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- 30/08/2025 00:00
Taboga es en el imaginario del panameño el balneario de la ciudad de Panamá. Un poblado pintoresco con un borde playas que han servido como lugar de descanso y retiro de los pobladores de la ciudad. El famoso pintor francés Paul Gauguin, quien llegó a Panamá con la intensión de ‘vivir como un salvaje’, encuentra con decepción que la civilización había alcanzado a la ciudad de Panamá. Es entonces que decide huir a Taboga, isla donde la Compañía del Canal Francés había construido un Sanatorio, y que se decía tenía un clima más benigno y menos húmedo que tierra firme.
Este artículo explora la doble identidad de Taboga: como destino turístico que atrajo a viajeros y empleados del Canal en busca de sol y descanso, y como objeto de deseo estratégico de la potencia que controlaba la Zona del Canal durante buena parte del siglo XX.
Ya desde tiempos franceses, Taboga fue considerada un sitio ideal para el reposo. En 1886, el empresario Jules Charles-Roux describía el sanatorio construido allí por la Compañía del Canal, con 52 habitaciones, dos comedores y salas de billar, como un espacio diseñado para acelerar la recuperación de trabajadores enfermos. Destacaba además que la isla, aunque calurosa, tenía un aire más puro que el de Panamá, lo cual hacía más llevadera la convalecencia.
Con la llegada de los estadounidenses y el inicio de la construcción del Canal, Taboga adquirió un nuevo rol: se convirtió en un lugar de recreo para empleados de la Comisión del Canal. En 1909, The Canal Record informaba sobre cambios en los horarios de transporte hacia la isla, incluyendo trenes y lanchas que conectaban Panamá con Taboga tres veces por semana. Estas conexiones facilitaron que la isla se integrara a la vida cotidiana de los habitantes de la Zona.
La gran transformación llegó en diciembre de 1914, cuando el sanatorio se convirtió oficialmente en hotel. Nació así el Hotel Aspinwall, concebido como centro de vacaciones y ocio. Los reportes de The Canal Record registran que su apertura coincidió con un boom de visitantes, especialmente los fines de semana. Las familias viajaban en lanchas desde Balboa para pasar dos o tres días en la isla, disfrutando de playas limpias, aire fresco y comidas abundantes. Las tarifas, pensadas para atraer tanto a empleados como a visitantes externos, oscilaban entre $2.00 y $3.50 por día, con descuentos por estadías prolongadas o para familias. Los servicios incluían menús elaborados, lavandería con conexión a Ancón y comodidades propias de un centro vacacional moderno.
El esplendor inicial estuvo acompañado de altibajos. En 1916, por ejemplo, el hotel fue cerrado temporalmente debido a pérdidas financieras y a la creciente competencia de otras instalaciones recreativas en Balboa y Ancón.
Pero mientras la isla florecía como destino turístico, también empezaba a ser vista como un enclave estratégico por el gobierno de Estados Unidos. La entrada de ese país en la Primera Guerra Mundial y la necesidad de reforzar la defensa del Canal llevaron a contemplar a Taboga como base militar y sitio de fortificaciones.
La importancia estratégica de Taboga no era un secreto. Desde el siglo XIX, su posición en la Bahía de Panamá, junto a las islas de Perico, Naos, Flamenco y Culebra, la hacía un punto clave para vigilar accesos y proteger la entrada del Canal. En 1917, de hecho, el Hotel Aspinwall fue cerrado temporalmente para servir como campo de concentración de ciudadanos alemanes internados en el istmo, reflejo de la tensión global de la época (The Canal Record, 1917).
Tras la guerra, las intenciones estadounidenses se volvieron más claras. Bajo el argumento de proteger el Canal, solicitaron a Panamá la cesión de grandes extensiones de Taboga —cerca de 469 de sus 571 hectáreas— lo que equivalía prácticamente a desplazar a toda la población local (Jiménez Chamizo, 2007).
El Incidente Pershing: un hito de resistencia
El punto de quiebre llegó en abril de 1920, cuando arribó al istmo el general John J. Pershing, héroe de la Primera Guerra Mundial. Oficialmente su visita era de carácter diplomático y social, pero coincidió con la creciente preocupación por los planes de ceder Taboga a los estadounidenses.
El 2 de mayo de 1920, mientras en el Club Unión se ofrecía un banquete en su honor, miles de panameños salieron a las calles con antorchas en una manifestación sin precedentes. Frente al edificio, el presidente Ernesto Tisdel Lefevre respondió a los gritos de la multitud y proclamó que “el país no cederá ni una pulgada de la isla de Taboga”. La tensión fue tal que la comitiva de Pershing fue apedreada y el general debió retirarse sin participar de la celebración (Jiménez Chamizo, 2007).
El episodio, conocido como el Incidente Pershing, marcó la primera vez que un presidente panameño rechazaba públicamente una exigencia estadounidense. También selló la unión del pueblo en defensa de su territorio: desde Taboga, donde se organizó una Junta de Defensa del Distrito, hasta Colón y Santiago de Veraguas, donde llegaron mensajes de apoyo al gobierno.
Finalmente, en junio de ese mismo año, se firmó un decreto presidencial que limitaba la cesión a apenas 14.95 hectáreas para instalaciones mínimas en el Cerro Vigía. De las casi 470 hectáreas solicitadas, Estados Unidos obtuvo apenas el 3%. Para los panameños, este desenlace fue celebrado como una victoria simbólica frente a la potencia que había dominado la Zona del Canal desde 1903.
La historia de Taboga en el tránsito del siglo XIX al XX permite observar con claridad cómo un mismo espacio puede ser resignificado según las necesidades y tensiones de cada época. Por un lado, los reportes de The Canal Record muestran a la isla como un polo de recreación y descanso: desde los cambios en los itinerarios de transporte en 1909 para facilitar el acceso, hasta el auge del Hotel Aspinwall entre 1914 y 1918, con servicios de lanchas, bailes con orquestas, menús elaborados y tarifas accesibles que incentivaban estancias prolongadas. Estas iniciativas buscaban ofrecer un refugio higiénico y económico para empleados del Canal y sus familias, en contraste con el ambiente urbano de Panamá o la dureza de las obras en la Zona del Canal.
El clímax llegó con el Incidente Pershing de 1920, cuando Estados Unidos reclamó 469 de las 571 hectáreas de la isla, lo que hubiera significado el desplazamiento casi total de sus habitantes. La respuesta fue una movilización popular inédita y la proclamación presidencial de Ernesto T. Lefevre, que limitó la cesión a apenas 14.95 hectáreas para instalaciones menores (Jiménez Chamizo, 2007).
En suma, Taboga encarna la dialéctica entre ocio y soberanía. Fue, simultáneamente, un laboratorio del turismo moderno en Panamá —con servicios de transporte integrado, promociones tarifarias y un hotel que funcionaba como centro de entretenimiento— y un escenario de disputa internacional donde se enfrentaron el expansionismo estadounidense y las primeras manifestaciones de nacionalismo panameño.