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- 16/06/2024 00:00
“Conversar con el maestro de la pintura panameña, Desiderio Sánchez, es como transportarse y hacer un recorrido por la historia de la República de Panamá”. Así comienza la entrevista al artista plástico expresionista que fue publicada en la sección Ego de La Estrella de Panamá del 9 de febrero del 2009 cuando fue declarado Hijo Meritorio del distrito capital por el Consejo Municipal de Panamá en conmemoración de su sexagésimo aniversario de trayectoria en las artes plásticas.
Seguidamente, en el Palacio Municipal, se inauguró la exposición denominada Compendio, íconos e iconografías, que estaba compuesta entonces por 40 cuadros que, en palabras de Sánchez, eran una “recopilación del desarrollo de sus distintas temáticas sobresalientes”. Posteriormente, esta exposición sería presentada en Connecticut y Rhode Island, en Estados Unidos, y también tenía pensado llevarla por varios lugares del continente europeo.
Sánchez -quien falleció esta semana a los 95 años de edad- tenía a la crítica social como una de sus temáticas más destacadas a la hora de confeccionar una pintura con los distintos estilos que manejó en su trayectoria como el óleo, el crayón o la plumilla, entre otros implementos de trabajo. Para él, cada una de sus obras tenía una historia que contar. “En mis obras se palpa el dolor, la angustia, la frustración y la decepción de un país”, expresaba entonces Sánchez, al tiempo que consideró que Panamá es una nación cuyos habitantes tienen mucha ‘sensibilidad humana’.
Oriundo de Bocas del Toro, nació en esa provincia en el año 1929 siendo el hermano de Rodrigo Yoyi Sánchez, el periodista y escritor Guillermo Sánchez Borbón y la artista Olga Sánchez. Su padre hizo un gran sacrificio para que su hijo Desiderio estudiara medicina en México, pero una vez el joven estudiante pisó suelo azteca se quedó maravillado por el contexto cultural y sociopolítico que atravesaba el país en la década de los años 1960, y que tenía su máxima expresión en el muralismo que se podía ver en distintos puntos de la Ciudad de México.
Esto hizo que Sánchez abandonara la medicina por las artes, una decisión que no fue del agrado de su padre al enterarse de ese dramático giro de timón profesional justo cuando su hijo regresa a Panamá tras quedarse sin dinero para seguir en México, tal como lo recuerda Manuel Jaén, quien funge como gerente de patrimonio cultural del Banco Nacional de Panamá, y que sostuvo varias conversaciones con el artista en las que le brindó anécdotas enigmáticas.
“Su devoción siempre fue ser pintor. Desiderio era alguien que estaba muy convencido de lo que hacía y me contó en una ocasión que él tuvo una galería en las bóvedas de Casco Viejo donde vendía al público allí, donde los turistas compraban sus obras. Allí fue donde se dio a conocer a nivel local”, expresó.
Jaén – que lo recuerda como una persona muy humana en el trato con él - incluso fue a visitarlo a él a su casa y le contó diversas anécdotas sobre aquellas experiencias que forjaron su vida profesional tales como su cercanía con artistas de renombre como Diego Rivera, Frida Kahlo y Rufino Tamayo.
“Recuerdo que esa fiesta a la que asistí en su casa fue un evento muy pintoresco porque asistían poetas y otros artistas además de personajes del ámbito del arte. A él le encantaba conversar sobre el arte y era alguien que compartía con mucha facilidad las experiencias que vivió. Era una persona con sensibilidad, algo que es propio en todos aquellos que se dedican al arte como forma de vida”, recordó.
Ya después de obtener en México la licenciatura en artes en el año 1954 y de completar sus estudios en Costa Rica y Guatemala, el arte le supuso a Sánchez una fuente inagotable de logros y satisfacciones. Entre los reconocimientos más destacados estuvieron la del Primer Premio en la Bienal de Arte de Brasil de 1959 y el amplio reconocimiento que obtuvo su obra en la Bienal Latinoamericana de Arte de 1977.
