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06 de Jun de 2020

Cultura

Preparados, listos...

¡Allá vamos un año más! Manadas de burros con anteojeras que se lanzan idiotizados a por la ganga, el regalo imprescindible o el detall...

¡ Allá vamos un año más! Manadas de burros con anteojeras que se lanzan idiotizados a por la ganga, el regalo imprescindible o el detalle que no puede faltar.

Nos lanzamos desenfrenados a las calles, gastando gasolina a manos llenas, empantanados en tranques monumentales. Enfermos de consumismo e inconsciencia.

Y si nosotros somos los rebaños de ovejas llevadas al matadero del endeudamiento, en este belén no pueden faltar entonces los comerciantes, haciendo su agosto desde octubre, con un poco de espumillón y cancioncillas pegajosas que inoculan el virus de la alegría en los imbéciles que deambulan cual zombis por los pasillos de los centros comerciales.

Zombis que creen absolutamente necesario reservar desde ahora los juguetes, juguetes cada año más horrorosos, feos que espantan.

Muchos de ellos deben estar diseñados en sueños de opio, porque en una mente normal hay cosas que no caben: muñecas que cagan, que mean, que se enferman, que crecen y decrecen (y yo que creía que la muñeca a la que le crecía el pelo en mi época era lo más de lo más).

Y para no ser sexistas, hoy los niños hacen bisutería y helados, pero sobretodo matan, sí señores, no se engañen, es una ingenuidad lo de la censura televisiva, (si es que alguien aún se cree esa entelequia), si revisamos someramente los juegos que nuestros queridos monstruitos tienen en los aparatejos electrónicos con los que los entretenemos.

¿Usted papá, usted mamá, se ha parado a ver lo que su vástago hace en ese pequeño adminículo que carga hasta para ir al baño? ¿no? Pues debería hacerlo, pero cuidado, que a lo peor y vomita con la chacinería que puede usted encontrarse.

Esa es la mejor paradoja, mientras los papases y las mamases se sienten poseídos por el espíritu de la navidad, la bondad universal y todas esas zarandajas, los niños esperan ansiosos el amanecer de dentro de unas semanas para poder iniciar una carrera virtual de destrucción.

Pero no se crean que esta columna está escrita sólo contra los juguetes de los niños…no señores, ni se imaginen que los voy a dejar irse de rositas, los papás y las mamás, los abuelos, tíos, primos y demás familia cercana y lejana se vuelven completamente locos.

Los extraños se saludan por la calle y los compañeros de trabajo, que apenas se tragan el resto del año, se rompen la crisma en estas fechas para encontrar el regalo ideal para su ‘amigo secreto’.

Regalos que van y vienen todos los años, porque obviamente, como no conocemos a los que les regalamos, pues nunca daremos en el gusto del regalado, así que ese mismo regalo, que usted compró con afán, será el regalo que el año que viene él, o ella, le dará a su empleada, o al conserje del edificio.

¿Y la comida? Piaras de cerdos tulléndose a comida, comiendo, comiendo y volviendo a comer, aprovechando que son dos días, comamos no sea que mañana muramos. Incluso hay inconscientes que van a que les abran la banda gástrica ‘solo por estos días’ y matasanos sin conciencia que lo hacen.

Aún así, después de todo lo que he dicho, con todo, no he terminado, ¿saben ustedes, sospechan siquiera, el daño inmenso que le hacemos al planeta con esta vorágine consumista? ¿Imaginan la cantidad de árboles que se cortarán para fabricar los metros y metros de papel de regalo que será utilizado sólo una vez y que será simplemente rasgado y tirado a la basura?

¿De verdad pueden ustedes estar felices sabiendo que en su sala de estar agoniza lentamente un ser vivo al cual ustedes han humillado cruelmente colgándole bolitas de colores en un rito del cual ni siquiera saben su significado? Definitivamente, el Grinch y yo tenemos mucho en común… Aullido de loba