23 de Feb de 2020

Cultura

Hasta el último deseo

La palabra envidia viene del latín ‘invidere'. Envidia significa poner la mirada sobre algo

Dos verbos: ‘ir' y ‘mirar'. Un diccionario de etimología en internet dice lo siguiente sobre la palabra ‘envidia': ‘La palabra envidia viene del latín ‘invidere', compuesta de ‘in' (poner sobre, ir hacia) y videre (mirar). Envidia significa, pues, poner la mirada sobre algo'. Me gusta también la palabra ‘codiciar', que en inglés es una palabra hermosa: ‘covet'.

Tanto en español como en inglés (pasando, en el caso del inglés, por coveitere, del francés) se le relaciona con ‘Cupido'; es decir amor, es decir deseo, es decir muerte. En español, por su parte, se emparenta con codo, dar un codazo, es decir apartar del camino para ponerse uno, y, ya con música de reguetón puertorriqueño de fondo, ‘quítate tú pa' ponerme yo'. Casi siempre hablamos de la envidia y de la codicia, de envidiosos y codiciosos, en tercera persona: ‘Él me tiene envidia / a ella se la come la codicia'. ¿Por qué casi nunca decimos ‘soy un envidioso', o ‘me mata la codicia'? Es una pregunta pertinente, creo. Yo creo reconocer que he envidiado cosas, he sido codicioso. En mi pequeño país se suele decir: ‘Me dio envidia de la buena'. ¿Cómo es eso de la envidia de la buena? ¿Será desear lo que tiene otro con buena onda, sin mala leche? ¿Se puede eso? Yo nunca me he puesto a pensar si alguien envidia lo que ‘tengo' (como si lo que ‘tengo' fuera realmente mío). ‘Tener'.

El verbo ‘tener' es parte importante de este divertimento que llevo a cabo alrededor de las palabras ‘envidia' y ‘codicia'. ¿Qué es eso de ‘tener'? ¿Tenemos realmente algo en esta vida? En el idioma español uno ‘tiene' mucho. Uno tiene hambre, uno tiene sed, uno tiene años. Tener, tener, tener. Mucha posesión. Mucho querer tener. ¿De allí que mi tierra bella y pequeña esté llena de envidiosos que desean lo que entre gigantes comillas ‘tenemos' y que nos sonríen y nos abrazan y aprovechan para meternos un cuchillo por la espalda en el momento más justo, pensando para sí que pueden apoderarse de lo que supuestamente es de uno?

‘Ahora lo que era tuyo es mío', se dicen, y se regodean en tener, solo en el hecho de tener, como el que guarda dinero debajo del colchón y se le derrumba la casa y pasa hambre, como Smeagol (Gollum), ese miserable personaje salido de la fecunda imaginación de J.R.R. Tolkien, creador de El señor de los anillos. ‘Ese anillo que codicio, lo quiero para mí, relamerme en él y su brillo, ser su esclavo y pudrirme en la tenencia'. ‘Quiero un auto como el del vecino', o peor: ‘Quiero el auto del vecino'. Y así mismo, por extensión, por mala sangre y patada de yegua y los huevos: ‘Quiero la casa del vecino', ‘quiero la ropa que usa el vecino', ‘quiero el cuerpo del vecino', ‘quiero tener la suerte que tiene mi vecino'; y, para rematar, para azuzarnos el machismo (ese bichito que nos hace cosquillas en la panza, o en el pecho, en el ano): ‘quiero la mujer del vecino'. Yo, por mi parte, he llegado a envidiar, por encima de todo lo demás, la muerte del vecino. Y tú, estimado lector ¿qué forma de morir envidias o codicias?

MÚSICO Y POETA