Temas Especiales

05 de Aug de 2020

Cultura

Un Rey con los bolsillos rotos

Michael Jackson nació para ser diferente. Y fue esa diferencia la que marcó la llegada y la pérdida de su fortuna, la más grande generad...

Michael Jackson nació para ser diferente. Y fue esa diferencia la que marcó la llegada y la pérdida de su fortuna, la más grande generada por artista alguno en toda la historia.

Desde los cuatro años, mientras otros chicos de su edad se distraían en las zonas de recreo cercanas al lago Michigan, en Indiana, para Michael su principal distracción era cantar en público. Lo hizo por primera vez interpretando "Climb every mountain" del musical "Sonrisas y Lágrimas", en la fiesta de fin de curso de su colegio de primaria.

En esa ocasión sólo ganó aplausos. Pero sería la única vez. A los cinco años, durante una presentación en un bar de su localidad, puso de pie a los espectadores que llenaron el escenarios de monedas y caramelos, fascinados por su voz, su energía, su rostro sonriente y su mirada vivaz.

El niño genio

A los nueve años, su primer "single", "I want you back", vendió en pocas semanas dos millones de copias. Poco tiempo después, con sus hermanos y de la mano de la ex Supreme, Diana Ross -quien sería para Michael su inspiración, tutora y amiga- lanzó su primer L.P., “Diana Ross presents the Jackson 5”, que alcanzó el medio millón de ejemplares en pocas semanas, compitiendo con "Let it be", de The Beatles. Ese sería sólo el comienzo. Los Jackson 5 pronto se convertiría -con más de cien millones de discos- en el conjunto que más ha vendido en la historia de la disquera Motown, superando ampliamente a otros grupos afroamericanos tan populares como The Supremes o Temptations.

El éxito de Jackson 5 representó el comienzo de su fortuna, cuya fuente principal fue y sería siempre el inconmensurable talento de Jackson y su infinita capacidad para observar a los demás artistas y aprender lo mejor de ellos.

En una entrevista con la Revista Billboard en 1994, Berry Gordy, fundador de Motown Records, recuerda que Michael tenía “un enorme conocimiento de sí mismo y lo que era capaz.Mientras los demás chicos jugaban, él trabajaba en serio. Así fue por mucho tiempo.”

Las utilidades de sus éxitos con los Jackson 5 nunca llegaron a sus manos. Su ambicioso y dictatorial padre, Joe Jackson, y el propio Gordy fueron los tutores de sus ingresos durante los primeros años. El paso de la agrupación a CBS Records, en 1975, representó mejores contratos y más dinero. Recibieron entradas garantizadas de $ 375 mil dólares por disco, independientemente de las millonarias ventas y los ingresos por multitudinarios conciertos. Pero todavía, era dinero que Michael compartía con sus hermanos y su padres, que lo presionaban constantemente para que fuera cada vez más productivo.

La época dorada

La ruptura con sus hermanos marcó el comienzo de su época de oro, como artista y fuente de ingresos. En 1982, su álbum Thriller marcaría para siempre, tanto la historia de la música como la vida de Michael Jackson. Con 51 millones de discos, se convirtió, según los Guiness Records, en el álbum más vendido en la historia. Las ganancias producidas por Thriller, incluyendo el álbum, los sencillos y el popular video, sobrepasaron los $ 125 millones.

Quienes lo conocieron aseguran que era financieramente cuidadoso y astuto a la hora de juzgar los negocios, lo que demostró con la adquisición de los derechos de los catálogos de The Beatles en 1985, por $ 47.5 millones, compra que constituyó la más audaz movida financiera de su vida y su mayor fuente de ingresos, aún en los momentos más difíciles de su carrera.

John Branca, un abogado que participó en la compra, aseguró a The New York Times, en 2006, que entonces Jackson no mostraba ningún síntoma de malos manejos financieros. “Por el contrario, creo que fue brillante en el manejo de su carrera, la mayor parte del tiempo: agudo, involucrado y al tanto de todo. Era un genio del marketing”.

Empieza la debacle

A finales de los 80 salen a la luz los primeros síntomas de sus excentricidades. En 1987 trató, infructuosamente, de comprar los restos de Joseph Merrick, más conocido como “El hombre elefante” por $ 1 millón. En 1988 adquirió el que se convertiría en el castillo de sus fantasías, Neverland, bautizado en honor a Peter Pan -su alter ego, el niño que nunca creció- donde empezó a refugiarse de la realidad hasta el fin de sus días.

El parque, que le costó 17 millones y donde invirtió otros tantos para surtirlo de juegos, un zoológico, amenidades y antigüedades, a pesar de ser su lugar soñado, habría de convertirse en su perdición económica y escenario de escandalosas historias de abuso sexual que tal vez nunca se puedan confirmar, pero que dieron comienzo al final de su carrera, su gloria y su fortuna.

