28 de Nov de 2022

Cultura

La ‘dama de hierro' de Brasil

Dilma Rousseff, aquella joven guerrillera, lucha 45 años después por resguardar su mandato del ‘impeachment'

Dilma, como se la conoce popularmente, se convirtió en la primera mujer presidenta de Brasil en 2011, cuatro décadas después de aquellos días oscuros de 1970 en los que fue apresada y torturada.

Cinco años, incluida una reñida reelección, han pasado desde aquel día en que recibió la banda presidencial de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva.

Pero su histórico ascenso corre el riesgo de ser cortado en seco, por denuncias de haber manipulado las cuentas públicas.

El plenario de la Cámara de Diputados debate desde viernes hasta hoy, si lanza el juicio político hacia el Senado o si archiva el caso.

Y en el corazón de la tormenta, la ‘dama de hierro' brasileña, de 68 años, se ha mantenido aferrada a la determinación -a la arrogancia, según sus críticos- que impregna su biografía.

Con la cabeza alta aseguró en varias ocasiones que ‘jamás' renunciará y que luchará ‘hasta el último minuto' para derrotar lo que considera un golpe de Estado en su contra, orquestado por el ‘traidor' y ‘conspirador' de su vicepresidente, Michel Temer, y el presidente de la cámara de Diputados, Eduardo Cunha.

POCO FLEXIBLE

Rousseff fue electa en 2010, catapultada por el Partido de los Trabajadores (PT) y escogida por Lula, de quien heredó una abrumadora popularidad, hoy perdida en el abismo.

Un año después de asumir la jefatura de Estado de la mayor economía de América Latina, era la tercera mujer más poderosa del mundo según la revista Forbes , detrás de la canciller alemana, Angela Merkel, y de la entonces secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton.

DILMA ROUSSEFF,PRESIDENTA DE BRASIL

‘¿Creen que tengo la cara de quien está resignada? Yo no estoy resignada ante nada y no tengo esa actitud ante la vida'

En 2015, cayó a la séptima posición, con una aprobación sumergida en 10%, arrastrada por la recesión económica y el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, por el que fueron arrestados varios políticos de su partido, y por el que el propio Lula está siendo investigado.

Los críticos la consideran un clásico ‘accidente presidencial', ya que nunca antes había sido electa para ningún cargo.

Rousseff manda, no negocia. Una falta de flexibilidad que trató de suplir llamando de urgencia a Lula en su auxilio, en momentos en que sólo una hábil mano izquierda parlamentaria puede salvarle de la destitución.

Pero con toda su astucia política, Lula no ha podido reconstruir los puentes que en estos cinco años quemó Rousseff, una mujer que desde sus tiempos de ministra se ganó una reputación de tecnócrata sin carisma, firme y severa al reconvenir a sus ministros en público.

DIVERTIDA

Dos veces separada, la mandataria tiene una hija, Paula, de su matrimonio de 30 años con su segundo esposo, el también exguerrillero de izquierda Carlos de Araujo, y dos nietos con los que exhibe su lado más tierno.

‘Dilma es una persona con un gran se ntido del humor, divertida, extremadamente solidaria y generosa', dijo el año pasado a la AFP su excompañera de cárcel Ieda Akselrud de Seixas.

La mandataria tampoco escapó a la obsesión nacional por las cirugías plásticas: se blanqueó los dientes, se trató las arrugas, y más recientemente hizo una dieta con la que perdió más de 15 kilos.

Esta imagen dista de la de 2009, cuando un tratamiento contra el cáncer la obligó incluso a llevar una peluca.

La pesadilla de su segundo mandato, sin embargo, se transparenta ahora en un rostro ojeroso y una delgadez cansada.

‘Duermo bien, no tomo somníferos. ¿Alguien que está mal se hace bicicleta por 50 minutos a 10 para las seis de la mañana?', cuestionó esta semana en un nuevo intento de mostrar fortaleza.

PAPISA DE LA SUBVERSIÓN

Nació el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte (sureste), en una familia de clase media formada por un inmigrante búlgaro y una maestra de escuela.

Marxista, entró en la resistencia contra la dictadura militar (1964-85) y en 1970, con 22 años, fue condenada a prisión por pertenecer a un grupo armado clandestino, responsable de asesinatos en robos bancarios.

Su participación en la lucha armada está envuelta en una nebulosa, pero la mayoría de los informes coinciden en que tuvo una labor de apoyo y no estuvo involucrada directamente en operaciones comando.

Con todo, el juez que la condenó la llamó ‘papisa de la subversión' y en esos casi tres años que pasó en prisión fue torturada, según reveló el periodista Ricardo Amaral en una biografía de la mandataria, donde apareció la fotografía inédita de Dilma ante los jueces militares.

En aquella imagen en blanco y negro se adivina el mismo gesto airado con el que, mientras los tentáculos de la crisis parecían asfixiarla definitivamente, lanzó provocadora a los periodistas hace un mes: ‘¿Creen que tengo la cara de quien está resignada? Yo no estoy resignada ante nada y no tengo esa actitud ante la vida'.