La paternidad resilente: El vínculo inquebrantable de un padre y su hijo

  • 21/06/2026 00:00
La historia de un padre panameño muestra una paternidad marcada por la resiliencia, el acompañamiento emocional y un vínculo que se fortalece en medio de la adversidad.

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Cada junio, el Día del Padre llega envuelto en celebraciones, desayunos familiares, mensajes en redes sociales y gestos para celebrar la figura paterna. Pero detrás de la celebración también existen realidades más complejas: padres que crían solos por circunstancias inesperadas y familias que se reconstruyen desde la pérdida.

En Panamá, como en muchos otros lugares, el Día del Padre también es una jornada para mirar lo que no siempre se ve: la paternidad que se ejerce sin manual, sin relevo, y muchas veces sin tiempo para el duelo propio. Es allí donde historias como la de Rodny Batista cobran un sentido distinto. No solo hablan de un padre, sino de un proceso de transformación silenciosa donde el amor se convierte en el único sostén posible.

La vida de Rodny cambió de forma abrupta el 5 de octubre de 2021. Su hijo, también llamado Rodny, tenía apenas seis años cuando un accidente de tránsito en la autopista Arraiján–La Chorrera cobró la vida de su madre y transformó para siempre la dinámica de su familia. Desde entonces, la crianza quedó completamente en sus manos.

Pero si bien la logística del día a día ya implicaba un reto (alimentación, escuela, rutinas, disciplina) lo más difícil no era lo visible, sino lo emocional: acompañar el dolor de un niño que aún no entendía del todo la ausencia de su madre.

En Panamá, un 38% de los hogares solo cuenta con uno de los dos padres, según las cifras más recientes del censo poblacional publicadas en 2024. Historias como la de Rodny parten de una realidad que un porcentaje de familias panameñas experimentan.

“Lidiar con su dolor fue lo más difícil”, recuerda. Y en esa frase se condensa una realidad que pocas veces se dice en voz alta: el dolor de un hijo, cuando es propio, se multiplica. “El dolor de un hijo uno lo siente el doble, como papá”, afirma.

Durante los primeros meses, Rodny entendió que no podía sostener todo solo. Fue entonces cuando buscó apoyo psicológico, no solo para su hijo, sino también para él. Lo que inició como una ayuda para explicar la pérdida terminó convirtiéndose en un proceso compartido de reconstrucción emocional. “Era una terapia mixta, porque al final también era para mí (...) la ayuda psicológica tuvo mucho que ver, sobre todo para aligerarme un poco las cargas”, explica.

Con el tiempo, la rutina volvió a tomar forma, pero la relación entre ambos ya no era la misma. Se había transformado. Rodny habla de su hijo con una mezcla de orgullo y asombro. No solo lo ve crecer, lo observa convertirse en alguien que empieza a comprender el mundo desde una madurez inesperada para su edad. “Lo que más me llena es verlo a él desarrollar su vida dentro de lo que acabo es normalidad y sobre todo con momentos felices” dice.

Para la psicóloga Leidy Martínez, estas realidades también reflejan una transformación en la forma de entender la paternidad. “Estamos viendo una transición hacia una paternidad más consciente y emocionalmente disponible, donde el valor del padre no se mide únicamente por lo que provee, sino también por la calidad del vínculo que construye con sus hijos”, señala.

Martínez explica que pedir ayuda en estos procesos no es una señal de debilidad. “La presencia emocional del padre tiene una influencia significativa en el desarrollo neuropsicológico y socioemocional de los hijos. Más allá de la convivencia física, lo que realmente genera impacto es la calidad del vínculo, la disponibilidad afectiva y la capacidad de responder a las necesidades emocionales del niño”, afirma.

Uno de los momentos que más lo marcó ocurrió en un supermercado. Su hijo sostuvo una conversación en inglés con una persona nativa sin dificultad. Para cualquier padre podría ser una escena cotidiana, pero para él fue un recordatorio del camino recorrido. “Eso fue un orgullo enorme para mí”, dice. “Me adelantó el regalo del día del padre ya con verlo así fluidamente hablando, teniendo sueños, teniendo metas. Ha sido un proceso de aprendizaje para mí. Obviamente soy otro desde ese momento hacia acá. Y ha sido un proceso en que los dos hemos aprendido juntos a conocernos más, y en el caso mío autoconocerme más” señala.

