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05 de Apr de 2020

Cultura

Deja la bata y se pone el tutú

Miriam Ortega Paz fue beneficiada con le beca Patricia Guardia. Estuvo en el Dance Open de San Petersburgo

Un buen día, luego de salir de sus clases de medicina veterinaria, Miriam Ortega Paz decidió comunicarles a sus padres que ya no seguiría la universidad. Llevaba tres años en la carrera, pero a los 3 años de edad ocurrió algo que le hizo girar el timón 17 años después. Le pusieron su vestido de baile, ella juraba que iba para una clase de natación, mas resultó ballet y fue ‘amor a primera vista'.

La razón por la que dejaba sus estudios era el baile, el ballet, para ser más específicos. Abandonó su zona estable, en la que hasta era una estudiante sobresaliente para ver qué pasaba en el ballet, pues ni siquiera tenía definida una plaza de trabajo como bailarina. Pero afortunadamente, pese al desacuerdo de sus padres y con mucho esfuerzo, logró ser contratada en el Ballet Nacional. Y el tres parece ser el número de la suerte para Miriam, tres años después de su retorno, gana una beca para participar en el Festival Dance Open de San Petersburgo (Rusia).

La experiencia la vivió hace unas semanas. Por una semana estuvo en la ciudad rusa participando en master class junto a chicos y chicas de diversas partes del mundo. Las instrucciones eran de ballet ruso, y su participación incluyó ir a la Gala de las Estrellas y dos números en la Gala de Jóvenes. Cada participante, podían presentar algunos números de su país en ese show. Ortega Paz presentó dos, uno clásico (una variación del Quijote) y uno contemporáneo.

Para esa gala ensayaba luego de los master class, que iniciaban a eso de las 9:30 de la mañana y duraban 2 horas. En esas dos horas la jornada era intensa, no era como una práctica regular, pues no había espejo y como reemplazo de las zonas donde pudiera ver su imagen, había público y muchas cámaras. Estos últimos añadían una presión especial, la bailarina panameña sentía que no podía errar.

Una vez salían de las clases con los maestros especializados en ballet ruso, tenían tiempo para sus números locales, recuerda Miriam. Y por suerte fue así, ya que el escenario sobre el que se presentarían esa última noche era inclinado, como suele ser en Rusia, algo a lo que no están acostumbrados todos los bailarines.

La artista panameña tuvo oportunidad de conocer la riqueza cultural de San Petersburgo, siendo esto parte del programa del festival, que lleva quince años realizándose, cuenta la joven.

Ella es la tercera panameña que tiene ese privilegio, explica Gloria Barrios, directora ejecutiva del Ballet Nacional. La experiencia es posible gracias a la beca Patricia Guardia, un incentivo que entrega la familia de la fallecida bailarina del Ballet Nacional.

Desde hace tres años escogen a un miembro destacado del conjunto, que haya mostrado disciplina y que tenga fijas sus proyecciones a futuro en la danza. A Miriam, a parte del viaje a San Petersburgo, la familia Guardia le permitió participar en un entrenamiento clásico en la escuela de la profesora Valentina Kozlova en Nueva York y justo esta semana vuelve a la icónica ciudad para estar presente en una competencia que se dará en pocos días.

Miriam Ortega Paz llegó al ballet por inquieta, fue el remedio a su exceso de energías, recuerda entre risas. Desde ese día en que a los 3 años de edad, se puso por primera vez su tutú, no paró de bailar hasta los 18 años. Iba de clases, a sus mil actividades más y al ballet. Llegó el momento en que sentía que no podía ir más allá por limitaciones económicas y decidió dedicarse a su carrera universitaria. Años después, unos compañeros le comentaron que ‘la cosa había mejorado', con esto querían decir que veían más oportunidades para entrenamientos más rigurosos fuera del país, incluso. Ella se sintió seducida por la ilusión de ir a estudiar al extranjero y así poder elevar su nivel. Cerró su libro de veterinaria (carrera que espera concluir en algún momento) y partió hacia el escenario.

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BALLET

La beca de una bailarina

Así como Miriam Ortega Paz, Patricia Guardia también tuvo la oportunidad de estudiar ballet en el extranjero gracias a una beca. En su caso fue en Francia, y gracias a eso bailó tres años fuera del país. Ana Lorena Guardia, hermana de la bailarina explica la beca como ‘una forma de hacer que su nombre trascendiera en la historia'. Patricia murió muy joven. ‘Era muy alta y delgada', la describe su pariente, quien recuerda que también estudió ballet, pero Patricia siempre destacó más. ‘Sabía manejar muy bien los niveles de estrés que representa esta disciplina', sigue diciendo su hermana, al contar el excelente desempeño que —contrario a ella— tenía la recordada artista. Mónica Guardia, prima de la danzante, rememora aquellos momentos en el jardín de infancia cuando se le veía a Patricia jugar a que era una bailarina de ballet.