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27 de Nov de 2020

Cultura

Vergüenza ajena

Eso es lo que me produce últimamente la clase política en este país. El 99 por ciento de ella, por lo menos. Sí, claro que sí hay excepc...

Eso es lo que me produce últimamente la clase política en este país. El 99 por ciento de ella, por lo menos. Sí, claro que sí hay excepciones, como en toda regla, pero el resto, la gran mayoría, ministros, alcaldes, diputados y demás, tanto para arriba como para abajo, son para desear poder esconderse y llorar a gritos.

Deserciones. Corrupción. Venganzas. Condenas por delitos pasados. Cobros de cuentas pasadas. Zancadillas. Contradicciones. Donde dije digo, digo Diego. Y una ineficiencia, ineficacia e ignorancia absoluta, ya no en asuntos de gran calado, sino en cosas tan simples como cazar camarones de río o recoger la basura..

El poder judicial, el ejecutivo y el legislativo juntos y revueltos, los de un lado pasándose para el otro, los del otro mirándose el ombligo. Los que hacen algo, porque lo hacen mal, y los que tienen miedo de hacerlo mal, porque no hacen nada. A varios he oído últimamente decir que los que critican deberían de saber lo duro que es ser político. No señores, son ustedes, los que quisieron serlo, los que tendrían que haberlo sabido. Y si no estaban dispuestos a pagar el precio, no deberían haberse lanzado al ruedo, o no hubieran querido reelegirse, porque, si tan duro es, ¿por qué nadie quiere irse?

Y los ciudadanos de a pie, los que no tenemos ni prebendas, ni escoltas, ni carros oficiales, los que pagamos impuestos y tenemos que dar de comer a una familia, los que estamos en medio del fuego cruzado, ya no sabemos que hacer: la inseguridad campando por sus respetos, robos, atracos, muertos, despedazados, secuestrados y víctimas colaterales; las ciudades sucias y feas; la educación hecha un guacho; la justicia escondida en algún rincón detrás de las pilas, (que ya parecen columnas), de expedientes; la burocracia, como siempre, lenta, corrupta y asfixiante. Pero eso sí, como el país es cosa de todos, nos exigen desde las vallas que debemos pagar más impuestos y debemos averiguar donde es más barato comprar la comida, (aunque eso implique que tengamos que gastar la diferencia en gasolina desplazándonos de un sitio a otro). Nos informan que los padres también tenemos la culpa de que la educación sea una porquería porque no estudiamos con nuestros hijos. El transporte público es una bomba de tiempo. Y el Seguro Social....no, eso es tema para otro aullido completito. (Tomen esto como promesa o amenaza, según les convenga).

Luego se asombran de que los critiquen. Se asombran y se indignan cuando les dicen que la percepción general es que los políticos no hacen nada más que tracalerías para lograr sus propias ganancias. Y la oposición, en vez de estar cumpliendo su trabajo de criticar lo que está mal hecho y ofrecer alternativas, salta del barco y se dedica a tiempo completo a iniciar su campaña para el 2014, y ya tenemos las carreteras llenas de caminantes, unos y otros recorriendo ferias, patronales, caseríos y abanderando murgas, con los ojos puestos en una futura presidencia, mientras nos abandonan a nuestra suerte por cuatro años más.

Aunque alguno, viendo este desastre, más cínico o más realista, diría que nos lo merecemos, porque, al fin y al cabo, la clase política no es más que el reflejo de cada sociedad y cada país tiene los políticos que se merece. ¿Será que en cuatro años la gente volverá a votar por el que mejor baila, el que mejor salta en las camas o el que se parece más a su padre o a su difunto esposo? ¿Será posible que poco a poco el voto sea un voto responsable donde se elija no al menos malo, si no a aquel que realmente sea capaz de manejar los destinos de un país? ¿Será que en cuatro años más estaremos quejándonos exactamente de las mismas cosas y no hayamos hecho nada para remediarlo? Entonces sí que nos mereceremos lo que nos pase.