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12 de Aug de 2020

Cultura

La niña que no es

El 4 de julio pasado, los moradores de Santa Fe tenían datos más precisos que los que la procuradora, Ana Matilde Gómez, entregara a los...

El 4 de julio pasado, los moradores de Santa Fe tenían datos más precisos que los que la procuradora, Ana Matilde Gómez, entregara a los medios. Mientras gran parte de los panameños aguardaba que las autoridades comprobaran si la niña aparecida en Ecuador, también de ocho años, era Mónica Serrano, secuestrada en 2003, Santa Fe entero sabía que la angustia de su madre, Mónica García, no terminaba con la comparación de los genes. Pero nadie dijo nada.

A pesar de tener la certeza de que la niña no era Mónica, hasta los familiares de Anángelis en Santa Fe se durmieron con la verdad esa noche. Mientras tanto, en Vista Alegre de Arraiján, el parecido y edad de las niñas le ponía el punto final a la larga búsqueda de la familia Serrano. Pero algo alertó a una de las tías de Anángelis: la velocidad con que se manejaba el caso, que a pocas horas de difundido, tenía dos aviones para el regreso de la niña. “Mama 'tan confundiendo a Ana con Mónica”, gritó una de las tías, Samanta.

Ella fue quien a las diez de la mañana del sábado se atrevió a llamar a la capital, a un canal de televisión, que sin dejarla aclarar, le solicitó la exclusividad a cambio de ayuda para un sobrino de dos años que tiene problemas en un riñón y necesita un trasplante. Ahora reconoce que no le pasó por la mente cruzar la calle y dar aviso en el cuartel. Entretanto, a dos horas de Santa Fe, en Santa Librada, la madre biológica de la niña no sabía lo que estaba ocurriendo.

En Darién hay dos pueblos clave para desandar los ocho años de Anángelis Milagros Mitre Castillo. Uno es Santa Fe, un corregimiento de unos 2 mil residentes, donde la madre adoptiva de la niña -conocida como Margarita y no como María Medina Reyes- llegó hace como diez años para plantar un negocio de comida llamado “El Guayaquil”, que fue complementando con la venta de lotería y sastrería para niños. “Una mujer echá pa' lante”, recuerdan.

El local de la ecuatoriana ya no está. En su lugar hay una construcción de dos plantas, de un asiático que no mastica la historia, pero en los alrededores, los pobladores -durante los primeros días del acontecimiento- se reunían a ver las noticias que mencionaban al pueblo, colmado de periodistas capitalinos que urgidos por encontrar a cualquier familiar de la niña, tropezaban con el rechazo: la familia cumplía el pacto con un canal de televisión de no hablar con otros medios.

Hace ocho años, Carina era una de “las muchachas” de Santa Librada. Las casas en este poblado, según los moradores, son muchas, pero al recorrerlo resultan pocas. Están esparcidas a lo largo de los 13 kilómetros que abarca el pueblo, donde se rinde honor a la Santa cada 21 de julio, con misa, procesión y acordeón.

La abuela de Carina, Margarita de Castillo, la invitó a irse a Santa Fe a cursar primer año, porque en Santa Librada no había donde continuar estudios y ya tenía 14 años. Al practicarle los exámenes de salud requeridos para el ingreso a la escuela, la prueba de embarazo dio positiva. Su padre, Miguel Castillo, la corrió de casa.

Carina se quedó en Santa Fe, ya no para estudiar, sino para ser otra integrante más de la familia de su abuela. Aquí supo sobre Margarita, la ecuatoriana, quien al conocer su estado le ofreció ayuda con los gastos. Los meses abultaban el vientre de Carina, sin que ella se preocupara por su nuevo estado: madre.

La ecuatoriana no era mala gente, según los moradores. Era una persona trabajadora que había recalado a ocho horas de la capital, en un pueblo que se acuesta temprano y cede las calles a una procesión de perros sin dueño. Esta Margarita es consuegra de la abuela de Carina y según la otra tía de Carina, Jackeline, “no le hacía falta meterse en eso, ya tenía dos nietos que cuidar”.

Cuando llegó la hora del parto, Margarita llevó a la nieta al centro de salud y el médico recomendó trasladarla al hospital Santo Tomás. Sufrió preeclampsia, pero la pequeña Anángelis nació saludable.

La versión de que Carina quería echar a la bebé en una letrina es cuestionada por Samanta. “Ella nunca dijo eso. Lo que nosotros notábamos era que iba mucho al baño. Nada más”, asegura. A los dos días de nacida, Anángelis pasó a las manos de Margarita o María Medina Reyes, mientras Carina regresaba a Santa Librada, a seguir su destino.

La madre adoptiva se mudó con Anángelis a Chepo, a donde iban la abuela Margarita y sus hijas a visitar a la niña. La única que no pasaba a echarle un ojo era la madre biológica. Las razones nunca las dijo. Sus tías le pasaban la voz: “Carina, mañana vamos a Chepo. Vamos para que la niña te vaya conociendo y sepa que tu eres su madre”, le decían. La respuesta siempre fue la misma: “No”.

