La 39 Reunión de Gobernadores del Istmo Centroamericano, Panamá y la República Dominicana del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (Grupo BID) arrancó...
- 14/09/2014 02:00
Recuerdo que estaba lloviendo muy fuerte, eran como las 11 de la mañana y hacía mucho frío. Nos sentamos mi hermana y yo en un café muy tradicional cerca al Parque urbano el Virrey por donde pasa la ciclovía, en Bogotá, Colombia.
En ese lugar el café que más me gusta es el mocaccino, mezcla de café y chocolate con leche espumada. Pedimos dos que nos cayeron de perlas como antídoto para la baja temperatura.
El día anterior, por la noche, habíamos asistido a un coctel de lanzamiento de una marca internacional de ropa, que abría una nueva ‘boutique’ en la ciudad. Todo estuvo muy bien montado, muy bien organizado.
En el evento, nos encontramos a un par de amigos que trabajaban en el mundo de la moda, pero desde otro ángulo. Ellos hacen parte del movimiento de ‘comercio justo’ y promueven el pago equitativo por el trabajo de las comunidades donde normalmente se fabrican las cosas (áreas de campesinos, indigenas, o países en vías de desarrollo).
No existen las casualidades. Mi hermana y yo habíamos estado trabajando en un concepto para apoyar marcas que tengan como preocupación el pago justo a su mano de obra, el bajo impacto ambiental y el lograr desarrollo no solo para su marca sino también para sus proveedores.
Todos hemos escuchado noticias sobre fábricas de zapatos deportivos —o de ropas lujosas o de artículos exclusivos— que tienen sus máquinas en países donde quienes los fabrican trabajan en condiciones infrahumanas, o son niños o incluso las dos cosas.
Uno escucha gente indignada ante las noticias. La misma gente que normalmente olvida que toda esta cadena que causa este tipo de cosas empieza con ellos.
¿Sabe usted cuáles son las prácticas empresariales de las marcas que usted usa? Cuando uno compra un producto, está emitiendo un voto, y uno debe ser muy cuidadoso por quién vota.
Un consumo responsable es una gran herramienta. Si uno no desea que acaben con la vida marina, premie con su ‘voto-compra’ a empresas que la protejan, y así tal cual se puede aplicar a cada ámbito empresarial.
No parece muy difícil y quienes me dicen que la idea es tener la mayor cantidad de productos a los precios más baratos posibles, yo les respondo que por el precio de una camiseta no estoy dispuesto a maltratar a trabajadores de algún país o a contaminar el ambiente o, en general, a generar una cadena de ‘mala onda’.
La ‘mala onda’ es como la oscuridad que nace en cada persona y que, si se suma, genera una noche terrible que oscurece todo lo que toca, como la relación con los demás, los negocios, la capacidad de empatizar con las causas de otras personas. En otras palabras, una ‘noche muy oscura’.
En ese momento hace 525 días, nació un concepto que para mí es la antítesis de esa ‘mala onda’ y que comienza con un lugar donde ‘nace el sol’ o ‘Nabuzimake’, como le dicen los sabios indios Koguis de la sierra nevada de Santa Marta, a su ciudad sagrada y al lugar del corazón donde siempre habita la luz.
Si aplicáramos este concepto diariamente a todas las escalas, podría ayudarnos a ser mejores seres humanos. Ese día, tomando mocaccino en ese parque, nació para mí la ‘Buena Vibra’.