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29 de Jun de 2022

Cultura

Flores para los muertos

A cuérdome mientras empiezo a teclear esta columna de la frase que tantas veces he escuchado repetir a mi madre, sabia como todas las ma...

A cuérdome mientras empiezo a teclear esta columna de la frase que tantas veces he escuchado repetir a mi madre, sabia como todas las madres: “no quiero flores cuando me muera, si me queréis dar flores, dádmelas ahora mientras las pueda disfrutar”. Cuando era pequeña esa frase me parecía una tontería, pero con los años (y con los hijos) se te va pegando algo de la dicha sabiduría maternal y empiezas a entender el significado de la misma? ¿Y a qué viene todo esto, se estarán preguntando ustedes? Pues viene a que hace unos días murió el presidente Guillermo Endara Galimany. Como sin duda sabrán (porque yo me he encargado de decirlo varias veces en esta columna) yo llegué a este país hace apenas doce años, por lo tanto, no alcancé a vivir bajo su presidencia y no puedo opinar acerca de su desempeño político. Pero a lo largo de esos años he oído hablar del presidente Endara de muchas maneras y a muchos políticos, algunos todavía en funciones, con respeto y sin él. He oído alabanzas, mofas y burlas. He oído y leído opiniones a favor y en contra de su gobierno y de la política que hizo. Me parece bien, cada uno tiene sus opiniones y tiene derecho a exponerlas y a defenderlas. Lo que me está dejando de piedra desde hace unos días es algo que ya he constatado en otras ocasiones: desde que Endara murió se ha convertido en el héroe de los mismos que lo odiaban. Y eso es lo que me tiene pasmada. Figuras públicas que hasta hace unas semanas decían de él verdaderas barbaridades se deshacen en cumplidos hacia la figura y la persona.

Vamos a ver, si usted no estuvo de acuerdo con la política de ese señor cuando estaba vivo, si usted le llevó la contraria, le llamó de todo menos guapo y se burló de él por activo y por pasivo, ¿por qué ahora que está muerto ha pasado a opinar que él era lo máximo? No ha cambiado lo que hizo. Solo ha cambiado su estado vital, estaba vivo y ahora esta muerto.

Y sin referirnos directamente al presidente Endara, sino a cualquiera que muera, en este país no debes hacer nada memorable en tu vida para ser recordado como el mejor de los hombres (hombre como género humano, esto engloba a varones y mujeres). O sea, pudiste ser un grandísimo gilipollas, pero por el simple hecho de morir te transformas en la madre Teresa rediviva. Y que a nadie se le ocurra decir que muriendo no se borran los errores de la vida? ¡Huy! Te acusan de una vez de no tener respeto por los muertos.

Por los muertos se tiene respeto mientras no les profanes la tumba y esparzas sus cenizas en un estercolero, pero el reconocer que los malos no dejan de ser malos aunque estén muertos no es falta de respeto, es sentido común. ¿Atila fue menos brutal porque esté muerto? ¿Hitler hizo cosas buenas para la Humanidad ya que está muerto? Pues eso, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es de él. Si usted opinaba que el ahora muerto fue un desastre o un mal presidente, ¡no empiece a alabarlo ahora que se murió! En muchos casos este entonar de endechas fúnebres no suele ser más que autobombo para aquellos que lo único que quieren es figurar en los medios. No se engañen señores. Se puede lamentar la pérdida de un ser humano, que como todos tenía defectos y virtudes y aún así no ser un cerdo hipócrita lanzando a los cuatro vientos las palabras que contradicen lo que opinaba del difunto hasta hace cuatro días.

Y a propósito de esto, si ustedes opinan que yo merezco algún homenaje, ¡háganmelo antes de que me muera, mientras aún pueda disfrutarlo y compartirlo con ustedes! Las flores y las medallas mientras estamos vivos, como diría mi madre. ¡Ah! Y a los que de verdad voy a ir a molestar por la noche es a los que se atrevan a ir a decir pendejadas de mí en mi funeral. Si cuando estuve viva me pusieron a remojo?¡tiemblen hipócritas!