Los años pasaron y cada quien buscó camino. La abuela Margarita estaba pendiente de la nieta en Chepo. Y la madre poco a poco se fue alejando del círculo que la unía con Anángelis. En un año solo fue dos veces a visitarla y escasamente tocó a la niña en el hombro.

La entrega voluntaria de Anángelis, que está en investigación por las autoridades panameñas, nunca fue un problema para las partes de esta historia. Carina la autorizó y también lo hizo el padre de la niña, Jorge Castillo. Lo único que objeta su tía Samanta es la Margarita ecuatoriana, que actualmente está en España, le haya cambiado el nombre a la niña.

Durante estos días, las llamadas han cruzado los continentes. También se ha enturbiado el rumbo de la historia. Hay peleas entre los familiares, oraciones para que la niña regrese a Darién y ruegos para que no lo haga. Sin embargo, si regresa están dispuestos a dejar caer esta muralla de odio que se ha levantado entre ellos, para hacer un frente común por Anángelis.

CARINA SE QUEDÓ SOLA

Carina Castillo tiene hoy 22 años. Vive a un costado de la escuela Santa Librada, detrás de la casa de sus padres, en un rancho con piso de tierra y techo de penca, con Carlos Castro, que paradójicamente da clases en tercer grado, el mismo que cursa Anángelis en Ecuador y en la misma escuela en que estudió Carina, a quien recuerdan como una niña callada.

A los 14 años quedó embarazada de Jorge Mitre, quien no era un estudiante, como se mencionó, sino un hombre de más de 20 años sobre el cual, por miedo a que lo metieran preso, Carina no dijo nada. “Nunca le importó la suerte de la niña, la última vez que lo vimos fue cuando firmó la adopción de Ana. Ella iba a cumplir el primer año”, reclama la tía.

“Si el caso de Carina ocurriese en este momento no tendría problemas para ingresar a la escuela”, dice José Bazán, director del primer ciclo al que aspiraba entrar Carina. En ese entonces, se negaba el ingreso a las embarazadas, ahora se les atiende por módulo.

DE MANO EN MANO

En principio se dijo que la niña Anángelis había salido hacia Ecuador por el aeropuerto de Tocumen. Esta tesis no solamente ponía en duda el control migratorio en la terminal, sino la eficiencia de las autoridades panameñas. En Santa Fe, una de las tías de la menor asegura que María Medina Reyes sacó a la niña por agua hasta Colombia y luego continuó por tierra. Esta tesis era abonada por las investigaciones que adelantaba Ecuador sobre el caso desde principios de año, cuando informaron a Panamá sobre el caso de Anángelis. “La madre adoptiva avisó antes del viaje para que se fueran a despedir de la niña, todas fueron menos la madre biológica”, reconoce la tía de Carina.

“No sabemos por qué le cambió el nombre a Yanelis Mitre Castillo...Ella no se robó a la niña, Carina se la dio voluntariamente. Si se trae a la niña, queremos que se quede con nosotras, no con Carina porque no la quiere”, dice Samanta.

Gran parte de su vida, Anángelis ha vivido con la hermana de su madre adoptiva, Oderai Nieto Reyes, quien creía que le habían regalado la niña en Panamá. Medina Reyes reconoció a las autoridades que investigan el caso que inscribió fraudulentamente a la menor en el Registro Civil, con los nombres de Angelis Paredes Medina.

El trámite lo realizó con abogado, porque al intentar inscribirla ella misma fue estafada por un supuesto empleado que le cobró 150 dólares por el “trabajo”. La menor vivió desde entonces en una casa en el sur de Guayaquil.

El 1 de noviembre de 2008, Anángelis fue entregada por Oderai a Eva Griselda Muñoz Tomalá y, desde entonces, residió en la ciudadela Santa Mónica y luego en la de Guangala, donde fue recuperada por efectivos de la Dinapen-Guayas, el pasado miércoles 1 de julio.

EL DESENLACE

En el Ministerio Público guardan cautela sobre el caso Anángelis. Ni la procuradora general de la nación, Ana Matilde Gómez, ni el fiscal auxiliar Luis Martínez, quien viajó a llevar las muestras de ADN de la madre de Mónica a Ecuador, hablan del caso. La última vez que la procuradora habló fue el sábado 4 en la tarde, para informar que no se trataba de Mónica.

Anángelis -que desconoce su propia historia- permanece bajo custodia de la policía ecuatoriana, alejada de los medios. Según le dijo por teléfono a su madre adoptiva, que continúa en España, quiere estar con ella. Carina ha dicho que quiere re cuperarla, después de ocho años de ignorarla. El desenlace de esta historia, sin embargo depende poco de los implicados. Finalmente serán las autoridades panameñas las que determinen cuál será el nuevo hogar de Anángelis, sin importar sus deseos.