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03 de Jun de 2020

Cultura

Edén entre las olas

Después de poner en marcha el motor, el capitán anuncia a la tripulación: ‘Tenemos el viento a favor. Llegaremos en 30 minutos a nuestro...

Después de poner en marcha el motor, el capitán anuncia a la tripulación: ‘Tenemos el viento a favor. Llegaremos en 30 minutos a nuestro primer destino: el hostal Nadi, en la isla Wichub Wala’.

El sol matinal golpea mi rostro. Son pasadas las nueve de la mañana. Siento la brisa cálida, la salinidad del mar en mi piel. Los saltos del bote se tornan cada vez más fuertes. A medida que nos adentramos en el mar, los diminutos puntos en el horizonte se van haciendo cada vez más grandes, dejando entrever la silueta de islas de todos los tamaños. Algunas tienen nombres de animales: Isla Perro, Isla Mosquito, etc. Desembarcamos en esta última pero una nube de mosquitos nos puso en fuga. ‘Arriba que nos vamos’ -grita el capitán desde la orilla-‘El dueño de esta isla murió por las chitras. Ahora nadie quiere vivir aquí...’ Mientras nos alejamos vemos estructuras de chozas colapsadas.

‘Paga’, me responde una indígena después de preguntarle si podía tomarle una foto. Un grupo de mujeres gunas persiguen a los turistas con los brazos extendidos cubiertos de molas. ‘Compra Raquel’, gritan a coro al escuchar que ése es el nombre de una de las visitantes.

Arribamos al hostal Nadi de noche, un grupo de cabañas que se alzan sobre el agua que refleja las luces verdes y azules. Más allá, en el horizonte persisten los últimos colores del crepúsculo. Estrellas en el cielo, estrellas en el mar... Visitar Guna Yala es una experiencia que es mejor vivir que explicar... ¡Tanta belleza en mi pequeña Panamá!