El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 23/06/2010 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️En días pasados falleció el extraordinario escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998. Se trata de una terrible pérdida universal. Hasta el final de sus días fue un hombre íntegro, digno, que luchó por los derechos de los marginados y por que la justicia llegara finalmente a todos los rincones del planeta.
Dedicamos esta columna a su memoria. Su poderosa prosa, cristalina, de fuerte contenido, estremece, conmueve, sus novelas y ensayos le valieron el máximo galardón de literatura en el mundo. En estos últimos años he tenido la oportunidad de leer varios poemas suyos. En mi opinión el más bello es aquel que se titula ‘Catorce de junio’: Cerremos esta puerta/Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan/Como de sí mismos se desnudarían dioses/Y nosotros los somos aunque humanos./ Es nada lo que nos ha sido dado./No hablemos pues, sólo suspiremos/Porque el tiempo nos mira./ Alguien habrá creado antes de ti el sol,/ Y la luna, y el cometa, el espacio negro,/ Las estrellas infinitas./ Ahora juntos, ¿qué haremos? Sea el mundo/ Como barco en el mar, o pan en la mesa,/ O el rumoroso lecho./ No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere./ Su mirada aguda ya era una pregunta/ A la primera palabra que decimos:/ Todo.
Su última novela Caín plasma una visión pesimista de la humanidad, en la que prevalece una semilla del mal. El espíritu de Caín enfrentó al Dios de Israel, dios sectario, despiadado, sanguinario. Para él sólo cuentan los elegidos. El Yahvé de las escrituras es la bandera de pueblos fanáticos y racistas que se sienten superiores y que cuentan con el beneplácito, la absolución divina para destruir, exterminar, saquear y someter a otros impunemente.
‘La inteligencia más rudimentaria no tendría ninguna dificultad en comprender que estar informado es preferible a desconocer, sobre todo en materias tan delicadas con son estas del bien y del mal, en las que uno se arriesga sin darse cuenta a la condenación eterna en un infierno que entonces todavía estaba por inventar’, escribió el difunto autor del Ensayo sobre la ceguera.
Saramago cuestionó la naturaleza del Dios temible que crea seres para torturarlos y condenarlos, el Yahvé del antiguo Testamento, creado a imagen y semejanza de Israel, porque no es Dios de todos, sino del pueblo elegido.
Es una divinidad que castiga despiadadamente, que condena al que no sigue sus designios. Censura a los que buscan el saber, los expulsa del paraíso. El señor de los ejércitos destruye y asesina pueblos enteros. Niños inocentes pagan las culpas de sus padres. Exige a Abraham matar a su hijo Isaac sólo para complacerle, le pide a un pobre hombre que mate a su propio hijo como prueba de amor y lealtad. Manda la ruina o la enfermedad a quien le falla.
Es rencoroso. Enloquece a las personas y las lleva al límite de sus fuerzas. Estamos gobernados por un Dios tan cruel como Baal, que devoró sus hijos.
‘Puede que mi verdad sea para ti mentira, la duda es el privilegio de quien ha vivido mucho’, reflexiona el novelista portugués. Yahvé representa los valores del pueblo de Israel que aniquila a los palestinos despiadadamente. Dios pacta con el demonio para probar a Lot, reflejo de quienes escribieron el antiguo testamento hecho a imagen y semejanza. Saramago no cree en ese Dios.
Redime a Caín del asesinato de Abel. Señala a Dios como autor intelectual, despreciando el sacrificio que Caín le había ofrecido, castiga al fratricida. Caín confiesa: ‘como no pude matarte a ti, maté a mi hermano’.
Como castigo pondrá una mancha negra en su frente, señal de condenación. ‘La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con Dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él’, sentencia el Nobel luso.
La muerte sorprendió a Saramago cuando preparaba una novela sobre la industria del armamento, titulada La ausencia de las huelgas.
Cerramos con estas líneas: ‘No, no hay muerte,/ También un día cuando mi mano se seque/ En la memoria perdurará/ El sabor de las bocas que ha besado./ Me voy amor, mas dejo aquí la vida’. / La belleza, la fuerza poética de su prosa hacen de su obra un deleite’.