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11 de May de 2021

Cultura

‘Heridas negras’

Con la última novela ’Heridas Negras’ del narrador, poeta y ensayista haitiano Louis-Phillipe Dalembert (1962), leemos la historia de Ma...

Con la última novela ’Heridas Negras’ del narrador, poeta y ensayista haitiano Louis-Phillipe Dalembert (1962), leemos la historia de Mamad White, un joven africano, y de Laurent Kala, un parisino, un funcionario de una ONG, por los caminos de la memoria, la soledad y la subordinación poscolonial que ya no se realiza a través del colonialismo clásico, pero sí a través de esas organizaciones humanitarias, una ’verdaderas armadas’, que se ciernen sobre los desheredados de la tierra. Ambos han nacido en la década del sesenta, huérfanos de padres: el primero lo perdió a los seis meses de haber nacido y el segundo a la edad de diez años en una manifestación parisina provocada por el asesinato de Luther King en 1968. Los dos tienen madres dominantes, pero, a diferencia de Laurent, cuya madre le reprocha por ir a esos países de negros y africanos, la madre de Mamad (como todo el pueblo que reúne el dinero para su partida) pone su esperanza en el destino de su hijo que, después de no haber logrado su entrada en el bachillerato, y no tener futuro en su país, hace lo que están haciendo cientos de miles de jóvenes africanos (incluidos mujeres y niños): emigrar a Europa, los modernos deportados, cruzando el mediterráneo con pateras. Mamad, después de ser transportado por medio continente por los modernos negreros, los traficantes de clandestinos, no logra llegar a la isla italiana de Lampedusa, sino que su viaje termina, tras una accidentada trayectoria, en un dispensario regido por unas hermanas en la frontera de un país norte-africano. Ellas le pagan el pasaje de vuelta, pero él evita de regresar a su región por temor a su familia, al pueblo y, especialmente, a su madre: la vergüenza del fracaso. En su país encuentra un trabajo de ’watchman’, portero y guía, en la casa de Laurent Kala que, como en Haití (su primera estación de destino como onegero poscolonial), se dedica al estudio y cuidado de unos primates amenazados de extinción. En su casa llegamos a saber el nacimiento del interés de Laurent por los negros y los países africanos y, al mismo tiempo, su tragedia, no poder de dejar de asumir el atávico rol del colonizador, del dominador, e, encluso, del torturador. Asistimos así a la historia de este personaje que comienza con su padre desde la Segunda Guerra Mundial al ser Francia liberada por los norteamericanos de la ocupación nazi. Un soldado negro, Bill, le apasiona por el boxeo y, sobre todo, por la música, el jazz. Y su padre le transmite esta pasión. En fin, esta novela de Dalembert, contada en primera persona y en cinco capítulos, es un recorrido lúcido por un mundo poscolonial donde las relaciones de poder, que nacieron dentro del contexto colonial clásico, no dejan de transformarse para administrar el atraso y la dependencia de las antiguas colonias en la época de las organizaciones humanitarias y de las deportaciones poscoloniales.