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24 de May de 2020

Cultura

Casas hechas en comunidad

PANAMÁ. N ací en una casa de quincha; el resto de las viviendas de mi pueblo La Tiza y demás comunidades aledañas eran todas de barro. U...

PANAMÁ. N ací en una casa de quincha; el resto de las viviendas de mi pueblo La Tiza y demás comunidades aledañas eran todas de barro. Uno que otro rancho de ‘varitas’ o de caña brava y pencas, cogollo de caña o paja de arroz como techo, podían encontrarse en algún rincón. Fue mucho después cuando el bloque de barro o adobe y luego el bloque de cemento y el zinc fueron reemplazados como materiales básicos de construcción de la vivienda campesina, prácticamente eliminando así las maravillosas casas de quincha.

La casa de quincha realmente no tiene un tamaño definido, pero las más comunes -como la de mis padres- era de 7 varas de frente (la vara, medida que en la época se utilizaba, se aproxima al metro) y pueden ser un poco más grandes o más chicas. Las más grandes lógicamente albergaban a familias más numerosas como era común en nuestros pueblos de Las Tablas. Lograban un tamaño hasta de 20 varas de frente.

Su diseño arquitectónico es, sin duda alguna, precioso ya que podían ser muy simples con un portal al frente y otro en la parte de atrás, con una nave principal, un cuarto dormitorio, una especie de comedor y una cocina, que muchas veces, era agregada posteriormente si los recursos económicos a la hora de la construcción de la casa no eran suficientes. Por lo que las paredes generalmente en estos casos eran de caña brava o varitas para facilitar la preparación de los típicos alimentos cocinados con leña en el fogón de tres piedras o de hornilla.

El techo era construido de madera de cedro espino o cedro amargo, labrada en piezas llamadas ‘alfardas’ o bien de ‘madroño’ o mangle redondo sin labrar que debían ser cortados en menguante para que no le entrara comején y tiras más delgadas o varitas de caña brava que se colocaban entre las alfardas sobre las que se colocaban las tejas.

La nave principal llevaba dos piezas de madera de corazón de cedro o roble que unía la pared delantera con la central llamadas ‘cadenas’. La estructura del techo de tejas era de dos aguas o de cuatro aguas, sostenidas por los famosos pilares de cedro reforzados con injertos de otra madera y horquetas (horcones) que generalmente eran de macano negro, por su dureza y resistencia al comején, madera que se encontraba silvestre, como parte de la hermosa flora tableña.

Las paredes, eran embarradas de una magnífica mezcla de ‘tierra de embarrar’, agua y ‘paja de embarrar’ (tipo de tierra y de hierba seleccionada por expertos de la comunidad que garantizaban la consistencia y solidez, una vez fraguaba la mezcla). Sobre el piso de tierra bien alisada se colocaban ladrillos que igual que las tejas del techo, eran elaborados en la región.

La embarrada de la casa y echada del piso, cuando era solo de barro alisado, representaba la motivación más genuina de ayuda mutua de nuestros campesinos tableños; reunían a todo un pueblo sin distingos y en donde los mozos y mozas, incluso de otros pueblos, se conocían e intercambiaban miradas coquetas en medio del trabajo común y que conocemos como ‘La junta de embarra’.

Generalmente, las casas de quincha eran construidas con dos puertas delanteras, también de cedro, con hermosas celosías para favorecer la ventilación de la casa y una clásica ventanita en el comedor o cocina; con tres ‘pilarillos’ o pilares al frente como parte del portal y sostén del techo. Las más grandes podían ser construidas con más pilares y con cuatro, seis o más puertas entre las delanteras y las laterales; en la parte de atrás dos o más según necesidad.

La nave principal, se utilizaba para colocar hamacas y camas de ‘género’, conocidas como ‘Caballo Moro’, frescas y muy cómodas ya que de día podían perfectamente cerrarse y guardarse en el cuarto dormitorio o en cualquier otro sitio sin incomodar y solo en la noche se abrían nuevamente.