En medio de la ensenada

Dumas Alberto Myrie Sánchez
Especialidad: Geografía Regional de Panamá. Licenciatura en Geografía e Historia. Maestría en Geografía Regional de Panamá. Docente en el Ministerio de Educacióny en instituciones de educación superior. Artículos de opinión en El Panamá América, La Estrella de Panamá y revista cultural Lotería. Autor de los libros “Memorias de un bardo” y “Escritos de un sobreviviente”.

La noche anuncia el desfilar de sirenas encantadas. Quizás al recordar el atardecer, sobre la ensenada, mi alma sentía el ayer como hoy. Un recordar que detiene el tiempo pensando en el porvenir. Tiempo que agoto absorbido por aventurarme a la tierra de sol y playa. Una tierra que se ilumina como las conchas marinas y que progresa con total vehemencia.

Esa misma ensenada es tierra de vida. Una que recorre mis venas de artista. Quizás, al llegar a un territorio desconocido, siento más cerca a mi ingeniera Lorena. Hoy enfermo estas notas son el fruto de años de observar el mundo multipolar. A pesar de la molestia, deseo hurgar entre lo más profundo del corazón de mi comunidad sanchista, tenacidad. La vida es un libro abierto y el camino a la esperanza solo se llena con un saco vacío. Mucha resiliencia.

El miedo se apodera de mi alma ante las tentaciones, pero la ensenada quiere mostrarme un mundo sin complejos. Descender los territorios cuevas me impulsa heredar a los chameros mis vivencias. Como si los colores que se perfilan en mi mente al ver el mañana descubrieran el sentimiento reprimido del litoral. Hoy la ensenada se vuelve rica en sal con la palabra viva del señor. Una sal viva que brota de hombres y mujeres que piensan de forma critica.

Esta vivencia no fue perfecta. Seguramente, era el designio del creador. Una que intento cumplir la misión de formar. Una vivencia alejada del pan mojado con cebada o de la empanada de carne. O aquella que no se despegó de tentaciones. Con la marchita hoja de coca o la malteada fermentada, aquella etapa marco un antes y después. En aquel sueño, de adolescente, me tentaste con seguir el camino como pastor. Una etapa de discernimiento, en medio del amor por Lorena.

La tierra de Chame, es un paso a la patria grande. Una que bordea el sueño de todo poeta. Entre lágrimas, por el dolor, siento la brisa de verano. Es la brisa, sobre la piel tersa de la educación de adultos, la que despierta la vocación asignada. Hoy la misión esta casi terminada. Solo espero paz en Nuevo Arraiján.

Esta brisa quiere ver, en la ensenada, caminar hijos no con pies descalzos. Con la arena de fondo, espero perderme en el océano. A aquella tierra de contrastes dedico coplas con esmero. Un esfuerzo que espera sentir la tranquilidad de la abuela. Así mismo la bendición de algo pasajero en materia de salud.

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