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22 de Oct de 2020

Cultura

Del bombín, el carnaval y el ‘fuas’

Es difícil encontrar un contraste mayor que el que encarna este hombre, sobrio doctor en filología graduado en la Sorbona de París y sim...

Es difícil encontrar un contraste mayor que el que encarna este hombre, sobrio doctor en filología graduado en la Sorbona de París y simultáneamente deslenguado e irreverente cantante, más bien intérprete como aclara él mismo, Pedrito Altamiranda, el panameño del bombín.

Sin pelos en la lengua dice lo que piensa. Sea componiendo e interpretando, o respondiendo a las interrogantes de FACETAS, llama a las cosas por su nombre y usa un fino doble sentido, como el que incorpora en sus temas musicales. Es claro que le gusta hablar. Por algo su forma de interpretación se parece más a una conversación con el público que a la ejecución de una o varias canciones.

Es uno de los artistas que más le ha cantado a la esencia del panameño y precisamente considera “Homenaje a mi pueblo”, compuesta en 1981 como su mejor creación, “es una canción lírica donde le rindo homenaje a toda esa gente que forma el pueblo y que en definitiva somos todos”, explica Altamiranda y agrega que “yo recuerdo a los panameños, he compuesto para los panameños, le he cantado a los panameños (…) he querido hacer una crónica urbana de cómo somos nosotros, con nuestras cualidades y nuestros defectos”.

Este año Pedro Altamiranda cumple 30 años de haber empezado su carrera artística. “Canto porque me pica, tan sencillo como eso” explica y compone porque siente la necesidad de decir cosas y para él la canción es un vehículo. Nunca se ha presentado en el extranjero y los conciertos que ha dado en Panamá los ha organizado su esposa Ary.

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“Ella se echa todo encima, es mérito de ella”, así que lo que produce el concierto le sirve para pagar los gastos y, si sobra, para él.

El autor de “Carnaval en la Central”, “La salsa de Pedro”, “El buhonero”, “El limpiabotas” y otras canciones que le crearon problemas con el sistema político del momento, dice lacónicamente “Soy Pedro Altamiranda, ¿cómo quieres que me defina?”, al pedírsele una definición de sí mismo y continúa “todo el mundo dice 'yo soy una persona honesta, soy serio, bondadoso', puras cualidades, no hay defectos. Así que qué quieres que te diga... Hay cosas buenas y malas”.

Altamiranda es, según sus propias palabras, autor, compositor e intérprete. “Así es como lo definen los franceses: autor es el que hace la letra, compositor la música e intérprete el que la interpreta”, explica. “Aquí se olvida lo que es la interpretación que no necesariamente tiene que ver con la voz, si no más bien con el lenguaje gestual y corporal, y se practica muy poco. Charles Aznavour, Edith Piaff y Gilbert Becaud usan el lenguaje corporal. En América Latina muy pocos como Les Luthiers, Susana Rinaldi, Alberto Cortéz, Nacha Guervara...si a eso le acompaña una buena voz, es el súmmum del artista”, concluye.

Así, en ese estilo conversacional, Pedrito le canta a los panameños. Es el artista que mejor refleja la cultura del Istmo. Es un poeta crítico que a ritmo de salsa, calypso y murgas habla de política, religión, costumbres, acontecimientos, fiestas y también de las partes íntimas del cuerpo. “Tengo una voz de tinaco, una voz 'focop', como decimos en Panamá”, explica riendo. “Pero eso no me interesa, porque me permite llevar al público a una conversación, utilizar onomatopeyas, introducir semifrases o frases enteras en medio de dos versos. Ese es mi estilo”.

Influenciado por el belga Jacques Brel y los franceses Boby La Pointe, Serge Gainbour, Pierre Perret y Georges Brassens, y alimentado por la canción francesa al haber vivido cuatro años en París, utiliza el retruécano, las palabras subidas de tono, los temas considerados tabú y un doble sentido no gratuito y por lo tanto no trivial en su obra. “Es un doble sentido bien jala'o como se dice en panameño”, comenta. “Tengo una trilogía del sexo”, dice muy divertido, “el 'Homenaje al fuas' (trasero), 'La tutú' (la vagina) y otro tema que se llama 'Te tazas'”, finaliza riendo con muchas ganas.