Con motivo del centenario de la República de Panamá, Sánchez fue invitado especial para hacer una exposición itinerante en varias ciudades de los Estados Unidos, en las que dictó conferencias y charlas en las que disertó sobre su experiencia como artista plástico. Su carrera artística además lo llevó a varias ciudades europeas como París y Londres, que también tuvieron la oportunidad de apreciar sus obras en distintas exhibiciones.
Una de las temáticas desarrolladas en el arte de Desiderio Sánchez era la crítica social. “Él basaba su arte en el realismo social. Cuando uno aprecia la obra de él uno piensa en la crítica social que ejercieron otros artistas de la región a través de sus obras como Rufino Tamayo y Oswaldo Guayasamín, que usan figuraciones relacionadas a la familia o a los niños así como situaciones grotescas que reflejan la inconformidad social. Muchos artistas panameños como él han hecho uso de sus obras para ejercer una crítica social debido a la gran desigualdad social, que es la más alta de la región. Esto no es un tema actual sino que existe desde el principio de la República”, dijo.
Francisco Sousa-Lennox, quien es administrador de la página web Panamá Plástica, expresó que Sánchez fue uno de esos artistas que supo llevar el nombre de su país muy lejos, sobre todo, en una época en la que la divulgación de la información artística y cultural dentro del país era difícil y costosa.
“Él siempre supo manejarse en ámbitos prestigiosos y prueba de ello son sus múltiples exposiciones a nivel nacional e internacional. Una cosa que destaco de él es que no paró de realizar obras de arte hasta que los problemas de salud lo detuvieron. Si uno ve sus obras, uno ve que el sujeto es monumental y grande, y se quiere salir del canvas, como si fuese cuestión de que el canvas se le ha quedado chico. Estos sujetos enormes eran algunas de sus características visuales que no era tan propias de la época en la que empezó a despuntar, lo que hace su historia aún más interesante. Desiderio Sánchez fue uno de los artistas que marcó una gran diferencia. Lastimosamente, nuestra sociedad como tal no valora este tipo de aportes. Algo que podría ser debido a la falta de educación y de políticas públicas en torno a la educación y la comercialización del arte. Sin embargo, él fue una persona que dejó una huella muy marcada en el arte panameño así como en la representación exterior del país”, comentó.
Sousa-Lennox, quien se confiesa admirador de su trabajo, dijo que si bien solo lo conoció una vez hace cinco años, pudo hacerse su opinión de la magnitud de la obra del artista conversando con amigos y estudiantes, con lo que pudo también constatar su impronta profunda en la docencia del arte.
“Todos coincidían en que era una persona con carácter fuerte pero a la vez muy apasionado de lo que hacía y que él enseñaba sin ningún tipo de egoísmos”, dijo.
A su criterio, la crítica social de Sánchez buscaba situar a la pintura como una herramienta de expresión más que una vía para mostrar algo que estéticamente se vea bonito. “Él se centraba mucho en la crítica social de las clases olvidadas y la inequidad. Desiderio no fue la excepción de lo que hacían los demás artistas. Él también utilizó el arte para interpelar y uno de los elementos bajo los cuales podemos interpretarlo de esa forma es el uso de caras elongadas con las que miraban fijamente al espectador para que se sienta cuestionado. Eso hace que te preguntes a ti mismo qué estás pensando”, mencionó.
Por su parte, Nancy Calvo de la Fundación Arte Panamá igualmente coincidió en el poder de exaltar la conciencia social que tenía Sánchez al tiempo que destacó su motivación de poner a la gente común y corriente como protagonistas de sus obras.
“Siempre ponía a personas que estaban realizando alguna acción o están en grupos. A mí me llamaba la atención que él hacía todo en primer plano, que causaba un enfrentamiento con el espectador generando una sensación visual en la que los protagonistas lo miraban a uno fijamente como si hiciera una manifestación de: ¡aquí estoy yo!”, aseguró.
Así mismo, Calvo manifestó que un elemento que pesó mucho en la forma en la que Sánchez lograba reflejar esa denuncia social era el uso de colores pasteles y oscuros que resaltaban su mensaje.
“Él era una persona muy consecuente y tenía una idea de lo que hacía con la que seguía hasta el final”, resaltó.