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25 de Feb de 2021

Cultura

Un café con aroma a innovación

Escribo este artículo en un café, mirando al ventanal que deja ver la escultura del padre de la relatividad, en un lugar que poco a poco...

Escribo este artículo en un café, mirando al ventanal que deja ver la escultura del padre de la relatividad, en un lugar que poco a poco se ha convertido en un centro para compartir ideas.

¿Cómo ocurre este proceso? ¿Cómo pasa un lugar de ser un simple café a uno donde colisionan las ideas? Es una pregunta que se hacen los países también pues al fin y al cabo, es allí donde las ideas se conocen y se unen, donde se genera la riqueza de la nueva economía: la del conocimiento.

El proceso se conoce como ‘clusterización’ y viene siempre de la mano de la generación de comunidad que la sustenta. El dinero por sí solo no garantiza que la cosa funcione, así como tener el mejor café no es garantía para el éxito de una cafetería.

Es importante atraer gente interesante y diversa, que aporte puntos de vista diferentes y nuevas formas de ver las cosas. Para atraerlos hay que tener conectividad; facilidad para generar emprendimientos; un suelo fértil de ideas; un ambiente bancario y financiero que esté dispuesto a aprender cosas nuevas; un sistema educativo que genere personas con ganas de crear y sin miedo al ridículo; una clase empresarial que esté dispuesta a apostarle a la innovación; un gobierno que garantice las mismas reglas para todos y no permita que se haga trampa; y lo más importante una cultura amplia, diversa, incluyente, atractiva con la capacidad de aprender de forma permanente.

Al final la clave está en la cultura y la educación. Los centros comerciales, edificios, puentes, carreteras son la misma cosa en casi todos los lugares. La diferencia la marca la gente y su cultura. Debemos enfocarnos allí en su nivel de educación para generar cambios reales. Es en esos rubros donde la inversión debe hacerse para que las otras inversiones tengan sentido.

Mientras busco más café para mi taza camino y observo la gente del lugar, en una mesa dos extranjeros leen un mapa y le preguntan a un panameño si los puede llevar a un punto cerca de las playas del interior.

En otra mesa un grupo de artistas locales discuten la mejor forma de arrancar un proyecto. En la mesa del lado dos empresarios que conozco escuchan con atención a un joven que les presenta una idea para inversión. Dos jubilados al fondo discuten de política en inglés. Cuando me siento a escribir alguien me pregunta qué estoy haciendo y cuando le cuento me da una idea de algo que debo incluir.... En fin, en este lugar las ideas fluyen. El internet está disponible, el espacio es transparente y es muy fácil entablar una nueva conversación.

Ya a nivel de país, las cosas funcionaría de forma bastante parecida. Debe haber transparencia en los procesos tanto públicos como privados, debe poderse entablar conversaciones con facilidad, ya sea con entes del estado, la academia, los bancos o quien se necesite. Debe alentarse la diversidad de las ideas y tener una cultura que permita generar conocimiento nuevo siempre que se pueda.

Cuando lo pienso bien me preocupo por nuestros países, ¿Tendremos la apertura suficiente? ¿Dejaremos de ser consumidores de conocimiento y comenzaremos a ser generadores del mismo? Yo espero que así sea, por lo menos en eso estoy trabajando.