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06 de Jun de 2020

Cultura

La cara humana DE LA GUERRA

E. sa niña que tantas sonrisas debió arrancar al estadista yugoslavo, incluso en los momentos más tensos, estudiaría medicina y decidir...

E

sa niña que tantas sonrisas debió arrancar al estadista yugoslavo, incluso en los momentos más tensos, estudiaría medicina y decidiría, en 1992, ir a Sarajevo a ayudar a los que hasta hace poco eran sus compatriotas. ‘Decidí ir a Bosnia como cardióloga al inicio de la guerra con la esperanza de ayudar al menos a un ser humano.’, recuerda. Pero lo que vería allí le cambiaría la vida. ‘Mis encuentros con gente de distintos grupos étnicos-nacionales me sorprendieron. La gente tenía una necesidad de contarme cómo habían sobrevivido gracias a alguien que no pertenecía a su grupo. Fue increíble...Era el comienzo de la guerra y ya había gente con la necesidad de contarle al resto del mundo cómo habían seres humanos que permanecieron siendo seres humanos en esas circunstancias. Me inspiró a apartar mi equipo médico, agarrar una grabadora y empezar a buscar más de estas historias.’

DE CARDIÓLOGA A ESCRITORA

Y así nació ‘Buena gente en tiempos del mal’. Svetlana pasó los cuatro años siguientes recopilando testimonios de amistad, fraternidad y humanidad. En fin, de lo que nos hace humanos. Al final, reunió 90 testimonios, contados por miembros de los tres principales grupos étnicos de Bosnia y Herzegovina (BiH) -serbios, croatas y bosniacos-, con una clarividencia y un optimismo que ahora parecen providenciales. ‘Incluso entonces, yo sabía que la guerra iba a terminar en algún momento. Y pensé, y no me equivocaba, que éstas historias traerían esperanza para todos los que vivimos en la ex-Yugoslavia’, dice.

Los testimonios recogidos por Svetlana son una ventana a una narrativa distinta y esperanzadora de una guerra, la bosnia, que dejó impresa una imagen de brutalidad en la retina del mundo. Pero la cardióloga-periodista no cree que esa imagen se corresponda con la realidad. ‘La guerra no fue producida por los habitantes de este país. Fue una guerra importada de fuera. BiH, ya como país independiente, fue atacada primero por Serbia y luego por Croacia. La gente que vivía aquí, que vivían mezclados los unos con los otros, no tenía ni idea de que iban a ir a la guerra, pero fueron forzados a luchar en los distintos ejércitos cuando el país fue atacado. Es por eso que puedes conocer tanta gente maravillosa que nunca quiso guerra...sólo fueron atrapados en ella y tuvieron que unirse a un bando.’

Bosnia y Herzegovina, situada en el corazón de la antigua Yugoslavia, era en sí una versión en miniatura del país. Antes de la guerra, era la única de las repúblicas yugoslavas en las que serbios (31%), croatas (17%) y bosniacos (43%) habían convivido históricamente sin grandes problemas. Al colapsar Yugoslavia, sus dos repúblicas más dominantes, Serbia y Croacia, comenzaron –a la vez que que se hacían la guerra—a planear la partición de BiH, iniciando una espiral de propaganda que polarizó a los habitantes del país a unirse a los distintos ejércitos. Los serbios-bosnios y bosnios-croatas se unieron a los ejércitos de sus ‘patrias’. En vista de esto, los bosniacos, aterrados ante la posibilidad de una partición que los dejaría siendo una minoría musulmana en Serbia o Croacia, se agruparon a defender su país. No sólo Yugoslavia había muerto, sino que la república que mejor representó su pluralidad era ahora una carnicería, el escenario de una de las orgías nacionalistas más aterradoras de la historia. Al final, el país sobrevivió, pero tuvo que ser partido en dos: un ente serbio (República Srpska) y una federación compartida para croatas y bosniacos (llamada igual que el país). Bosnia permaneció viva, pero su espíritu, esa pluralidad que la distinguió, había muerto quizá para siempre.

Quince años después, muchos ex-yugoslavos lamentan lo que ocurrió, y recuerdan con nostalgia la nación de Tito. El fenómeno ha sido bautizado ’Yugostalgia’ o ’Yugonostalgia’. Svetlana, por supuesto, es una ’Yugonostálgica’ de corazón. ‘Yo ya era bastante vieja cuando Yugoslavia fue asesinada, y este periodo de mi vida es algo de lo que guardo muchos recuerdos y a la vez tristeza. El mismo fenómeno se repite en cientos de miles de personas, algo que me entristece porque todas estas personas sueñan con sus vidas de hace 30 años, que eran mucho mejores de lo que son ahora. Es una lástima. Es algo en lo que tenemos que trabajar y cambiar, en el nombre de las futuras generaciones’, discurre.

Para Svetlana, su país fue ‘asesinado’. Y para ella, las dinámicas de ese asesinato siguen vivas aún. ‘Nuestro problema no es un problema entre las personas...es un problema entre los políticos. Por supuesto, la gente vota por esos políticos, pero es porque están constantemente intimidados por ellos. ’Si no votas por nosotros nos van a exterminar’, es su mensaje. Y la gente tiene recuerdos de la guerra y repiten el error de votar por los mismos nacionalistas. La gente en BiH puede vivir en armonía, como lo hacían antes de la guerra. Tenemos que luchar contra los políticos que crean divisiones artificiales para satisfacer sus propios intereses’, explica.

Hoy, Svetlana preside una ONG que intenta educar jóvenes por toda la ex-Yugoslavia en ‘coraje civil’, o la capacidad de resistir autoridades negativas. La que algún día fuera la alegría de Tito ahora da conferencias en las más prestigiosas universidades e institutos de EEUU y Europa, aunque todavía nadie la ha invitado a Latinoamérica. Su libro le ha dado la vuelta al mundo y ha sido traducido a seis idiomas (italiano, francés, inglés, checo y polaco). Las historias de ‘Buena gente en tiempos del mal’ muestran la grandeza del espíritu humano en tiempos de guerra. ‘Cada uno de esos testimonios lleva ese mensaje, de que hubo personas que, sin importar su raza, religión o nacionalidad, se comportaron como seres humanos, que resistieron, se opusieron y desobedecieron a unas autoridades que los forzaban a considerar a otras personas como sus enemigos. Es un mensaje universal: siempre es posible tomar una decisión, independientemente de quienes sean los ‘dioses’ de la guerra. Y siempre tiene un costo. Estas personas pagaron un precio. Algunos fueron incluso asesinados por sus compatriotas por resistir y no querer cometer atrocidades. Pero aún así, nos dan la esperanza de que todos podemos aprender de esos ejemplos, que todos podemos ser mejores sabiendo que éstas personas actuaron así’, dice emocionada Svetlana.

UN TEMOR LATENTE

La situación política en Bosnia no invita al optimismo. La república Srpska amenaza constantemente con unirse a Serbia. En la Federación las cosas están aún peores. La burocracia es insostenible, no hay confianza entre bosniacos y croatas, e inclusive éstos últimos consideran separar su pedazo del país (que, técnicamente, sería la parte de ’Hercegovina’). Estados Unidos y la Unión Europea temen que si se descuidan en sus esfuerzos diplomáticos, la situación pueda volverse insostenible y la violencia vuelva. Pero, quizá, como dice Svetlana, sólo sea cosa de políticos. ‘En BiH y la región balcánica en general, tenemos muchos autoridades negativas. Nuestro desafío es proveer algún día una masa crítica y responsable de jóvenes que cambiarán la realidad de este país de una manera positiva’, concluye.