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03 de Apr de 2020

Cultura

Arqueología con enfoque multidisciplinario

En el Centro de Paleoecología y Arqueología Tropical, del Instituto Smithsonian, las investigaciones arqueológicas y antropológicas se empapan de varias materias para completar al panameños antiguo

El reciente descubrimiento en un museo de Estados Unidos, un collar hecho de dientes de delfín extraído en Playa Venao, Veracruz, tiene al arqueólogo Richard Cooke sumergido en un artículo sobre este lugar que califica como ‘fascinante'.

‘En este preciso momento estoy trabajando un artículo sobre ese sitio, que es fascinante, porque se relaciona con cambios en el nivel del mar. Las variaciones del nivel del mar en los últimos 3 mil años son impresionantes y se requiere de otra investigación que combine geología y oceanografía para interpretar estos movimientos', dice Cooke, quien lidera el Centro de Paleoecología y Arqueología Tropical (CTPA, por sus siglas en inglés) del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

‘EGO< Lo que hacían los indígenas en lo artístico y tecnológico es de suma importancia, pero nosotros vamos mucho más allá'

RICHARD COOKE

ARQUEÓLOGO

El equipo del CTPA busca darle un significado más profundo a estos restos, enmarcarlos en un contexto, que cuenten una historia, y para lograrlo, la propuesta de Cooke es entralazar otras disciplinas que complementen a la arqueología.

‘Hubo un cambio bastante tajante en la forma en la que yo, como individuo, vislumbraba el papel de la arqueología en una sociedad académica moderna. En 1985, cuando fui invitado a Costa Rica para un simposio sobre pueblos indígenas de Panamá y Costa Rica, organizado por el genetista costarricense Ramiro Barrantes. A él le había llamado la atención que el pequeño grupo de arqueólogos que trabajamos en Panamá ya tratábamos de cotejar los datos proveidos por la arqueología de campo con otras disciplinas, como la genética, la lingüística histórica y estudios ambientes', comenta Cooke, para quien la arqueología adquiere sentido en una sociedad moderna si forma parte de la historia de la nación.

Tradicionalmente, se hablaba de prehistoria e historia. La primera comprende la historia de la humanidad que abarca desde el origen del hombre hasta la aparición de los primeros testimonios escritos, que es entonces cuando comienza la segunda.

‘Los indígenas que habitaban Panamá y Costa Rica no tenían sistemas de escritura, así que cuando hablamos de historia, es polisémica, es decir, de muchos significados, y tenemos que usar muchos tipos de información para llegar a una interpretación holística del asunto', explica Cooke.

PRISMA ACADÉMICO

Para el arqueólogo, que en diciembre recibió el galardón ‘Experto del Año' por parte del Biomuseo, quienes no están familiarizados con la arqueología tienen un concepto ‘imperfecto' de la disciplina, porque hacen énfasis en la cultura material. ‘Definitivamente lo que hacían los indígenas en lo artístico y tecnológico es de suma importancia, pero nosotros vamos mucho más allá: estudiamos la evolución del ambiente, los animales que cazaban', recalca.

Cooke añade que a través de estudios paleoecológicos pueden relacionar la evolución cultural y ambiental.

Se ha podido determinar que ‘en Panamá, de todos los países de América, es de donde tenemos la información más precisa sobre la antigüedad y el desarrollo de la agricultura', afirma.

Hay evidencia de que hace 8 mil años se sembraba y cultivaba maíz, cuyo origen es mexicano, y yuca, que proviene Sudamérica. Poco antes de la era cristiana, ocurre el cambio tecnológico y se introduce la cerámica pintada, la orfebrería y el trabajo en piedra pulida.

En cuanto a los restos humanos, Cooke reconoce que él mismo en sus inicios no sabía como interpretarlos correctamente, aún cuando siempre hacía un cuidadoso trabajo al excavarlos.

Por eso, para él es de suma importancia el trabajo que desarrolla Nicole Smith-Guzmán en la CTPA, quien documentó el que sería el caso más antiguo de cáncer de huesos en los restos óseos de una adolescente enterrada hace 700 años en Cerro Brujo, Bocas del Toro.

‘Ella me ha abierto los ojos sobre la necesidad de trabajos interdiciplinarios. Hay que contar con los mejores especialistas en cada rama de la antropología para avanzar y no es fácil', detalla.

PANAMÁ AUTÓCTONO

‘Lo que más caracterizaba la prehistoria de esta área, que se extiende desde el sur de Nicaragua hasta norte de Colombia, es su estabilidad [poblacional] a través del tiempo. Hay muy poca evidencia de movimientos de población que sean más extensos que un simple reajuste social. Aunque, en el este de Darién se vislumbra un cambio demográfico difícil de explicar como un crecimiento natural. Es posible, que después del año 1,000 d.C. hubieran entrado grupos procedentes de Colombia. Eso está en estudio aún', señala.

