Temas Especiales

30 de Oct de 2020

Cuentos y poesía

Como una bala disparada a los ojos

Como una bala disparada a los ojos
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Manuel Orestes Nieto
Primera parte del poema incluido en el libro
«Este oscuro lado del planeta (1998)»

Yo acudí al mitin
y aquella noche
se convirtió en un pandemonio.

Desde hacía días
ya uno podía oler en el aire
que algo iba a suceder.

La ciudad de entonces era muy pequeña.
Todos nos conocíamos.
Todos sabíamos de todos.
Desde el presidente para abajo.

Por eso, el problema que se creó
con los alquileres irritó demasiado a la gente.

Por varios días nos reuníamos
y marchábamos alrededor del parque.

Nos iban a desalojar,
a destruir nuestras casas,
a hacer añicos en nuestra pobreza.
Por eso yo también iba,
porque tenía que defender mi techo.

No eran nuestras casas,
casi todos vivíamos alquilados.
Todos lo conocíamos también a usted.
A usted, toda una autoridad respetada
y vea, pues, no sé cómo pudo volverseen un instante en lo que se volvió.
Desde aquí usted me vio.
Me vio porque yo vi que me miraba. Me clavó los ojos a mí,
no a una turba.

Y entonces vi la bala venir.
La bala de su revólver.

Vi su mano,
cuando su dedo apretó el gatillo,
el fogonazo
y la bala.

Por muy rápido que pueda ser ese instante,
se vuelve lento, muy lento.

La bala llegó y me mató en el acto.
Fue aquí, en esta diagonal,
entre el parque y la cantina «Metropole».

Su vida y mi vida se desgraciaron en esta esquina.

Usted no pagó nada,
pero ahora que lo cuento,
a usted le toca ser el asesino
y a mí, el ejecutado a sangre fría.

Un fotograma que quedó para siempre,
¿no cree?

Por años y años, quien me ha matado es usted.

25 de octubre de 1925.
El expediente se cerró y a usted no le pasó nada.

Un crimen público
que después terminó en una madeja de papeles
como si hubiese sido una maraña tumultuaria.

1.
«Metropole»
2.

¿Sabían que cuando una bala viene hacia uno
lo que se oye es un zumbido
y se ve como de un color azul?

No se puede reaccionar.
Sientes sólo un golpecito,
como un empujón, indoloro.

Y por ese agujero
es que entra como una sabandija la muerte
y se expande en el cuerpo.

La bala se empoza en la sangre
y ese pedazo de metal caliente
es como un tizón que va languideciendo allí incrustado.

La bala me derribó
y debo admitir que casi no tuve conciencia,
entre el griterío,
de que se trataba de mí.

Pensé correr pero me vine abajo,
caí en el pavimento
y entonces supe que ya no me iba a levantar.

Hace ya tanto tiempo que dejé de odiar.
He podido envejecer mi muerte
porque me despojé del resentimiento.

La historia se encarga de todo lo demás.
Uno como que se lava y la vida sigue.

Allí en Santa Ana
no debí morir en manos de usted
y, mire qué paradoja,
unidos en esta tragedia para siempre.

Un mitin que provocó la intervención norteamericana.

Una sola chispa hizo reventar un fuego
que a todos nos abochornó.

Quizás usted engañó a su conciencia.
Mintió, siguió vivo,
pero cuando andaba por allí,
siempre alguien le recordaba:
“Él fue el que mató a Mirones”.

Y yo veía el balazo
entrándole por el cerebro
y alojándose en usted.

En verdad,
no sé a quién mató usted aquel día.
Si a usted mismo o a mí.
O si al dispararme, disparó una muerte para los dos.
Desde aquí puedo ver el mar.
Me gustaba tanto ver anochecer desde aquí.

Que cosa más triste para usted:
el resto de su vida inundado por el mar púrpura
de mi sangre coagulada.

Esa costra de sangre que no dejó de volver
en forma de pesadilla,
como una bala disparada hacia los ojos.

Como la bala asesina matando al asesino.

Manuel Orestes Nieto
Poeta

Nació en Panamá, en 1951. Licenciado en Filosofía e Historia
por la Universidad Santa María la Antigua. Diplomático,
director editorial de Udelas.

Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de poesía
en cinco ocasiones: 1972, 1983, 1996, 2002 y 2012.

Premio Casa de las Américas 1975 de poesía por el libro
Dar la cara. Premio Extraordinario de Literatura Pedro Correa (2000),
a la excelencia literaria por el conjunto de su obra publicada.

Ostenta la Medalla Gabriela Mistral. En 2010 recibe el Premio
Honorífico José Lezama Lima en poesía, de Casa de las Américas,
por su obra reunida de 40 años de sostenida
creación poética: El cristal entre la luz .

Este año fue nombrado académico de la Academia Panameña de la Lengua.