19 de Oct de 2021

Cultura

Misericordia cristiana

Hablemos de la caridad bien entendida y de la capacidad del ser humano para hacer daño al otro, daño gratuito, daño para obtener placer....

Hablemos de la caridad bien entendida y de la capacidad del ser humano para hacer daño al otro, daño gratuito, daño para obtener placer. Hablemos de la capacidad del ser humano para proteger a los suyos, para cerrar filas y olvidar que los que sufren también comparten el mismo código de genes que ellos. Hablemos de los nazis, tan queridos por algunos.. Hablemos de la Inquisición, silencio impuesto por decreto, nadie se mueve, aquí es lo que yo digo. Galileo se calla y la Tierra es el centro del universo, (flaco favor le hicieron siglos después pidiéndole disculpas y aceptando la razón de sus predicados). Hablemos de imposturas, mentiras y encubrimientos. Hablemos del perdón sin el resarcimiento del daño.

Son fechas apropiadas, sí señores, son fechas para reflexionar sobre lo que hemos hecho y dejado de hacer, recuerden que el pecado de omisión también es pecado. Son fechas apropiadas para el arrepentimiento, pero el arrepentimiento pasa por la confesión y el propósito de enmienda. Y la enmienda en muchos casos tiene que ver con la confesión pública, con las disculpas a todos los afectados. Con dar la cara, para que te la escupan si es necesario.

El perdón privado, después de haber abusado de cientos de niños, a mí no me sirve de nada y no me parece otra cosa más que un espectáculo bochornoso: “Padre, me arrepiento de haber pecado”, “¿Cuántos fueron esta vez?”, “Solo tres desde la última vez”, “Muy mal hijo, muy mal, tienes que rezar para que Dios te dé fuerzas para dejar de hacer eso. Reza tres padrenuestros y cinco avemarías. Vete y no peques más”. Y los niños, mientras, asustados, llorando en sus camas, con temor de quejarse, de decir nada, de decírselo a nadie. Años y años con ese peso en sus pequeños hombros, con esa pena en sus ojos y con la duda hacia todo y hacia todos.

No, lo siento, perdónenme, pero no me lo creo. Ese perdón a mí no me vale.

Desde luego que sé que en una institución tan grande hay de todo, hay curas buenos y hay perros rabiosos, pero cuando en su rebaño tiene usted un animal enfermo lo señala, lo saca, lo encierra y no permite que nadie se acerque más a él. Lo que no hace un pastor responsable es sacarlo de un rebaño y ponerlo en otro, para que siga inficcionando en otro lugar. En la Iglesia, al igual que en cualquier institución compuesta de seres humanos hay buenos, malos y regulares. Estamos de acuerdo, y lamentablemente, hasta donde yo sé, lo del arrepentimiento y el perdón para la vida futrura es algo privado entre el pecador y El que Ve en lo Alto; y ahora que los papas no se terminan de poner de acuerdo respecto a lo del Limbo, pues es asunto de cada quien tener claro si se va a ir al Cielo o derechito al Infierno. Eso a mí no me incumbe.

Lo que sí me incumbe es oir al obispo de Roma diciendo que los cristianos deben hacer oídos sordos a las murmuraciones (ya no son murmuraciones Su Santidad, es un clamor de víctimas) y que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pues fíjese, yo tengo muy claros cuales son los pecados capitales que me corresponden, pero en cuestiones de pederastia yo tiro la primera, la segunda y todas las que me dé la gana. Porque creo que alguien que es capaz de hacerle eso a un niño se merece el apedreamiento, que por algo es un castigo instaurado por la ley de Dios y muy utilizado en las Sagradas Escrituras. Pero como ya no estamos en aquella época, por lo menos la sociedad tiene derecho de saber quienes son, de verles las caras , de conocer sus faltas y de que se avergüencen de caminar por la calle, si es que la justicia seglar se lo vuelve a permitir alguna vez en lo que les quede de vida.

Pero no nos hagan eso, no nos los quiten de las manos, no los escondan, y sobre todo, no traten de hacernos sentir culpables a los que estamos indignados.