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01 de Jun de 2020

Cultura

La cocina navideña y sus recuerdos

L os recuerdos de la infancia son difíciles de borrar, y sobre todo en mi caso puesto que cada Navidad que paso en Panamá, mi patria ado...

L os recuerdos de la infancia son difíciles de borrar, y sobre todo en mi caso puesto que cada Navidad que paso en Panamá, mi patria adoptiva, es diferente a todas las que pasé desde que llegué. Frío intenso y calefacción, calor y aire acondicionado; “escudella i carn d´olla” tamales, arroz con guandú y jamón; vino tinto y cava, chicha de saril y seco Herrerano.

Vivo las navidades del contraste, sin comparación posible pero con la misma felicidad que si las estuviera pasando en España. Este año me pillarán en Chiriquí junto a los míos y disfrutando de una deliciosa pierna de cerdo asada al estilo de mis cuñadas, acompañada de unos deliciosos tamales de pollo elaborados artesanalmente, con el maíz de la cosecha del suegro. Adicional a todo esto, no podrá faltar el famoso arroz con guandú y la rosca típica navideña. Dicho esto, se preguntarán qué aportará el chef, bueno yo aportaré unas colas de langostinos al ajo y salsa china, además de unos filetes de salmón al cartucho con finas hierbas y cava.

Pero lo que me hará la Navidad más parecida a las de antaño será la presencia de los turrones españoles de auténtica almendra, con el sabor de siempre. Mi preferido es la variedad llamada de Jijona que es de pura almendra supermolida con miel y azúcar, grasoso y que se deshace en la boca con gran sabor a almendras y miel. Otra variedad es la conocida como Alicante que es blanquita con almendras envueltas en oblea delgada, es crujiente y dulce pero peligroso para la dentadura, puesto que si está duro, rompe dientes. Esta dos son las variedades más reconocidas, pero en mi casa se comía uno que mi madre llamaba cara de espanto, que es el de mazapán con frutas confitadas; si uno lo abre y lo ve entero parece una cara fea, por eso lo de espanto. En casa de mi abuelo había siempre una barra de turrón especial que era para mi abuela, la de crema quemada que este año por fin, también estará en mis postres navideños.

Grato recuerdo tengo, con chistes incluidos, de los polvorones de la Estepa, que no de Rusia, los cuales siempre estuvieron en la bandeja que la abuela ponía en el centro de la mesa con los turrones y los cafés. Recuerdo que al terminar la solemne comida de Navidad la abuela sacaba los digestivos que consistían en toda clase de licores extraños que uno sólo veía una vez al año, y siempre.