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26 de Jan de 2021

Cultura

La suerte del Olvido

Algunas (¿o todas?) obras literarias tejen su escritura a través de pueblos, ciudades y barrios y, en este sentido

La suerte del Olvido
Ediciones de la Banda Oriental Premio Onetti 2011 142 págs.

Algunas (¿o todas?) obras literarias tejen su escritura a través de pueblos, ciudades y barrios y, en este sentido. La suerte del olvido se desenvuelve en un barrio de Montevideo, Malvín, donde crece la protagonista, María, en el seno de una familia de dos hijos, con un padre médico y una madre que trabaja en casa.

Es, en cierta forma, una novela de formación (Bildungsroman) que transcurre desde los años 60 hasta 1973, cuando la familia no sólo se ve obligada a salir del exilio (que es lo más evidente) por la dictadura militar, sino que se termina el mundo de ese barrio, de un tiempo que no regresará jamás, al leerse por parte de la protagonista, lo siguiente: ‘Por eso ambas guardamos en la mente el Malvín de nuestro escondite, ese en el que nuestras madres se entrometían con sus visitas y reclamos, pero que eran las formas de relación entre vecinas, en una época en que vivir en casa contiguas era como vivir en la misma casa, ya que se transitaba entre ambos hogares con naturalidad y desparpajo'.

Aquí María había encontrado a Olguita, amiga de su infancia, y describe en efecto todo el mundo de Malvín, de su familia, amigos y conocidos, en un ir y venir narrativo en el tiempo de la memoria y el olvido en veinticuatro capítulos, donde no hay necesariamente una secuencia cronológica.

Lo que hay es la restitución del olvido en el juego familiar donde la protagonista con gracia y nostalgia, con humor y amenidad nos hace partícipe de su mundo, el de la madre que era artista sin saberlo, del padre, socialista utópico y científico con su ‘coche verde marca Hillman' y el de su hermano que, años después, le reclama haber tenido a su hija fuera del matrimonio.

El mundo de Malvín no es, sin embargo, una suerte de paraíso, sino que también tiene sus límites en la doble moral, el suicidio y las exclusiones. Es un mundo, cuya familia de la protagonista, ateo y casi libertario (anarquista), choca contra la posición de clase de las domésticas que no se podían imaginar trabajar en medio de una familia que subvertía la jerarquía.

En efecto, la protagonista nos lleva de la mano entre diferentes personajes de su infancia, su adolescencia y su joven edad adulta, sus separaciones y reencuentros, pero, entre otras cosas, una de las cosas que más llama la atención es cómo la protagonista en sus recorridos entre la memoria y sus reflexiones, entre imágenes y diálogos atrapa del olvido lo que ocurre a trastiendas del mundo que se va a acabar, de ese mundo donde la calle 18 de Diciembre, que va directo al mar, ‘tenía su encanto': ‘Por ello quizás no nos dimos cuenta que detrás de esa Belle Époque de los veranos venían cabalgando unos uniformados bandoleros del terruño, que aspiraban a ubicarse con perpetuidad en la política del sable'. ¿No será, en este sentido, que cada época estará ya anunciando su propia suerte del olvido?