Temas Especiales

22 de Oct de 2020

Cultura

Tapas y comida en Sevilla

L as vacaciones continúan y el descanso aumenta a la vez que la barriga sufre de estrés por el exceso de llenura.

L as vacaciones continúan y el descanso aumenta a la vez que la barriga sufre de estrés por el exceso de llenura.

En Sevilla el frió no nos ha permitido nada más que disfrutar de la buena mesa, de modo que el primer día mientras paseabamos por el mercado de Triana escogimos al unísono comer en el bar del mismo, lo cual a la postre fue uno de los grandes aciertos de este viaje.

A la mañana siguiente nos prometieron un arroz de mariscos y por supuesto regresamos, pero antes nos paramos a hacer un vermut en un bar de Triana de los más típicos. Allí pedimos unas carrilleras de cerdo ibérico al vino tinto con unas papas y zanahorias guisadas que se deshacían en la boca y una tapa de queso manchego marinado al aceite de oliva que estaba delicioso. Tras ese tentempié, llegamos al mercado y asaltamos el lugar con unas croquetas de jamón que eran de muerte lenta y que remojamos con un vino blanco joven de la región, el cual estuvo a la altura necesaria para saborearnos nuestras raciones de paella de camarones estilo casero, las cuales olían y sabían extraordinario y que de verdad sorprendían por su cantidad y calidad. Tomamos café y una copa de ron dominicano porque del nuestro brillaba por su ausencia.

Tras tres horas de nadar y “turistear”, después de comprar los típicos polvorones del abuelo en la pastelería Ochoa, de la calle Sierpes y antes de llegar al hotel, nos detuvimos en el Bar tasca los Rodríguez en la calle San Vicente. En este lugar nos tomamos unas cervezas y algo para pinchar. La primera sorpresa fue descubrir que lo que llamamos montaditos en Sevilla es otra cosa que llena más, con más fundamento, es decir, dos pedazos de pan y dentro “pringa”(que no es más que toda la carne que sale de un cocido majada). Estuvo simplemente exquisito y tentador pero como había otro con gambas al “all i oli” nos los comimos también acompañados de dos copas de Ribera del Duero.

Antes de irnos tranquilos al hotel ya nos habíamos hecho fans de Pedro, el camarero que nos atendió, quien cantaba las ordenes de comida de los clientes en gregoriano y con el típico salero sevillano. Cordialmente entablamos con él conversación y nos mostró los artículos que se habían escrito sobre el bar en los diferentes periódicos tanto de Sevilla como del resto del mundo.

Tras dos horas de llamadas y navegar en Internet, nos dirigimos a la puerta de Hércules con disposición de cenar a base de tapas. En el camino dimos con La Tasca de Paco, un lugar de no muy buen aspecto pero aseado y de atención amable y de estilo moderno. Nos sentamos allí y nos dieron a probar un vino de la ribera del Duero a buen precio y de muy buena calidad; pedimos unas tapillas espectaculares tales como un queso camembert al horno acompañado de mermelada de arándanos, un atún a la parrilla sobre una cama de salmorejo y una ensaladilla rusa salmorejo y una ensaladilla rusa impresionantemente buena por la cantidad de atún y buena mayonesa que contenía; lástima que el camarero estuvo un poquito grosero.

Llenos a dormir, faltaba hacer la última parada de la noche para beber el traguito de ron con soda, el cual nos ayudaría a descansar más rápidamente y sobretodo más placenteramente. De modo que nos fuimos a donde los Rodríguez y cuando estábamos a tono de barítono cantando gregoriano nos retiramos para que nos dijeran que la lluvia era culpa nuestra.

Continuará..