La Estrella de Panamá
Panamá,25º

23 de Oct de 2019

Cultura

Honor en venta

Si una compañía te regala algo es porque algo busca

Permítanme hoy empezar contándoles una historia, hace unos años dicté un curso de ética empresarial para un curso de postgrado en una universidad del patio. Allí me di cuenta de la absoluta falta de criterio ético que tiene la gente en este país, y no se salvan siquiera aquellos que tienen estudios, esto es una debacle general. Una de las alumnas, periodista, trabajando en un medio de la localidad, saltó como un resorte cuando puse como ejemplo de buenas prácticas de ética empresarial, las que tienen muchos medios extranjeros que prohíben a sus trabajadores recibir ‘regalos'. Esta norma que puede variar, algunos aceptan los regalos que no superen determinada cantidad de dinero, por ejemplo, un USB o una pluma promocionales, otros no permiten ni siquiera eso. En fin, la cosa fue que cuando yo explicaba esto, ella saltó como un resorte y dijo que a ella y a sus compañeros la ¡Primera Dama! siempre les mandaba un regalo por el día del periodista, un perfume caro, una cartera, y que eso no era porque quisiera comprarlos. La miré con conmiseración y le pregunté que a ver por qué creía ella que a los anestesiólogos en su día, por poner un ejemplo, no les mandaba ningún regalo. Obviamente, se quedó sin argumentos, tartamudeó, se puso roja, e indignada repostó que ‘no era lo mismo'. Exacto, queridos míos, no es lo mismo, porque a nadie le interesa sobornar a un anestesiólogo. Pero a los políticos sí les interesa congraciarse con los periodistas.

Hace unos días, hice un experimento sociológico, me ofrecí en mi cuenta de Twitter (@aullidodeloba) a dictar charlas o seminarios acerca de buenas prácticas éticas en las empresas, ¿adivinen cuantas respuestas tuve? ¡Eso! ¡Acertaron! Ninguna. Y fue ninguna porque a nadie le interesa, sí, quejarnos nos quejamos, pero la ética es algo que deben tener los demás, nosotros… bueno, lo nuestro es otra cosa, en nosotros mismos solemos tener la mano un poquito más laxa. ¿No? Porque está muy bien que los demás sean honrados y cumplan las leyes, pero porque yo me cuele en la fila no se va a caer el mundo, porque yo vaya unos cuantos kilómetros por el hombro nadie se va a morir. Que está bien el culantro, pero no tanto, que queremos los derechos sin los deberes. Si otros lo hacen ¿porqué yo no? ¡Qué huevo! Mejor que empiecen los otros a portarse bien y ya luego yo veo, si eso...

Y para muestra de esta deficiencia de entendederas éticas, un botón, la actuación del Excelentísimo Señor Presidente de la República, aceptando, tan pancho, regalos e invitaciones de compañías para ir a pasar un fin de semana de asueto y relax con los gastos pagos. Con su cara de no estar haciendo nada malo. Con cara de ‘porque yo me lo merezco'. Sin percatarse de que lo que está haciendo es venderse, como vulgar presa en fonda.

Porque si una compañía te regala algo es porque algo busca, nadie da duros a cuatro pesetas, como decía mi abuela (que nos espere muchos años allá donde esté). Quien te regala algo es porque algo espera a cambio. Gratis solo el sol y hasta las seis. Si ustedes reciben regalos, prebendas, favores o cortesías, tengan claro que en algún momento llegará el Diablo a reclamar su pago. Y bueno, a ver, uno ya es mayorcito para saber a quien le vende su lealtad y qué bandera abraza.

Los que sobornan y los que se dejan sobornar son cerdos de la misma piara, van corriendo con sus demonios dentro, derechito al despeñadero para desbarrancarse por él. Que tengan buen viento y buen vuelo.

COLUMNISTA