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17 de Nov de 2019

Ciencia

Científicos panameños plantean potencial farmacológico de los sapos

Expertos publicaron en la revista Journal of Ethnopharmacology el primer artículo que recoge el uso de los componentes químicos del animal

Rana dorada panameña hembra (Atelopus zeteki).

Una vez más, la investigación que se realiza en Panamá le ha hecho un gran aporte a la comunidad científica.

Esta vez fue el turno de investigadores de Indicasat y el Smitshonian (STRI), quienes publicaron el mes pasado en la revista Journal of Ethnopharmacology un artículo pionero sobre el potencial de los componentes químicos de los sapos, titulado ‘Toxinas y compuestos farmacológicamente activos de especies de la familia Bufonidae (Amphibia, Anura)'.

MEDICINA TRADICIONAL

El documento habla de las sustancias químicas que producen algunos sapos y cómo estas podrían convertirse en nuevos productos farmacéuticos.

¿RANA O SAPO?

De acuerdo con el investigador Candelario Rodríguez, la palabra ‘rana' ya está en desuso al momento de clasificar este tipo de anfibios.

La ‘rana dorada', por ejemplo, es un tipo de sapo. Este pertenece a la familia de bufónidos (‘Bufonidae'), de la orden Anura.

Es común decirle rana a los anfibios pequeños de grandes brincos con piel lisa. Mientras que, un sapo, es aquel de piel rugosa, camina y posee mayores dimensiones.

El sapo de caña, por ejemplo —y otros miembros de la familia Bufonidae—, produce compuestos que son bien conocidos en la medicina popular tradicional.

Tal es el caso del uso del ‘sapo' en el interior de Panamá para curar la erisipela, recuerda el investigador de Indicasat Candelario Rodríguez, autor principal de este artículo en el que también participaron Roberto Ibáñez, Armando A. Durant-Archibold y Louise Rollins-Smith, con Marcelino Rodríguez como autor correspondiente.

‘La ciencia ha avanzado mucho en los últimos años, pero es importante tomar en cuenta el uso tradicional de algunos componentes en la medicina', señala Rodríguez, quien posee una licenciatura en química y actualmente es estudiante de doctorado.

De hecho, la tesis doctoral de este joven investigador se enfoca en la búsqueda de productos naturales en las secreciones de especies de ranas y sapos panameños.

En el artículo publicado por la revista Journal of Ethnopharmacology , se detalla que de las 47 especies de anfibios utilizados en la medicina tradicional, 15 pertenecen a la familia ‘Bufonidae'.

‘Las secreciones que salen de la piel y de las glándulas parótidas —ubicadas detrás de los ojos de los sapos— se han usado como remedios para infecciones, trastornos cardíacos y hasta el sida', añade Rodríguez en conversación con La Estrella de Panamá .

Estas sustancias químicas de los sapos se usan incluso contra el cáncer. El Chan Su y Senso son dos remedios anticancerígenos hechos a base de dos especies comunes de sapo: el ‘Bufo gargarizans' y ‘Duttaphrynus melanosticus'.

En Brasil, las vísceras del sapo ‘Rhinella schneideri' se usan en caballos para tratar un parásito (Habronema muscae). En España, el extracto del sapo ‘Bufo bufo' se utiliza para tratar la infección de los cascos de ganado. En China, Corea del Norte y del Sur, los ganaderos utilizan la carne del sapo ‘Bufo gargarizans' para hacerle frente a la peste bovina, dice una nota del STRI sobre el artículo.

LA RANA DORADA: UN SAPO INVALUABLE

‘Sorprendentemente, las toxinas en la piel de una sola rana pueden matar de 130 a mil ratones', continúa Rodríguez, investigador de Indicasat AIP y autor principal de la revisión que fue publicada el pasado 27 de diciembre de 2016.

De acuerdo con el estudiante de doctorado en biotecnología, las ranas logran hacer esto mediante la reducción del ritmo cardíaco de los ratones.

Por eso, los compuestos químicos de estos anfibios son interesantes candidatos para futuros tratamientos terapéuticos.

‘La rana dorada ‘Atelopus zeteki', uno de los símbolos nacionales de Panamá, es la única especie del género Atelopus que secreta zetekitoxinas (capaz de ocasionar lo mencionado anterior mente)', adelanta Rodríguez a este diario.

Sin embargo, esta especie se encuentra amenazada por el hongo quítrido que infecta su piel.

Otras amenazas para esta especie es su colecta para el comercio de mascotas exóticas y la destrucción de su hábitat. ‘Si desaparecieran las ranas doradas, se llevarían con ellas esta sustancia potencialmente valiosa', lamenta el investigador.

Actualmente, el científico del Smithsonian Roberto Ibañez —quien también participó en esta investigación— es director nacional del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (Parc, por sus siglas en inglés).

EL SIGUIENTE PASO

El documento que publicaron los investigadores panameños es un artículo de revisión; es decir, un trabajo que resume toda la información sobre un tema y para el que no es necesario realizar experimentos, según describe a este diario Rodríguez, autor principal del estudio.

Del total de las más de 580 especies de sapo ‘Bufonidae', los científicos de este estudio —que incluye a investigadores de la Universidad de Panamá, la Universidad Vanderbilt, en Tennessee (EE.UU.) y la Universidad Acharya Nagarjuna en Guntur (India)— solo han examinado una pequeña proporción.

Rodríguez menciona que el método para conocer los componentes químicos de la piel de estos anfibios consistía en utilizar nitrógeno líquido para congelar la especie y luego examinarla.

Sin embargo, debido a la bioética que se practica hoy, en Indicasat se vienen desarrollando técnicas de estimulación no invasivas tales tanto mecánicas como eléctricas.

Adicionalmente, se utilizan la espectrometría de masas y la resonancia magnética nuclear para conocer los compuestos de las secreciones de los sapos sin tener que hacerles daño y así poder regresarlos a su hábitat.