoto estremeció la ciudad de Panamá y provocó el colapso parcial de edificios emblemáticos, daños en más de 80 viviendas y afectaciones al Ferrocarril de Panamá. El desastre generó alarma colectiva y llevó a las autoridades a ordenar una investigación sobre el fenómeno sísmico

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La madrugada del 7 de septiembre sembró el pánico entre una población poco acostumbrada a los movimientos sísmicos.

Una profunda consternación se apoderó de la ciudad de Panamá durante la madrugada del 7 de septiembre de 1882, cuando, aproximadamente a las 3:20 a. m., un violento temblor de tierra sorprendió a sus habitantes. La población, poco acostumbrada a este tipo de fenómenos naturales, abandonó precipitadamente sus viviendas y corrió hacia las calles y plazas públicas, temerosa de que los edificios se desplomaran. La conmoción fue extraordinaria. En los rostros de los habitantes se reflejaba el temor propio de las grandes catástrofes. El movimiento telúrico duró poco más de treinta segundos, aunque algunos testimonios lo estimaron en cerca de cincuenta, tiempo suficiente para causar severos daños materiales.

Más de 80 viviendas sufrieron afectaciones de consideración. El frente de la Casa Municipal se derrumbó; varios arcos que sostenían la cubierta de la Catedral fueron desplazados; la iglesia de Santa Ana sufrió graves daños en sus muros laterales; parte de la antigua iglesia de San Miguel colapsó y la torre de la iglesia de Malambo también resultó desplomada. Las pérdidas materiales fueron estimadas en más de 200,000 dólares, una cifra considerable para la época. La inesperada tragedia provocó una gran conmoción entre la sociedad panameña. Entre los propietarios cuyas edificaciones sufrieron importantes daños figuraban Manuel J. Hurtado, Antonio Jiménez A., el general Aizpuru, Agustín Clement, La Mata Durán, Teresa Parra y J. Brakemeier, entre otros.

El informe oficial del gobernador

En una carta publicada por el diario Star and Herald el 13 de septiembre de 1882, José María Vives León, gobernador del Distrito Capital, del Departamento y prefecto, informó que a las 3:25 a. m. un fuerte sacudimiento sorprendió a la población, que alarmada buscó refugio en las plazas públicas para escapar de los efectos del inesperado movimiento sísmico. Según el gobernador, el terremoto tuvo una duración aproximada de cincuenta segundos y fue de tal intensidad que ocasionó daños tanto en edificios particulares como en las principales edificaciones públicas. El corredor arqueado de la Casa del Cabildo, recientemente restaurado, se desplomó. La parte superior de la fachada de la Santa Iglesia Catedral quedó destruida en casi la mitad de su extensión. La torre y el cuerpo principal de la iglesia parroquial de Santa Ana presentaban profundas grietas, también la Casa de la Presidencia y el cuartel de El Polvorín, ubicado en las afueras de la ciudad, quedó sin techo. El gobernador describía un ambiente de incertidumbre. La consternación era general y el origen del fenómeno seguía siendo completamente desconocido.

En la ciudad de Colón, el terremoto también se sintió con intensidad hacia las 3:10 a. m., ocasionando daños importantes tanto a la propiedad privada como lesiones entre algunos de sus habitantes, resultando afectado el pedestal de la estatua a Cristóbal Colón. Ante la magnitud del desastre, el Poder Ejecutivo ordenó una investigación para determinar el alcance del fenómeno en todo el departamento, establecer la naturaleza del movimiento —si había sido de oscilación, de trepidación o de ambos tipos—, identificar su dirección y cuantificar los daños ocasionados. Para ello fue designada una comisión científica encargada de esclarecer el origen del terremoto.

El ferrocarril también sufrió severos daños

Las consecuencias del terremoto se extendieron a lo largo de toda la línea del Ferrocarril de Panamá. Los estribos de varios puentes quedaron seriamente comprometidos debido a la separación y fractura de las piedras que los conformaban. El movimiento fue particularmente intenso en Emperador, Gatún, Matachín y en las demás estaciones del ferrocarril. En distintos puntos de la vía férrea los rieles aparecieron doblados. El servicio telegráfico permaneció interrumpido durante las primeras horas del día y solo pudo restablecerse hacia las 4:00 p. m.

Tan pronto fueron evaluados los daños, comenzaron las labores de reparación. El 7 de septiembre ningún tren pudo recorrer la totalidad de la línea ferroviaria. El tren procedente de Panamá debió detenerse antes de llegar al puente de Bailamonos, por lo que los pasajeros y su equipaje fueron trasladados en carros de mano hasta Bohío Soldado, estación situada a unas ocho millas del puente. Desde Colón únicamente era posible avanzar hasta ese punto. Las autoridades estimaban que el servicio ferroviario podría restablecerse completamente para el 11 de septiembre.

Réplicas y fenómenos observados

A las 4:50 a. m. se registró una réplica de menor intensidad, apenas perceptible para la población. Ese amanecer la atmósfera permaneció cubierta de nubes y el horizonte presentó un intenso color rojizo. Hacia las 6:00 a. m. el cielo comenzó a despejarse y sopló una brisa agradable. Los periódicos de la época también consignaron que, durante la madrugada del 6 de septiembre, había sido visible desde Panamá un cometa que recorría el cielo en dirección noroeste-nornoroeste (NNO) hacia sur-sureste (SSE), circunstancia que despertó numerosas especulaciones entre la población. La opinión generalizada era que, de haber durado el terremoto apenas diez segundos más con la misma intensidad, la ciudad de Panamá habría quedado prácticamente destruida.

La inspección de la comisión científica

El 23 de septiembre de 1882, regresó a la ciudad la misión enviada por la Compañía del Canal para estudiar los efectos del terremoto. La comisión exploró la región comprendida entre el embarcadero del río Chagres y Alto Chilibre, considerada la zona donde, según diversos informes, el fenómeno había causado mayores estragos. Sin embargo, las conclusiones de los especialistas fueron mucho más moderadas que los rumores difundidos en los días posteriores al terremoto. Las supuestas fuentes de agua caliente y otras manifestaciones extraordinarias nunca fueron encontradas. En su lugar, únicamente se observaron amplias grietas a lo largo de las márgenes del río Chagres, especialmente en las zonas de terreno escarpado y erosionado por la corriente. Los expertos concluyeron que aquellas grietas respondían al asentamiento natural de los márgenes del río y no constituían evidencia de fenómenos volcánicos o extraordinarios. Asimismo, la comisión estimó que no existían elementos que permitieran afirmar que el terremoto hubiese sido más intenso en las áreas exploradas que en la ciudad de Panamá o a lo largo de la línea del ferrocarril.

Las viviendas rurales del interior del país construidas en madera sufrieron daños relativamente menores. En contraste, las edificaciones de mampostería resultaron gravemente afectadas. Entre ellas destacó la iglesia de Cruces, construida en mampostería y cubierta con un pesado techo de tejas, que quedó completamente destruida. El terremoto también fue percibido en la isla de Taboga, confirmando la amplia extensión geográfica del fenómeno.

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