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27 de Sep de 2020

Cultura

El regreso del Batman ensagrentado

Me resulta curioso que en Estados Unidos haya tanto ‘revuelo’ por la Masacre de Denver (revuelo mediático al menos, que es lo que uno pu...

Me resulta curioso que en Estados Unidos haya tanto ‘revuelo’ por la Masacre de Denver (revuelo mediático al menos, que es lo que uno puede percibir), tanto estupor y asombro –y morbo, si me permiten agregar- por la cantidad de victimas, o curiosidad por escuchar relatos de los sobrevivientes, así como tanto interés por el perfil del joven asesino James Holmes y los detalles de cómo planificó paso a paso entrar a un cine y asesinar a sus victimas.

Y sin embargo tan poco espacio de crítica sobre la legalidad y facilidad con la que este chico de 24 años (sí, nuevamente un jovencito) compró armas de grueso calibre y explosivos para volar también su casa cuando llegara la policía, como bien pueden hacerlo -¡y lo hacen!- millones de estadounidenses.

Las preguntas caen por su propio peso: ¿Vale la pena escandalizarse por las muertes en un país donde es perfectamente normal comprar un arma en una tienda o supermercado, y eso no parece escandalizar a nadie? ¿Cuántas masacres más harán falta para que Estados Unidos cambie, o al menos revise, su política arma mentista? ¿Cuántos James Holmes hemos visto en los últimos años abrir fuego en colegios, universidades y centros comerciales? ¿Será que no conviene hacer algo al respecto? Basta decir que tras la matanza de Aurora se disparó la venta de armas en suelo gringo: en los tres días siguientes al incidente, aumento un muy lucrativo 43%.

La muerte es un negocio y mantener a la población asustada y paranoica también, encerrada en casa siguiendo la novelita de horror del joven brillante e inteligente que un buen día ‘enloqueció’.

La paz y la tranquilidad son inconvenientes a los políticos y a los millonarios industriales que fabrican armas. Y en ese espejo tendríamos que vernos también. No solo porque en Panamá, como tantos otros países, terminamos comprándoles las armas para ‘atacar’ los problemas que bien podrían resolverse con cultura, educación, salud, alimentación y bienestar social. Sino porque también tenemos a nuestros políticos inservibles que no resuelven (ni resolverán nunca nada), trabajando en componenda con los grandes intereses económicos de este país (así como de otros países), para mantenernos encerrados en casa, con miedo, siguiendo la tragicomedia insulsa de cómo se pelean por el poder, amén de otras novelitas baratas.

Indagar en los motivos y resolver las cosas no es rentable, sino ya estaríamos hablando de otra cosa. Como por ejemplo: que en Estados Unidos la tasa de desempleo de los jóvenes fue del 19,1 por ciento en el 2011, según datos del Economic Policy Institute, duplicando con creces el promedio nacional; o que un estudio reciente de National Institutes of Health señala que ‘la desocupación juvenil está asociada a una creciente vulnerabilidad al desorden piquiátrico’, mientras que el suicido se ha convertido en la tercera causa de la muerte de niños y jóvenes de 10 a 24 años. Allí donde los jovencitos como James Holmes son los tristemente célebres protagonistas de las matanzas que ‘conmocionan’ y entretienen al mundo.

¿Doble moral? No sé… En mis momentos más oscuros, tiendo a creer que este sin sentido es el estado real de las cosas. ¿Vale mantener las esperanzas por un mundo mejor? Ya veremos como sigue esta película.

COLUMNISTA