Como agua entre los dedos

En la década de los noventa, así como crecía su fortuna sus gastos se incrementaban a un ritmo que ni siquiera su infinito talento podía sufragar. Sus excesivos egresos y sus excentricidades eran cada vez más notorios. Contrató a Martin Scorsese para dirigir el video de su album Bad, donde invirtió más de $ 1 millón. Empezó a comprar obras de arte de dudoso valor y, sobre todo, se rodeó de asesores que lo llevaron a hacer inversiones de alto riesgo, cuyos frutos nunca vio.

Se calcula que anualmente sus gastos en chárters, compras de antigüedades y obras de arte, sobrepasaban los $ 8 millones anuales. En 1991 tuvo que llegar a un acuerdo por $20 millones para finiquitar una demanda por abuso de menores. Ese juicio habría de cambiar su vida. Del Jackson productivo y atento a sus negocios empezó a quedar poco. Su obsesión por las cirugías plásticas le significó también enormes gastos en servicios médicos y hospitales. En 1999 su presupuesto mensual ascendía a siete millones de dólares en gastos personales y cinco más, para mantener Neverland.

Al ritmo de su transformación física, iba borrando sus rasgos afroamericanos y evaporando sus activos. La mansión de Jackson en California era alquilada por 100 mil dólares mensuales. Donde viajaba lo hacía con una "mini-clínica", mientras se hospedaba en habitaciones de 9 mil dólares por noche, a los que se adicionaban los gastos del séquito que le acompañaba. Sus excesos incluían ideas como filmar un video en Hungría, con soldados de verdad, que costó millones; una cinta de 35 minutos, "Ghosts", que escribió con Stephen King y en la que gastó más de 15 millones de dólares; la contratación por un millón de Marlon Brando, a cambio de que apareciera en video y un evento en el Madison Square Garden; así como 380 mil dólares por un Bentley Arnage y un Lincoln. Y a la madre de sus dos hijos mayores, Debbie Rowe, le pagó 8 millones.

Las deudas agobian

A partir de 2000, sus mayores gastos dejaron de ser las extravagantes compras para convertirse en los pagos de los enormes intereses de sus deudas. El año pasado pagó unos 4 millones y medio de dólares mensuales para financiar su deuda de 270 millones. "Hasta aquí llego (...) Quiero decir que realmente hasta aquí llego. Este es el telón final", expresaba en Londres, en medio de la histeria de sus fans, un Michael ansioso de retornar a los escenarios, en la que sería su última gran gira artística, luego de casi 12 años de retiro. Gira que aportaría los necesario para saldar parte de sus deudas, unos $140 millones de dólares, y la satisfacción de que sus hijos lo vieran sobre esas tablas que forjaron su historia. Con ellos ansiaba compartir ese momento e incluso se comenta que pretendía cantar con el mayor, Prince Michael.

El intérprete más premiado de la historia bajó el telón antes de lo previsto, el 25 de junio pasado, llevándose consigo el secreto de muchas de sus obsesiones y el desencanto de quienes agotaron en las primeras 5 horas de la venta de un concierto que nunca se realizó, 750,000 entradas de entre 82 y 123 dólares. Con su muerte, solo la mitad de los compradores ha pedido el reembolso del pago de sus entradas, que son “de colección”.

El rey del pop ha sido una máquina de hacer dinero, incluso después de muerto. Los cupos sorteados gratis por Internet para ingresar a su funeral en el Staples Center, hogar de Los Ángeles Lakers y de especial recordación porque allí pasó la última noche con vida, pueden producir una millonaria reventa. Los 200 mil asistentes serán los únicos capaces de dar fe de si Jackson fue enterrado en un ataúd bañado en oro, de 25 mil dólares, lujo que sólo podría estar acorde con la fastuosa vida que lo rodeó.

Quiénes y cuánto heredan

A su muerte el patrimonio de Jackson era de unos 1,000 millones de dólares, pero las deudas ascendían a 500 millones. Según las leyes de California, los herederos no son responsables de ellas y se ejecutarán directamente sobre la riqueza del cantante, con lo que el valor de su fortuna se reduce a la mitad. Sin embargo, de venderse Neverland, se sumarían 500 millones más. Los derechos de autor sobre sus obras y el inmenso catálogo musical que adquirió en 1985, cuando compró la empresa ATV Music Publishing, representan unos mil millones adicionales.

Estos 2 mil millones de dólares, según su testamento, corresponderían en un 40% a su madre, Katherine; 40% a sus tres hijos y el 20% restante a instituciones benéficas a favor de los niños. Jackson podría haber seguido su estilo de vida y sus despilfarros si hubiera seguido trabajando, pero lo hacía cada vez menos. Ahora resulta imposible precisar cuánto dinero pasó por sus manos en cuatro décadas de carrera. The Wall Street Journal registra que su muerte revitalizó la industria musical, vendiendo en tan sólo cuatro días, desde la fecha de su deceso, 415 mil álbumes y un millón de descargas digitales en una semana, de las que le corresponden a sus herederos el 25% de los derechos. En el testamento la totalidad de bienes y propiedades del astro pasan a manos del Fideicomiso Familiar Michael Jackson, un fondo fiduciario que asegura a sus hijos un futuro sin sobresaltos, por lo menos desde el punto de vista financiero.