José Javier Rivera, vicepresidente del centro de conciliación y arbitraje de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, habló en exclusiva...
- 01/03/2026 00:00
El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, la mañana de este sábado 28 de febrero, marca un punto de inflexión en la dinámica de seguridad de Oriente Medio. Más que una operación puntual, la ofensiva redefine el equilibrio estratégico regional y eleva el riesgo de una confrontación abierta con consecuencias energéticas y geopolíticas de alcance global.
Washington describió la acción como un “ataque preventivo” contra amenazas asociadas al programa nuclear y de misiles iraní. El presidente Donald Trump sostuvo que la decisión respondió a información de inteligencia sobre riesgos inminentes y, tras la ofensiva, coordinó con los líderes de Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos, además del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El movimiento refleja la intención de blindar el respaldo de aliados clave ante un escenario de posible escalada.
Israel, por su parte, confirmó que la operación buscaba debilitar las capacidades estratégicas del régimen iraní, al que considera una amenaza existencial desde hace décadas. La coordinación abierta entre Washington y Tel Aviv sugiere una fase más directa en la confrontación indirecta que ambos países han sostenido con Teherán en distintos frentes.
El vacío de poder como factor de riesgo
El elemento más sensible del operativo era eliminar a el ayatolá Ali Jameneí, máxima autoridad política y religiosa del país desde 1989.
Trump, anunció la tarde del sábado 28 de febrero la muerte de Jamenei. Mientras que en las calles de Teherán, las primeras informaciones del líder absoluto se recibieron con aplausos y gritos de alegría, según dijeron testigos a la agencia AFP.
“Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, está muerto”, escribió Trump en su red social Truth Social.
La respuesta iraní no se limitó al plano retórico. La Guardia Revolucionaria lanzó misiles contra objetivos vinculados a Estados Unidos en Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos, ampliando el radio de la confrontación más allá del territorio iraní e israelí.
La ampliación de los ataques hacia el golfo Pérsico aumenta el riesgo de que la crisis evolucione hacia una guerra regional, con implicaciones directas para las monarquías árabes que albergan bases estadounidenses y mantienen relaciones diplomáticas discretas con Israel.
Víctimas y cifras en disputa
Más de 24 horas después de los bombardeos, el balance humano continúa marcado por versiones contradictorias.
La Media Luna Roja iraní reportó al menos 200 muertos y más de 747 heridos tras los ataques iniciales en distintos puntos del país. Autoridades iraníes denunciaron además la muerte de 85 niñas en el bombardeo de una escuela en el sur de Irán, cifra que no ha podido ser verificada de manera independiente.
Por su parte, el ejército israelí afirmó haber abatido a siete altos mandos iraníes, incluido el jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Mohamad Pakpour. Teherán no ha confirmado esas bajas.
Irán aseguró también que más de 200 soldados estadounidenses murieron en ataques de represalia contra bases en varios países del golfo Pérsico. El Pentágono negó víctimas mortales y sostuvo que sus instalaciones en Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Jordania resistieron los bombardeos.
El factor energético: Ormuz como palanca estratégica
Uno de los movimientos más sensibles fue el anuncio iraní del cierre del estrecho de Ormuz, corredor por el que transita cerca del 20 % del petróleo mundial.
Aunque el bloqueo total es difícil de sostener en el tiempo por su alto costo económico y militar, la sola declaración elevó la tensión en los mercados energéticos.
Un cierre prolongado alteraría rutas comerciales, encarecería el transporte marítimo y podría generar un aumento inmediato en el precio del crudo, con impacto directo en economías importadoras de energía en América Latina, Europa y Asia.
Negociaciones truncadas y cálculo estratégico
El régimen iraní llega a esta crisis tras meses de tensión interna. Las protestas por el deterioro económico y la represión estatal debilitaron la legitimidad del gobierno en amplios sectores urbanos.
El ataque ocurre mientras Washington y Teherán sostenían conversaciones indirectas en Ginebra sobre el programa nuclear iraní.
Estados Unidos sostiene que Irán mantiene la capacidad técnica para enriquecer uranio a niveles sensibles, mientras Teherán insiste en que su programa tiene fines civiles.
Al mismo tiempo, la operación redefine la postura estadounidense en la región. Durante su campaña, Trump prometió evitar nuevas guerras en el extranjero. El ataque preventivo representa una ruptura con ese discurso y abre un debate interno en Estados Unidos sobre el alcance y la duración de la intervención.
La Organización de las Naciones Unidas convocó una reunión urgente del Consejo de Seguridad. La Unión Europea, Rusia, Reino Unido y Francia llamaron a la contención y al diálogo. Sin embargo, las posibilidades de una mediación efectiva dependen de que cesen los ataques directos.
Panamá condena ataques iraníes
El Gobierno de Panamá condenó “en los términos más enérgicos” los ataques con misiles lanzados por Irán contra varios estados del golfo Pérsico, según un comunicado oficial difundido este 28 de febrero por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Cancillería panameña señaló que las acciones militares afectaron territorios de Catar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Kuwait, y calificó estos hechos como una “grave violación de la soberanía de los Estados afectados” y una amenaza directa a la paz y la seguridad internacionales.
En su pronunciamiento, Panamá advirtió que la estabilidad regional no puede verse comprometida por actividades desestabilizadoras ni por programas balísticos que pongan en riesgo a poblaciones civiles e infraestructuras estratégicas vitales para la economía global.
El Gobierno expresó además su “plena solidaridad” con los países afectados e instó a Irán a cesar de inmediato toda acción militar indiscriminada.
Como nación de vocación marítima y nodo clave del comercio mundial, Panamá subrayó que la seguridad en Oriente Medio es esencial para la estabilidad energética internacional, en un contexto en el que el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial— se ha convertido en un punto crítico del conflicto.