En el mismo tono, se burla y opina en sus canciones de los políticos y de sus hechos. En 1984 “Lecciones” fue censurada porque ya hablaba del fraude electoral de ese año. En “Radio Focop” cuestionaba los vejámenes del régimen militar y los 21 años de dictadura. También compuso una sátira contra Mireya Moscoso titulada “La Doña”. Y tiene un par de canciones dedicadas a Martín Torrijos tituladas “Catín le dijo a Martín” y “Las Garzas Airlines”.

Sobre el Presidente Ricardo Martinelli y el momento político que vive Panamá dice que todavía no amerita hacer una canción. Sin embargo, de Bosco Vallarino sí. “Como 10 canciones, lo que pasa es que no vale la pena perder el tiempo en gente tan insignificante”, dice con una mueca de disgusto. “Ese es otro que debería estar preso, y así lo puedes poner, debería estar bota'o”, concluye.

Pedrito Altamiranda no sabe ni escribir ni leer música, de modo que componer es trabajoso para él. Una vez elegido el tema, trabaja la lírica, sabiendo de antemano qué tipo de melodía requiere, luego la canta y la graba y una vez la tiene memorizada, borra la grabación y se la canta a Tille Balderrama, un personaje importante en su producción. “Tille es mi arreglista, uno de los talentos más grandes que tiene este país. Es la persona tras bastidores que es tan o más importante que el cantante”, dice el artista.

Otro de los distintivos de Pedrito Altamiranda, además de su estilo particular de cantar, sus gesticulaciones, sus muecas y su delgada figura, es el famoso bombín con el que se presenta en sus conciertos. Es, como dice el mismo, su sello personal, lo que se llama en términos publicitarios un “branding”, pues no olvidemos que su ocupación actual es la de publicista.

“A mí no se me había ocurrido”, cuenta. “Y cuando alguien te da una buena idea, especialmente si viene de una persona con criterio muy formado como Juan Carlos Marcos, hay que tomarla rápidamente. Me pareció sensacional”. Empezó a utilizarlo en las portadas de sus discos y hoy en día la gente al ver el bombín sabe de quién se trata. Otra razón para usarlo es que tiene toda una tradición de gente importante que lo ha usado. “Como yo no tengo la categoría de ellos, eso por lo menos me hace sentir que estoy colado en el grupo. Ahí están Chaplin, Sammy Davis Jr., Toulouse Lautrec y Joaquín Sabina”, dice divertido.

Este intérprete de la panameñidad, es un devoto lector. en todos los rincones de su casa tiene libros. Su gusto por la lectura empezó cuando, cursando el primer año de secundaria en el colegio La Salle, el hermano que enseñaba literatura les leía partes escogidas de obras famosas, porque el resto era prohibido. Justamente esa prohibición despertó su interés por leer. Hoy en su casa, en la biblioteca, en los pasillos, en los dormitorios y hasta en los baños, están distribuidos unos 12 mil libros. “En los baños, dice Altamiranda, están los que te sacan de apuros. Una buena antología de poesía francesa contemporánea, 100 cuentos eróticos franceses, el libro de las mil sillas, cosas que te hacen pasar el rato sentado en el trono”, termina en tono jocoso.

Siendo la política una de las fuentes de inspiración para Altamiranda, es inevitable preguntarle sobre cuál ha sido el mejor y el peor presidente que ha tenido Panamá. De los años 50 para acá, dice sin dudar que el mejor ha sido Ernesto de la Guardia, “un hombre honrado que bajó como subió, sin dinero, y que siendo de la alta sociedad panameña fue el único presidente de izquierda que tuvo este país”, apunta. En cuanto al peor, lo piensa y enumera algunos de los presidentes de los últimos años. Dice con los dedos que no se pueden contar, pero al final sentencia: “Yo creo que se dan la mano Martín Torrijos y Mireya Moscoso. Eso es un dame que te doy, máscara contra cabellera. Los dos están muertos de risa y debieran estar en el banquillo de los acusados”.