La teoría del loco

La figura de Donald Trump es analizada desde la conducta humana y la teoría del “madman”, una estrategia basada en la impredecibilidad. Expertos advierten que este enfoque puede generar más riesgos que beneficios en la política internacional

Como analista conductual es interesante estudiar a ciertas personalidades para mantener las habilidades en perfecta calibración y, Donald Trump, sin duda alguna, ofrece material de sobra para ejercitar la observación y escucha activa.

¿Por qué Trump es tan atractivo para algunos seguidores? Probablemente porque da respuestas contundentes a problemas complejos; pensadas, impulsivas, verdad o no, eso es otra cosa, lo que sí es claro es que, los líderes, son el reflejo de su pueblo y viceversa, por eso son electos. Esta teoría está bien sustentada por la especialista de la conducta humana Teresa Baró.

Más de 30 expertos a nivel mundial, en especial de Estados Unidos, han concluido que, por su forma de actuar Trump tiene fuertes rasgos psicopáticos, es un claro narcisista, mitómano y megalómano. Una combinación realmente letal ya que él posee dos de las cuatro personalidades más peligrosas dentro de la conducta humana.

Este personaje se deja llevar por sus emociones (con las cuales no conecta), sin tener reparo alguno en pregonar ante todo el mundo, literalmente, que él hace lo que le da la gana, aunque le suponga una acusación penal en toda regla o, genere problemas diplomáticos con otros países o viole su propia constitución.

Pero, ¿esto es una táctica planificada o es el comportamiento de un psicópata integrado como muchos expertos lo han perfilado?, Pues, existe una teoría paralela que, no solo no reemplaza su condición mental, sino que es un patrón consecuente a ella. ¿Ha escuchado amigo lector de la teoría del loco?

Hay un patrón claro: lo más predecible de Trump es su impredecibilidad. Cambia de opinión. Se contradice. Es inconsistente; ello hace que las decisiones sobre políticas sean más dependientes de su personalidad, de sus preferencias y temperamento. Ha convertido su propia impredecibilidad en una estrategia clave y un valor político. Ha elevado la impredecibilidad al estatus de doctrina. Y, ahora, esa característica de su personalidad tan letal, la mantiene en la Casa Blanca y el mundo.

La “Teoría del loco”, se presenta cuando, un líder mundial, busca convencer a su adversario de que es temperamentalmente capaz de cualquier cosa para lograr concesiones. Utilizada de manera eficaz, puede ser una forma de extorsión y Trump cree que le está dando dividendos, posicionando a los aliados de EE.UU. donde los quiere.

La teoría del “madman o del loco” implica negociaciones coercitivas, es decir, basadas en el uso de la fuerza y poder. En general, para que estas funcionen, deben darse dos compromisos: primero, que la amenaza sea creíble, ya sea porque se tienen los medios para llevarla a cabo o, porque ya se ha realizado un ataque similar. Segundo, que el actor objetivo crea que la amenaza cesará si cumple con lo acordado. Esto genera un dilema, pues es difícil fiarse de una persona impredecible.

Por ello, la utilidad de la teoría del loco es limitada. Un estudio reciente afirma que es útil sólo para los líderes con preferencias extremistas cuya locura se limita a una situación concreta. Por el contrario, quienes la tienen como una parte sustancial y constante de su carácter sacan poco beneficio de esta estrategia. De hecho, la teoría del loco conlleva consecuencias negativas.

Si un líder es percibido en el exterior como un actor con poder y locura, nadie va a querer aumentar su poder. Otra es que genera pocos aliados, pues nadie querrá vincularse a un actor inestable para negociar. Además, los líderes que usan esta estrategia no suelen diseñar y gestionar otros modelos de negociación que sí son efectivas a largo plazo.

De hecho, es un arma de doble filo, usada ampliamente en el mundo de las finanzas, no en vano, en este rubro existe un altísimo porcentaje de psicópatas integrados, que hacen lo que sea necesario para ganar sin importar a qué costo suceda.

¿Esto es nuevo? Pues no, las bases de la “teoría del madman” o “la teoría del loco” se remonta por lo menos al discurso sobre la primera década de Tito Livio, de Nicolás Maquiavelo. En esta obra del siglo XVI, el filósofo político italiano escribió que en ocasiones y cito “es muy sabio simular locura”.

Y existe en la historia de los Estados Unidos otro personaje, también acusado de delitos graves, que aplicó la doctrina de la impredecibilidad. En 1968, cuando el entonces mandatario Richard Nixon y sus líos con Vietnam entró en escena. En un momento dado, Nixon indicó a su asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, “deberías decirles a los negociadores norvietnamitas que soy un loco y que no sabes qué haré, de manera que sería mejor llegar a un acuerdo antes de que las cosas realmente se enloquezcan”.

¿Loco o genio? Primero hay que dejar claro algo: 1) la psicopatía no es un estado de locura, la persona está plenamente consciente de sus actos y, las consecuencias le importan nada ¿por qué menciono esto? porque esta forma de actuar tan errática, es una de las características más comunes de un psicópata, 2) cualquier acto de un líder que lesione los interesas de su propio pueblo o, el bienestar de sus aliados, está lejos de ser un genio. Veamos el caso de lo que está sucediendo con la libertad de expresión tan vanagloriada dentro del mismos Estados Unidos y el cómo Trump no duda en atacar a periodistas y todo aquél que le lleve la contraria.

Trump tiene menos posibilidades de triunfar con la teoría del madman en su segundo mandato, principalmente porque la comunidad internacional ya conoce sus estrategias.

Como narcisista, Trump anhela adulación y ello, le produce una ceguera por inatención a otros temas claves pues se le opaca la mente con tanto brillo; ello puede resultar en una grandísima debilidad dentro del corazón de su doctrina tan impredecible.

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