24 de Feb de 2020

Cine

La historia de una amistad

La relación entre el aprendiz de médico, Victor Frankenstein e Igor, el maltratado payaso de un circo.

Para lograr su objetivo, sin embargo, esta especie de precuela con guión de Max Landis ( Poder sin límites y Operación Ultra ), se centra en el vínculo entre el científico y su asistente Igor, un personaje que no aparece en el libro original de Shelley pero que en esta versión será la voz narrativa de la historia.

Es durante una visita al circo, al cual Victor llega en busca de partes de cuerpos de animales para sus experimentos, cuando todo comienza. Igor, entonces un payaso jorobado y víctima de constantes maltratos por parte del dueño del circo y de sus compañeros, tiene la oportunidad de demostrar sus conocimientos en anatomía cuando una equilibrista cae malherida.

De esa forma, Victor, por entonces un aprendiz de médico, un estudiante de la Royal College of Medicine que ya había comenzado sus experimentos para crear vida a través de la electricidad, descubre en él a un ayudante promisorio y a un compañero. Y por eso lo ayuda a escapar del circo.

Esta es la historia antes de la historia, antes de lo que se cuenta en el libro de Shelley que todos conocemos. Lo que sigue, entonces, es cómo se crea una amistad a partir de los orígenes de estos dos oscuros personajes interpretados por James McAvoy, el joven Charles Xavier de las últimas X-Men, y Daniel Radcliffe, el ex Harry Potter.

Lo racional y lo divino

La película se moverá de manera dicotómica en forma constante: del amor al odio, de la luz a la oscuridad, del éxito al fracaso, de la teoría a la práctica, de la locura a la cordura, de la vida a la muerte. Pero la dicotomía principal será la que contrapone lo racional y lo divino, y en la que Victor tendrá un rival encarnado en el Inspector Turpin (Andrew Scott).

La creación del monstruo y la experimentación con la vida y la muerte, en ese sentido, significan en esta película no tanto situaciones terroríficas como la posibilidad de desafiar a Dios, de rebelarse contra el destino divino, siempre a favor del progreso. No es un dato menor que la historia se desarrolla durante la revolución industrial victoriana.

Las ideas de Turpin y Victor se contraponen desde el comienzo: el primero es un hombre de fe y el segundo uno de ciencia. Aunque en el fondo tendrán más parecidos de los que aparentan, ya que su obsesión tiene el objetivo común de reencontrarse con un ser querido muerto. A uno lo guía la religión y la fe en la vida después de la muerte, y al otro la ciencia y la posibilidad de devolver a los cuerpos la vida perdida.

En ese sentido, ninguno representa la maldad en forma demasiado clara. Ese lugar le corresponde al personaje de Finnegan (Freddie Fox), un estudiante de medicina adinerado para el cual cualquier medio, sin importar cuán oscuro y terrible sea, es válido para lograr su objetivo de adueñarse de la invención de Frankestein.