Los hallazgos arqueológicos proponen así una estabilidad cultural y la resistencia a la conquista. ‘El 83% de la población panameña actual desciende por vía materna de una indígena y si vemos la herencia masculina, hay ciertas zonas del país en donde el impacto de la conquista fue muy grave, con un despoblamiento masivo y rápido, como la costa de Chiriquí, las llanuras centrales, el este de Azuero, sur de Veraguas hasta el área de Panamá Viejo', afirma Cooke.

‘Aún así, con una combinación de resistencia militar, habilidad, el regreso de los bosques y el retirarse a esas zonas forestadas; la población resistió y es por ello que hoy tenemos en Panamá siete grupos indígenas. Y solo los ngäbe representan más del 10% de la población nacional'.

En cuanto a la estratificación social, hay evidencia de élites, pero nunca llegaron a dominar extensos territorios. En el trópico, la ventaja que tiene el ser humano es que los recursos están distribuidos a lo largo del paisaje, dice, de una forma bastante equitativa y le resultaba muy difícil a una parentela acaparar el poder o un recurso, logran hacerlo en lugares especialmente productivos, como los valles del Pacífico.

‘Estas sociedades eran ribereñas y costeras. La mayor parte de la alimentación provenía de esos hábitat, especialmente donde hay manglares, pues producen enormes biomasas de alimento; así como llanuras y vegas aptas para el cultivo de camote, yuca, maíz, árboles frutales, palmeras', indica Cooke.

Al momento de la conquista, los españoles llegaron a los cacicazgos de Coclé y Herrera buscando comida, los implementos para prepararlos y las mujeres que sabían usarlos. ‘Los hombres fueron enviados a trabajar en las minas, una mortandad preferencial que privilegiaba a las mujeres'.

En proceso

El último trabajo del Dr. Richard Cooke data de 2007, cuando Senacyt le ofreció un fondo para un proyecto con enfoque de turismo. Se trataba de una prospección en el archipiélago de Las Perlas, ya que se sabía de acuerdo a las crónicas que huno una población importante y solo había habido una excavación profesional en 1920.

‘Recién llegamos a isla Pedro González, se nos advirtió que el Grupo Eleta iba a desarrollar un gran proyecto turístico. Intensificamos a la búsqueda de sitios y encontramos uno que es sumamente interesante, tiene 6 mil años y es fascinante', asegura.

El lugar ha proporcionado datos de la fauna isleña, incluyendo un venado enano. Este proyecto Cooke lo continua con el arqueólogo Juan Guillermo Martín, y aunque se hizo el rescate, aún no se han podido extraer los materiales. Esto se debe a que según la ley panameña el Grupo Eleta está obligado a financiar la excavación y análisis del sitio.

‘La Dirección de Patrimonio Histórico habló con el Grupo Eleta y ellos nos han prometido que podremos empezar a partir del 1 de octubre', dice que arqueólogo.

‘El sitio es de los más fascinantes de América Central, allí hemos encontrado evidencia del aprovechamiento de los delfines, es el primer registro de este comportamiento en la región y probablemente fue una práctica que vino con los primeros colonizadores que llegaron a través del estrecho de Bering', agrega, al tiempo que aún no se puede comprobar que se comían la carne de los delfines, pero sí se puede demostrar la utilización humana de los delfines.

Asimismo, además de los dientes de delfín, hay dientes de los tiburones tigre y toro de más de 3 metros de largo.

ANTECENDENTES

La excavación con la empezó un legado

En 1972 el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés), con Olga Linares, incorpora estudios de antropología y arqueología tropical a sus programas.

‘Olga tuvo dos estudiantes de post doctorado. Primero, Anthony Ranere, quien venía de la Universidad de Temple (Filadelfia) y llegó en 1973. El segundo estudiante fui yo, que me dieron una beca en 1973 para estudiar un sitio que yo había encontrado en 1969, cuando vine por el trabajo de doctorado del Instituto de Arqueología en Londres', cuenta Richard Cooke, en una oficina repleta de cajas con restos óseos, concheros, cerámicas y diapositivas de presentaciones.

Recuerda que esos trabajos terminando siendo de rescate porque la finca ganadera donde estaban, en Coclé, fueron vendidos al Ingenio Santa Rosa para el cultivo de caña. Sobre si aún pudiera encontrarse algo allí, Cooke cree que sí. ‘En vista de que el arado no es profundo y si algún día dejaran de sembrar caña allí, es posible que se encuentre algo. En ese sitio encontramos las huellas de los postes de las casas, si uno metiera una cuchilla, raspando la superficie, apuesto que saldrían todas las casas de la comunidad, pero eso sería en el años 3 mil', dice en broma el científico.