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19 de Feb de 2020

Cultura

José Saramago redime a Caín

La reciente novela Caín, de José Saramago, Premio Nobel de literatura 1998, ostenta profundas reflexiones teológicas y filosóficas. El v...

La reciente novela Caín, de José Saramago, Premio Nobel de literatura 1998, ostenta profundas reflexiones teológicas y filosóficas. El vivo espíritu de Caín enfrenta al aterrador Dios de Israel, del Antiguo Testamento, muy distinto al Dios misericordioso del nuevo testamento que es amor y perdón.

Esta obra maestra de la literatura cuestiona la naturaleza de un Dios temible que no es el Dios de todos, sino de un pueblo elegido. Que condena al que no sigue sus designios, como castigó a la mujer de Lot por mirar atrás, censura a los que buscan el saber, los expulsa del paraíso.

El señor de los ejércitos destruye y asesina pueblos enteros. Niños inocentes pagan por las culpas de sus padres, como sucedió en Sodoma. Yahvé exige a Abraham matar a su hijo Isaac para complacerle, para probar a un pobre hombre; le pide que mate a su propio hijo como prueba de amor y lealtad. Manda la ruina o la enfermedad a quien le falla, es rencoroso, enloquece a las personas, los lleva al limite de sus fuerzas, estamos gobernados por un Dios tan cruel como Baal, que devoró sus hijos.

Yahvé representa los valores del pueblo de Israel, que aniquila a los palestinos despiadadamente. Dios pacta con el demonio para probar a Lot, reflejo de quienes escribieron el Antiguo Testamento, hecho a imagen y semejanza de los judíos. Saramago nos enseña un dios sectario, cruel, despiadado, sanguinario, donde solo cuentan los elegidos. El Yahvé de las escrituras es la bandera de pueblos fanáticos y racistas que se sienten superiores, que cuentan con el beneplácito y la absolución divina para destruir, exterminar, saquear y someter a otros impunemente.

Saramago no cree en ese Dios. El autor luso redime a Caín del asesinato de Abel y señala a Dios como el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido. Dios desprecia la ofrenda y castiga al fratricida Caín que confiesa: “como no pude matarte a ti, maté a mi hermano”. Como castigo pondrá una señal, una mancha negra en su frente, señal de condenación. También es una bella historia de amor con escenas de ardor y erotismo entre Caín y la reina Lilith.