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04 de Jun de 2020

Cultura

Al mal tiempo buena cara

En ningún momento pierde la sonrisa. Sonríe al escanciar el vino de la casa, sonríe al retirar los platos de la mesa, sonríe al correr l...

En ningún momento pierde la sonrisa. Sonríe al escanciar el vino de la casa, sonríe al retirar los platos de la mesa, sonríe al correr las sillas para que se siente cada nuevo comensal y sonríe incluso cuando relata que es la última semana de trabajo que tendrá este año, poniendo buena cara al mal tiempo que se avecina. La próxima semana dejará de manejar su bicicleta todas las mañanas, no muy temprano, para hacer su turno de mediodía y de noche en uno de los hoteles de playa de la cadena Barceló en Cala D’or, Mallorca.

‘A partir del mes de noviembre dejo el hotel y trabajo para vivir en la construcción hasta abril del próximo año que empieza otra vez la temporada’, dice el valenciano Juan Alcañiz sin asomo de queja por quedarse ‘en paro’ como dicen los españoles cuando se quedan sin trabajo. Como muchos de sus compatriotas, nativos de la isla o no, Juan forma parte del boom turístico que cada año incrementa la población de la isla más grande de Baleares, con la llegada de unos 12 millones de visitantes por temporada, entre los meses de abril y octubre. También hay muchos inmigrantes extranjeros que cierran sus negocios, como Raúl el argentino y Milvia la dominicana, que aprovechan el paro para trabajar en otra cosa o visitar sus países de origen.

LA OLA TURÍSTICA

Finalizado octubre la isla vuelve a sus 867 mil pobladores habituales de acuerdo a datos censales de 2009. Y, aunque no ocurre en toda Mallorca, en aquellas áreas donde el turismo es exclusivamente de playa se cierran hoteles, restaurantes, tiendas y hasta supermercados y un pueblo fantasma emerge dejando atrás el bullicio, la parranda y las muchedumbres en vestidos de baño que se tuestan al sol por el día y desbordan frenéticas todos los sitios de diversión por la noche. Y hasta el sol y el buen clima se toman un descanso y desaparecen para dar paso a días nublados, lluvias, viento frío y temperaturas que bajan de una media de 30° centígrados en verano a unos 13° en invierno. En la isla subsiste la actividad regular de su capital, Palma – construcción, comercio, banca – y el turismo rural en el resto del territorio insular, aunque este año con la baja consecuente de la crisis económica.

Para Juan y su esposa que trabajan en hoteles – él como segundo Maitre y ella como camarera – ha llegado la época de las vacas flacas y hay que buscar como arreglárselas. Por fortuna, Juan aprendió hace cinco meses el oficio de la construcción y le gusta trabajar la piedra. ‘Hago forro-casas de piedra y como tengo una parcela de 9 mil metros hago también cosas antiguas’, cuenta Juan. El forro-piedra es el revestimiento que caracteriza a las viviendas de esta región y le otorga el color rosáceo de la piedra de Santanyí (como se llama por su lugar de procedencia), típico del Mediterráneo.

Mallorca es la isla más grande del Archipiélago Balear y al igual que las islas Menorca, Ibiza y Formentera, es un destino turístico importante. Antaño, debido a su ambiente sosegado era también conocida como ‘La isla de la calma’. Calma que hoy solo recupera durante la temporada baja. También es famosa por haberse convertido en un lugar no solo de visita para el jet set internacional sino también para residencia de muchos famosos. Aunque su atracción para este privilegiado grupo no es reciente, ya que en el siglo XIX durante el invierno de 1838, la famosa escritora francesa George Sand vivió un intenso romance con Federico Chopin en la isla – donde se conserva el piano en el cual el produjo algunas de sus creaciones, dejando como testimonio su obra traducida a varios idiomas ‘Un invierno en Mallorca’.

De allí para acá, el inglés Robert Graves, autor de ‘Yo Claudio’, que vivió la mayor parte de su vida en la isla, Rubén Darío que la frecuentaba en compañía de su amante española Francisca y amigos escritores, los reyes de España que pasan largas temporadas en la isla, no solamente en verano si no también en Semana Santa y a veces en Navidad en su residencia mallorquina del palacio de Marivent, la modelo alemana Claudia Schiffer que tiene una residencia en Andratx y el actor estadounidense Michael Douglas que tiene una casa de veraneo en Deià, han puesto a Mallorca en la mira de los ricos y famosos. Durante el verano, si se tiene el soporte económico para pasarlo en la isla, es corriente cruzarse con los bronceados actores y actrices que deambulan en pantalones cortos, diminutos bikinis y grandes gafas para pasar de incógnito.

UN TESORO MEDITERRÁNEO

Con sus hermosos paisajes mediterráneos, sus carreteras bien trazadas y muy bien señalizadas en medio de campos de olivos, naranjales, viñedos, colinas, antiguas mansiones y castillos, casas de campo y terrenos de labranza, donde pastan mansas cabras de mirada adormilada y sus hermosas playas distribuidas a lo largo de 500 kilómetros, Mallorca tiene un atractivo especial para los turistas europeos, y particularmente alemanes, quienes llegan por vía aérea al aeropuerto de Palma, el tercero con más movimiento en España. También grandes trasatlánticos llegan con visitantes hasta el puerto de la capital y lujosos yates que surcan el Mediterráneo recalan en los numerosos puertos deportivos que existen en la isla.

Una de las bahías de la isla conocida internacionalmente es Portals Vells con su cala El Mago cuyo nombre fue tomado de una película filmada allí en 1967 y protagonizada por Anthony Quinn, Candice Bergen y Michael Caine. La película debía ser rodada en Grecia pero un golpe de estado cambió los planes de los productores que escogieron como escenario a Mallorca. Dicen los mallorquines que los críticos de cine se deshacían con elogios por los maravillosos paisajes del Egeo que mostraba la película, hasta que un emigrante los sacó del error y demostró que se trataba de una playa mallorquina y no de Grecia. Por eso no debe extrañar que a la reina Sofía le guste tanto visitar Mallorca muy seguido y es que le recuerda su infancia en su país de origen.

Pero con la afluencia turística que año tras año inunda Mallorca, ya ninguno de sus hermosos parajes es desconocido en el mundo. Noruegos, polacos, rusos, ingleses, portugueses, húngaros, italianos y algunos latinoamericanos llegan con el verano y por eso Juan Alcañiz, nuestro sonriente salonero de ojos azules regresará el próximo año al hotel, y el otro y el siguiente en la época de las vacas gordas para atender con su sonrisa perenne y su amabilidad característica a los miles de turistas que quizás no lo recuerden, pero que gracias a él se sentirán casi como en casa.