Para la especialista, experiencias como esta forman parte de un proceso mucho más profundo. “Cuando un niño cuenta con figuras adultas emocionalmente disponibles, desarrolla una mayor sensación de seguridad, lo que facilita una exploración más saludable de su entorno y relaciones”, explica.

Pero la historia no se detiene ahí. La paternidad también lo enfrentó a otra enseñanza más profunda: la vulnerabilidad. Durante mucho tiempo, la idea de ser padre estuvo ligada a la imagen del hombre fuerte, invulnerable, que no se quiebra.

Sin embargo, la vida lo llevó a desmontar ese molde. Cuando falleció el hombre que lo había criado, Rodny volvió a atravesar un duelo, esta vez con su hijo ya más consciente de lo que significaba la pérdida. Fue entonces cuando ocurrió algo que aún recuerda con emoción.

Al verlo quebrarse, su hijo le dijo: “Tranquilo papá, ya hemos superado esto una vez y lo vamos a superar otra vez nuevamente juntos”. En esa frase, Rodny reconoció no solo consuelo, sino aprendizaje. Su hijo había entendido que el dolor no se niega, se atraviesa acompañado.

Para Martínez, este tipo de respuestas reflejan aprendizajes emocionales que se construyen desde la infancia. “Ver a un padre expresar afecto, reconocer errores, pedir disculpas o hablar de sus emociones también transmite mensajes valiosos sobre empatía, responsabilidad emocional y autenticidad”, sostiene.

La especialista agrega que “la capacidad de un padre para escuchar, validar emociones y mostrarse humano le enseña al niño que las emociones no son una debilidad, sino una parte natural de la experiencia humana ”, y que los niños aprenden tanto de lo que se les dice como de lo que observan en los adultos que los rodean.

Ese momento marcó un antes y un después. Para él, significó la confirmación de que la crianza monoparental no es algo negativo, sino un camino de resilencia, y amor que también echa raíces. Y sobre todo, que la paternidad no es un rol estático, sino una construcción mutua donde el hijo también enseña al padre a ser humano.

Hablar del Día del Padre para su familia es alejarse de los regalos materiales y acercarse a lo esencial. Para él, la fecha no tiene que ver con objetos ni celebraciones ostentosas, sino con presencia.

“Celebrar el Día del Padre para mí es pasarlo con mi familia, con él, estar rodeado de mi familia. Qué gracias a Dios estén saludables, que haya comida, que estemos todos en casa, y que no falte nada. Pero sobre todo, ver a mi hijo crecer, ser feliz, es lo más, es mi regalo de vida”, dice. Su respuesta resume una idea que atraviesa toda su historia.

La psicóloga destaca que, aunque tradicionalmente se pensó que los hijos necesitaban obligatoriamente la presencia simultánea de una madre y un padre para desarrollarse, la evidencia muestra una realidad más compleja. En ese sentido, señala que un padre que asume solo la crianza puede ofrecer un entorno sano y protector.

“Ser un padre presente no significa ser perfecto. Significa estar, acompañar, aprender y crecer junto a los hijos. Permítanse mostrar sus emociones, porque expresar tristeza, alegría, miedo o amor no invalida su masculinidad ni su rol como padres. Al contrario, les enseña a sus hijos que ser fuerte también implica ser humano”, afirma.

Al final, Rodny deja un mensaje que trasciende su propia historia y se convierte en una reflexión colectiva para este Día del Padre. Un mensaje que no habla solo a su hijo, sino a todos los padres que intentan entender su lugar en medio de la incertidumbre de la vida.

“Sea como sea con las cosas de la vida, hay que ser felices con lo mucho y lo poco, hay diferentes cambios en la vida, hay momentos de emociones, de tristezas, momentos de felicidad, momentos de responsabilidad, pero lo más importante en la vida es permanecer juntos” concluye.

RODNY BATISTA
PADRE Y CUIDADOR PRINCIPAL
Ver a mi hijo crecer, ser feliz, es mi regalo de vida
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