25 de Feb de 2020

Cultura

El misterio del whisky de mi abuelo

RE -VISTA. M i padre detesta las corbatas. Y le gusta la mecánica automotriz. A mí, en cambio, no me incomodan las corbatas y no me atr...

RE -VISTA

M i padre detesta las corbatas. Y le gusta la mecánica automotriz. A mí, en cambio, no me incomodan las corbatas y no me atrae la mecánica. La razón de esta diferencia entre mi padre y yo radica, posiblemente, en la figura de mi abuelo paterno colombiano de las tres ‘c’: conservador, cachaco y católico. Para aquellos que no lo saben, el término ‘cachaco’ es utilizado para designar a los colombianos nacidos en Bogotá, y a sus alrededores, imagen contrapuesta a los ‘costeños’ que, como nosotros, los panameños, hemos nacido y crecido en la costa. Mi abuelo, el ‘cachaco’, vino a Panamá en los años veinte. Quiso aprender el inglés en la ciudad de Colón. Y también había venido para hacer negocios. No tuvo otra razón para venir a esta tierra que había pertenecido a Colombia. Y en la ciudad de Panamá conoció a mi abuela, a una chepana, con la que tuvo a su hijos.

El recuerdo de mi abuelo es la de haber sido un viejo elegante, de cabello platinado, trajeado con lino y camisa almidonada blanca y su corbata roja. No hay recuerdo que no me haya impregnado tanto como éste, un recuerdo que he ido completando con las narraciones de mis familiares, su gusto por la Zarzuela, Caruso, y Bethoveen. Por mi padre supe que mi abuelo, a pesar de ser católico y del partido Conservador, tenía guardado en su armario (del cual él solo tenía acceso con una llave) a los libros de Vargas Vila y a su botella de whisky. ¿Qué otros secretos más pudieron haber estado en ese armario? Y después de muchos años he llegado a la conclusión de que mi abuelo era conservador por formación y lealtad, pero liberal por corazón, pasión y por sus negocios, dos universos aparentemente contradictorios, pero que él, como colombiano en el "extranjero", llevaba en su alma de patriota. ¿Qué colombiano de su generación no debió haber llevado el desgarramiento de la Guerra de los Mil Días, el dolor de haber perdido a Panamá? Pero esto no lo obnubiló para venir aquí.

La primera vez que visité Bogotá creí haberlo reconocido. Lo vi en algunos viejos caminando por la calle, con su bastón, con la corbata, con su traje. Lo vi con el libro y el periódico en la mano. Sí, cada vez que veo a mi padre, puedo reconocer a mi abuelo. Y ahora mi padre no toma whisky "porque Panamá es muy caliente", a pesar de haberse tomado unos traguitos a hurtadillas de mi abuelo cuando era un adolescente, porque sabía dónde estaba la llave del armario, y mi abuelo preguntaba: "¿quién se toma mi whisky?".