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04 de Jun de 2020

Cultura

El retorno a un hogar que se reinventa

Una cosa es escribir fuera del país. Pero otra cosa es hacerlo desde adentro, las proporciones se agrandan o se agudizan, la mirada se r...

Una cosa es escribir fuera del país. Pero otra cosa es hacerlo desde adentro, las proporciones se agrandan o se agudizan, la mirada se rectifica o se sigue distorsionando.

La distancia es necesaria para escribir, del mismo modo, como no es posible logar una mirada justa y equilibrada a partir del enojo. Hay muchos tipos de distancia. Y la mía ha sido por muchos años física. También espiritual y familiar.

Pero con los años me he venido aproximando, he venido madurando y enriqueciendo mi mirada sobre el país, una mirada que cada vez que regresa a Panamá encuentra un país diferente como si, con cada aguacero que cayera, hubiera un borrón y cuenta nueva.

Pero no lo hay. Pero, sin duda alguna, cada vez que vengo encuentro otro país que me produce sentimientos encontrados de alegría y tristeza, de esperanza y frustración, de apego y de huida. ¿Qué país del mundo no es complicado en sí mismo? Lo que sorprende es lo pequeño que somos y, sin embargo, aunque fuésemos cuatro gatos, se armaría lo de siempre.

Veo a Panamá en un período crucial de su vida política, económica y cultural. Hay voluntades, muchísimas, para mejorar este tierra. Las encuentro en todas partes. Solo falta que escuchemos un poco, que logremos articular lo que queremos, bajo un régimen de respeto y tolerancia.

La democracia, tan difícilmente lograda en este país, pende de un hilo muy frágil, y lo peor es que parece que nadie cree en nadie. Frente a esta incredulidad civil, entonces, emerge una institución, la iglesia, que se levanta como la garantía del orden, la paz y la tranquilidad, aunque creo que Panamá es un estado laico. Se invoca demasiado a la palabra de Dios y no hay acto oficial o particular donde no esté el crucifijo. Creo que éste no fue el tipo de estado que diseñaron nuestro próceres, nacidos del ideal republicano, ilustrado y ciudadanos de la libertad confesional.

No obstante, esta es quizás una buena muestra de este vacío de lo que, monotóna y repetitivamente, se señala como la ausencia de valores, sin que nadie sepa exactamente de qué se está hablando. ¿Para dónde va este país? ¿Qué dirigentes tenemos? ¿Qué proyectos de futuro nos ofrecen los partidos políticos? En fin, ¿por qué vamos a la deriva?