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27 de Jun de 2022

Cultura

Palabra de escritor

Leer 'Palabra de Escritor', de Enrique Jaramillo Levi, es saber que se está frente a una persona de mucha experiencia

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Leer 'Palabra de Escritor', de Enrique Jaramillo Levi, es saber que se está frente a una persona de mucha experiencia con la escritura y la literatura, aparte de su intensa actividad como docente y promotor cultural. No vale la pena reafirmar aquí lo que todo sabemos: él es un escritor. Ahora bien, la pregunta que se impone es qué significa ser escritor. Puede preguntarse si existe algún escritor sin libros. Creo que sí. Un escritor parte de la palabra escrita, es su definición y su material de trabajo, y el libro no es más que una forma determinada con que se plasma esa palabra escrita. Puede haber escritores que nunca han escrito o hecho un libro, pero que han escrito cuentos, narracciones o poemas y, en todo caso, puede haber incluso filósofos que jamás escribieran una sóla palabra, por ejemplo, el "ciego" de Sócrates, como nos lo hizo ver Nietzsche. Además, puede haber quienes publiquen libros (o cualquier otra forma de manifestación escrita), sin embargo, se duda si realmente son escritores. Digamóslo de una vez: 'Palabra de Escritor' es un libro didáctico. Es el ejercicio de un docente que porta las técnicas para escribir una narracción en cuento o en novela. Está dividido en seis secciones y la última es la más densa por su propósito: ‘Reflexiones de un cuentista'. Aquí vemos explicado didácticamente la artesanía de la escritura con sus trucos narrativos (los diversos tipos de prosa), pero, como muy bien lo afirma el autor, nada de esto sirve sino se está ‘convencido de que uno tiene algo que decir' y yo agregaría que no hay técnica que supla la ausencia de espíritu literario. No obstante, habría que preguntar cuántos no estarán convencidos, mucho más por arrogancia o por vanidad, de que tienen algo que decir. ¿Cuánto material no se publicará al año que, en verdad, no ofrece nada al lector? Y la literatura, lo que se conoce como buena literatura, no tiene finalidad didáctica (ni tampoco buenas intenciones para con el hombre, la religión o la patria, el género o la raza), porque no es un manual para el espíritu y, además, ésta impone su espíritu gramatical y sintáctico. Es de aquí que un escritor, un verdadero escritor, no se forma en ningún taller literario (esto no quita, sin embargo, su utilidad). Un escritor nace (y se forma) en un acto de genialidad único que puede afectar a un individuo o a una generación entera y que es irrepetible en su composición. No hay recetas y no hay precios. Y el autor de 'Palabra de Escritor', valga la pena decirlo, sabe que su libro es tan solo un instrumento, el aspecto más prosaico y visible de la creación literaria, porque lo que se conoce como el duende, l'esprit, el relámpago que ilumina el horizonte, es solo dado a pocos que lo logran con mucho trabajo de estudios, lecturas, experiencias y viajes, reflexiones y horas consumidas en el esfuerzo continuado. Libros van y libros vienen, pero el gran filtrador es el tiempo y, como en 'Palabra de Escritor' se dice,‘el creador debe tratar de ser el otro'. Aquí, finalmente, está el espíritu de la literatura.