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17 de Jan de 2021

Cultura

El curioso caso de David Fincher

A mediados de los noventa el cine presenciaba una de las propuestas fílmicas más impactantes de aquel entonces, con una atmósfera visual...

A mediados de los noventa el cine presenciaba una de las propuestas fílmicas más impactantes de aquel entonces, con una atmósfera visual tan oscura, aguda y penetrante que hizo santiguar hasta al menos creyente. Los créditos con imágenes despiadadas del llamado neo-noir y acompañados por un remix de Nine Inch Nails revelan el nombre de David Fincher y su película Se7en (en escritura alfanumérica o “leet speak”), considerada actualmente como un filme de culto y que contribuyó a reverdecer el subgénero de los asesinos en serie, catapultando al incipiente cineasta con importante notoriedad, y convirtiéndolo en un autor cuyos trabajos han sido desde entonces admirados y odiados por partes iguales, sin que el público y la crítica se pongan de acuerdo.

Iniciado desde muy joven como animador en la empresa Industrial Light and Magic (ILM) de George Lucas, David Fincher comenzó su carrera como cineasta realizando numerosos videoclips de artistas como Madonna, Paula Abdul y Aerosmith, para lograr su debut en la dirección en 1992 con Alien 3, una ópera prima muy poco placentera para Fincher ya que tuvo muchas dificultades con los responsables de la 20th Century Fox que lo apremiaban con los tiempos de rodaje. El resultado fue una película con muy malas críticas y que tampoco contó con muchos defensores entre el público que acudió a las salas.

Su filmografía ha recogido títulos memorables desde el mismo Se7en (1995), hasta The Game (1997), Fight Club (1999), Panic Room (2002) y Zodiac (2007), y sin embargo pese a su talento, a Fincher se le ha escapado continuamente el reconocimiento que sin duda merece, sólo hasta este año, en el que fue nominado para los pasado Golden Globe por su última película The Curious Case of Benjamin Button, en la que se reúne nuevamente con su actor de cabecera Brad Pitt, y que cuenta con todo para entusiasmar a La Academia en los próximos premios Oscar. Con un magnífico montaje, esta historia repasa de cierto modo el siglo XX estadounidense, gracias a la narración de un personaje que como él mismo cuenta, nació bajo circunstancias inusuales y tiene que vivir cronológicamente a la inversa, topándose con el conflicto de que la personas que ama van envejeciendo mientras el va rejuveneciendo.

Una fábula existencial sobre el paso del tiempo y sobre todo una reflexión de la vida, basada en una pequeña historia del novelista estadounidense F. Scott Fitzgerald, que mantiene un ritmo narrativo especial debido a su metraje que no es para la paciencia de todo mundo, pero que se enriquece en cada plano y secuencia, gracias a las bien aplicadas técnicas de un realizador como Fincher, con una preciosa fotografía por parte de su siempre colaborador Claudio Miranda y que impresiona por la presentación digitalizada de un Brad Pitt longevo y decadente.

Junto a Pitt comparte escenario la gran actriz y ganadora del Oscar Cate Blanchett, como el eterno amor de Benjamín Button, sin desmeritar tampoco la fina y acertada intervención de la inglesa Tilda Swinton, con un personaje tan perfecto y honesto que influye enormemente en ese viaje que emprende Button, por descubrir su propia existencia y su rol en la vida.

Hasta acá tenemos todos los ingredientes perfectos para admirar una obra bien producida, con el sello característico de un gran realizador como lo es David Fincher que logra con esta película un estado de maduración en su carrera, y por la que posiblemente obtenga algún reconocimiento por parte de la Academia en la próxima edición de los Oscar, pero no como el director del año, asegurada por un vaticinador y ganador del Golden Globe Danny Boyle, pero que si puede llegar a sorprender en las nominaciones técnicas por un claro y sorprendente trabajo de maquillaje, montaje y cinematografía.