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21 de Jan de 2021

Cultura

Microteatro llega a Centroamérica y revoluciona escena artística de Panamá

El microteatro es al teatro lo que el cortometraje a las películas o el cuento a la novela

Quince minutos, quince espectadores y quince metros cuadrados. Estas son las dimensiones del microteatro, una modalidad teatral osada y rompedora que nació en España hace seis años y que está generando una catarsis cultural en varios países de Europa y América Latina, incluido Panamá, donde acaba de aterrizar.

El microteatro es al teatro lo que el cortometraje a las películas o el cuento a la novela. Minimalismo y condensación artística en estado puro.

Se trata de un género teatral que surgió en 2009 en las habitaciones de un antiguo burdel en el corazón de Madrid, como alternativa a la escabechina económica que por entonces asolaba al sector (y al país).

La propuesta, que consiste en representar mini obras en pequeños habitáculos con apenas una docena de espectadores, encandiló al público madrileño y empezó paulatinamente a recorrer el mundo.

El sello del microteatro se puede ver ya en ciudades como Bogotá, México DF, Buenos Aires, Miami o Lima. Hace un mes desembarcó en Centroamérica, más concretamente en Panamá, en una modesta casa del barrio de Betania que hasta ahora se usaba como escuela artística y que se conoce como Estudio Moliere.

"Si quieres hacer teatro puedes hacerlo en cualquier lado, en la calle, en una casa, en el baño, en un dormitorio...", dice a Efe el colombiano Carlos Algecira, uno de los cinco responsables del huracán cultural que se ha desatado en Panamá y cofundador de la productora Laboratorio Teatral.

Algecira, que llegó al país centroamericano hace dos años, descubrió el microteatro en su tierra natal: "Este nuevo género le ha robado público a los grandes teatros de la capital colombiana".

Es "íntimo y mucho más relajado" y, lo más importante de todo, democratiza la cultura y es accesible a cualquier bolsillo, apunta el productor.

En el Estudio Moliere se representan simultáneamente de jueves a sábado tres obras de alto voltaje sexual que cuestan 7 dólares cada una y que comparten un mismo eje central: las relaciones peligrosas.

En la sala 1, una lunática e histriónica actriz tiene una cita en una cafetería con un médico sosaina que ha conocido en una red social. La sala 2 la ocupan una pareja de profesores escolares con pensamientos libidinosos. Y en la sala 3, un matrimonio de infieles resuelve sus problemas conyugales entre las sábanas de una cama.

"Se te ponen los ovarios en la garganta de ver a la gente tan cerca", confiesa la debutante Sonia Pérez cuando describe el momento de salir a escena y darse cuenta de que los espectadores están en el mismo "escenario", compartiendo espacio con los actores.

"Es divertido e interesante ver cómo la gente entra (en la habitación) y no sabe qué hacer ni dónde sentarse", reconoce el intérprete panameño Julio Barsallo.

La inmediatez de las telecomunicaciones y el desasosiego del mundo moderno han provocado, entre otras cosas, que la gente "no aguante más de media hora sentada en una butaca" y que el mundo se llene de culos inquietos. Ahí radica la clave del éxito del microteatro, según Barsallo.

Además, que nadie se engañe, la agilidad de los ensayos no es directamente proporcional a la longitud de los textos.

"Los ensayos han sido complicados principalmente por lo picado del texto (...) Si yo me equivoco en algo, daño totalmente la obra porque es una obra de quince minutos", explica Mónica Lauri que se mete en la piel de una profesora con aires de Rottenmeier que esconde en su interior a una verdadera loba sexual.

Las tres mini obras que se están representando en esta casita panameña ("Sin subtítulos", "Lenguas modernas" y "El matrimonio nos sienta bien") fueron seleccionadas de un total de 21 textos que mandaron autores de todos los rincones del continente.

El microteatro cierra sus puertas en Panamá el próximo 8 de agosto con la esperanza de volverlas a abrir pronto.