Temas Especiales

05 de Apr de 2020

Cultura

Decisiones difíciles

Desde que llegué a los dieciocho años, (y ya ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquel lejano momento) soy consciente de que tengo...

Desde que llegué a los dieciocho años, (y ya ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquel lejano momento) soy consciente de que tengo una responsabilidad con mi país cada vez que se convocan elecciones, más allá de las diversiones sobreentendidas de promesas huecas y poses de honestidad y liderazgo, yo soy consciente de que formo parte de la decisión final, es mi voto el que al final definirá el rumbo que la política le dará al país.

Quizás porque me tocó vivir el momento histórico en el que España se sacudió cuarenta años de dictadura y ahuecando las plumas de sus alas todo el mundo creía en la posibilidad real de una libertad y una democracia. Ese clima de expectación e ilusiones que se respiró en las primeras elecciones democráticas marcó mi sentido de la responsabilidad ciudadana.

Por eso me asombra sobremanera la desfachatez del señor presidente y del señor vicepresidente de la República sugiriendo, o más bien exigiendo veladamente, al señor alcalde de la ciudad capital la renuncia al cargo para el que fue elegido.

Como sin duda recordarán, en repetidas ocasiones he reiterado en esta misma columna mi convencimiento de que el señor Bosco Ricardo Vallarino, a mi parecer, no cumplía los requisitos mínimos para presentarse a cargos públicos de elección, más allá de ser presidente de la junta de vecinos de su edificio.

Pero cuando escuché en los medios la sugerencia presidencial para que el señor alcalde renuncie, se me erizaron los pelos de la nuca y he tenido que salir a romper una lanza a favor del bailarín.

Me parece muy mal lo que están haciendo con ese señor. Sí, han leído ustedes bien, me parece fatal. Y no, no tiene nada que ver con que yo haya cambiado mi opinión acerca de su desempeño, opino que el cargo de alcalde le queda grande, pienso que no tiene ni la más repajolera idea de lo que está haciendo y creo que efectivamente vamos a terminar los cuatro años que nos faltan ahogados en basura, y ahogados en tonterías, con la ciudad llena de mosquitos, inundados hasta la cintura y llorando por el voto perdido, mientras esperamos la próxima navidad para volver a cantar villancicos junto con las ratas empolleradas.

Sí, yo estoy de acuerdo en que ese señor nunca debió de ser alcalde, y quizás ni siquiera debió ganar un concurso de baile, pero así son las cosas, la democracia es precisamente eso, la gente decide. Una estupidez dicha por la mayoría sigue siendo una estupidez, pero las reglas de juego están ahí y deben cumplirse. No podemos cambiar de opinión a medio juego y decidir que mejor no.

Si por eso fuera, ¿quién le podría decir al señor presidente en un momento dado que no nos gusta lo que está haciendo y que se vaya? Si la cosa es mantenerse por el desempeño ¿Quién hubiera durado en el puesto más de quince días? ¿Cuántos alcaldes y presidentes hubiera tenido Panamá desde que se instauró la democracia? Ese tipo de intentos de enmendar lo decidido por el pueblo lo único que traen son tentaciones golpistas.

No caigamos en esas, señores. Las leyes dicen que los cargos son por cinco años, y cinco años debe quedarse el señor alcalde en su despacho.

Así que lo que único que le resta hacer al señor alcalde Bosco Vallarino es quedarse en su sillón municipal otros cuatro años, tratando de hacerlo lo menos mal posible, e intentar, si es posible, modificar la imagen que todos tenemos de él, no por medio de consultorías millonarias, sino con trabajo duro y resultados visibles. A ver si así la gente aprende a votar, a evaluar al candidato y a decidir con cordura. A no votar por simpatía, ni por amiguismo, a no botar el voto. ¿Será que cinco años de castigo serán suficientes?