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22 de Oct de 2020

Cultura

‘La performance está relacionada al ritual'

Habla Carlos Amorales, uno de los grandes exponentes del arte contemporáneo. Explica el ‘performance' y por qué la música no tiene máscaras

Carlos Amorales —‘el artista de performance favorito en México', según la revista Vice — hace una comparación entre este tipo de arte por el que ha ganado renombre y el resto de disciplinas artísticas, como la danza.

—La performance trabaja de una forma más primitiva, está más relacionada al ritual, genera otro nivel de golpe. Por eso es como desagradable, como rara, no es necesariamente espectacular, o si lo es, tiende a ser repetitiva o larga—, comenta el artista desde la biblioteca de un hotel en el Casco Antiguo a La Estrella de Panamá .

Lo dice al recordar ‘Solo para tus ojos', una performance que presentó en el Istmo para celebrar en octubre los 10 años de la galería Diablo Rosso.

‘LA PERFORMANCE TRABAJA DE UNA FORMA PRIMITIVA, ESTÁ RELACIONADA AL RITUAL. POR ESO ES COMO DESAGRADABLE, COMO RARA, NO ES ESPECTACULAR, O SI LO ES, TIENDE A SER REPETITIVA O LARGA',

CARLOS AMORALES

ARTISTA

El artista quiso trabajar con máscaras —un concepto que trata en su discurso— y también con lienzos. Pensó que sus cuadros podían bailar: El día de la inauguración, personas vestidas de blanco se movían al ritmo del tap, sosteniendo los cuadros de Amorales que tenían agujeros en los ojos. La instrucción era un movimiento libre. No importaba si bailaban bien o mal, porque en un acto como estos la técnica queda relegada a un segundo plano. Lo más importante es causar una sensación en el público.

Al conversar con las chicas después de la intervención, algunas le dijeron que se sentían empoderadas, que no se hubiesen acercado así a nadie si no hubiesen tenido la máscara. Todo había estado pensado como un juego, pero por ratos se había tornado algo tenso, una especie de descontrol, de impulso, todo por estar detrás de la máscara.

Veinte años antes del diálogo con este diario, el artista presentaba ‘Amorales vs. Amorales', un conjunto de performances con el que empezaba a resonar su nombre en el ámbito internacional. Por esas fechas aún vivía en Holanda, y su discurso se perfilaba hacia la cultura popular mexicana, como la lucha libre.

—Cuando llegué a Holanda quería aprender a pintar como pintor y bien. El primer bofetón duro fue cuando me dijeron ‘pinta como puedas. Si quieres aprender algo clásico, vete a Londres. Aquí, invéntate algo'. Me costó mucho, pero ese desafío te potencializa como persona aún más, porque no te permite entrar en todos estos amaneramientos de cómo se debe o no se debe pintar—, formula el autor, hijo del artista visual acapulqueño Carlos Aguirre.

MÚSICA PARA SILENCIAR

¿Quién te va a dar clases de performance ? ¡Pues nadie! ¡Se las están inventando todavía!

Así plantea y responde Amorales la falta de una fórmula para hacer performance —arte en vivo, le dicen en algunos lugares. En cualquier caso, se desdibujan las reglas; es únicamente otro espacio para la creación. El artista les llama estrategias: un video, una pintura, una escultura; son estrategias, que han ido funcionando a lo largo de la historia.

Su primera estrategia de alto impacto fue regalar música cuando todavía no era común en internet, un proyecto realizado bajo el sello discográfico ‘Nuevos ricos'. La segunda estrategia que le viene a la mente es ‘Nube negra', que incluía una especie de plaga de mariposas negras de papel, diseño que replicarían con sus propias versiones Dior, Dianne Von Furstenberg y Dolce Gabanna.

—El arte se vuelve interesante cuando se vuelve cultural, y no cuando queda en el confinado mundo del arte—, dilucida hoy el autor.

El cine es otra gran estrategia en la que se ha sumergido Amorales. El proyecto en el que trabaja ahora es una película a la inversa: está componiendo la banda sonora primero, para luego empezar a grabar el largometraje.

En El no-me-mires (2015), su película más reciente, tocaba la charrasca para dirigir la actuación del protagonista. Ahora, en su estudio —un oasis de silencio en medio de un antiguo barrio de tabacaleras— golpea un micrófono sobre la mesa, como si fuese una percusión, para orquestar aquella banda sonora que tiene en mente.

No es músico. Pero ser un virtuoso no le roba el sueño, la técnica le interesa poco en algunas expresiones artísticas.

Es melómano. Y parte de su inspiración por utilizar la música como su nueva estrategia, viene de aquel encuentro con el guatemalteco Joaquín Orellana, un señor que hace música electroacústica con instrumentos que ha construido con sus propias manos.

Antes de dejar Panamá para regresar México, Amorales revela que su nueva estrategia es un momento particular en su prolífica carrera.

—¿Hay máscara en la música?—, surge la duda.

—No, yo siento que la música es realmente abstracta. No hay cuento, no hay narrativa, no hay ideología, no hay máscara. Hay sistemas, hay técnicas, hay formas y maneras. Pero, ¿qué significa algo musicalmente? Significa lo que es. Está como en otro rango. Lo que siento en la música es como un descanso de mí mismo, del pensamiento. Te distancia, te permite dejar de tener sentido.