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30 de Sep de 2020

Cultura

Amor vs. vejez

I nge es una mujer de unos 65 años, común y corriente, que no espera otra cosa que pasar sus últimos años con Werner, el hombre que ha a...

I nge es una mujer de unos 65 años, común y corriente, que no espera otra cosa que pasar sus últimos años con Werner, el hombre que ha amado y cuidado durante 30 años de matrimonio. Un día de trabajo cualquiera, le encargan llevar unos pantalones a casa de Karl, un cliente de 76 años, pero la visita trasciende: se miran pícaramente y coquetean en la puerta, él la invita a pasar, la excitación hace lo suyo y los dos ancianos terminan haciendo el amor al estilo tórrido e irrefrenable que el estereotipo sólo les atribuye a los jóvenes de 20. Es una relación netamente sexual, en principio, que lleva a la protagonista, quién lo creyera, a dejar a su esposo de décadas por un amante mucho mayor, con todo el dolor, pero convencida de hacer lo correcto ahora que le queda poco tiempo para gozar de los éxtasis del amor como quizás jamás lo había hecho antes. Tal es, a grandes rasgos, el argumento de En el séptimo cielo , cinta del director alemán Andreas Dressen, aplaudida en festivales tan notables como el de Cannes, transgresora por ser quizá la primera en retratar tan descarnadamente el complejo tema del sexo después de los 60 años. Sus escenas fuertes de fornicación, desnudos explícitos y frontales, así como el recorrido palmo a palmo de la piel ajada por los años, pero no muerta para el deseo, conllevan, a la par con el argumento, el mensaje de que nunca se es demasiado viejo para experimentar estas pulsiones. Así los tabúes en boga digan otra cosa.

La película es muy pertinente porque novedosos estudios demuestran que la ficción de Inge y Karl, con su torrente de ardor carnal en la edad otoñal, no estaría nada alejada de la realidad. Tal vez, para estupor de aquellos hijos jóvenes que piensan que padres y abuelos no tienen sexo, está más que demostrado que esta faceta de la vida sigue siendo importante tras cruzar la temida barrera de los 60 años y se prolonga en no poco casos hasta la muerte. Incluso, puede ser mejor que en los tiernos 20. ©PUBLICACIONES SEMANA