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08 de Apr de 2020

Cultura

La ley del embudo

El egoísmo es el pecado capital del panameño.

Hay siete pecados capitales, según la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana: pereza, gula, ira, lujuria, avaricia, soberbia y envidia. No digo yo que estos no sean pecados gordos, ojito, que doctores tiene la supraescrita que sean capaces de dirimir estas cuestiones, pero yo, en mi ínfima sapiencia les sugeriría incluir el egoísmo.

El egoísmo es el pecado capital del panameño. El panameño es egoísta porque sí y porque no, por naturaleza, por educación y por convicción. No se fíen ustedes de su aparente cordialidad, aquí prima el ‘¿Y qué hay para mi?', el ande yo fresco y ya pueden ir empezando todos a llorar. Aquí el latrocinio desaforado, el manejar por el hombro y el colarse en las filas del cine son todas expresiones de lo mismo: egoísmo. No me importa si estos pendejos están esperando desde hace cuarenta minutos en el cruce para incorporarse a la fila como mandan los cánones, yo me meto en contravía y me los paso a todos. Y me importa un huevo.

¿En qué se traduce ese egoísmo? En que la ley del embudo es la única ley que se cumple aquí a rajatabla: lo ancho para mí y lo estrecho para los demás.

Miren lo que acaban de hacer los del Ministerio Público. Después de meses en los que, los embadurnados de la mierda que untó Odebrecht, iban cayendo como moscas en otros países, en Panamá no se oía volar una ídem. Que estamos investigando, decían, que dentro de un mes, decían, que dentro de dos. Y los que sabemos, sabíamos que aquí no se iba a escuchar la verdad. Porque egoístas son, pero brutos no.

Salieron a relucir algunos nombres, pero todos sabíamos que, ni eran todos los que eran, ni cubrían la cuota mínima de mierda que nos tocaba en el istmo, contabilizándola por lo bajo, en años, en periodos presidenciales y en concesiones de mega proyectos. ¿Entonces? Entonces, cuando ya se están dando cuenta de que los ciudadanos, seremos egoístas, sí, pero descerebrados tampoco, y que sus burdas estrategias para distraer la atención no funcionan, van y sueltan la perlita de que los ‘nombres' no se pueden decir para salvaguardar su presunción de inocencia y su derecho al honor.

¡Venga ya señores! Ahora sí que se han pasado ustedes de largo en la frenada, ¿derecho al buen nombre y al honor? ¿¡En su gobierno?! ¿Cuándo les ha interesado a ustedes eso? En este Gobierno, señores, no se ha respetado la independencia de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Y esto no me lo saco yo de la manga, hay grabaciones donde el Excelentísimo Señor Presidente, (en lapsus linguae , se entiende), lo ha confesado. No se ha respetado el secreto de sumario, filtrándose a un diario preguntas y respuestas de interrogatorios. En este periodo presidencial se han asoleado por activa y por pasiva a personas y personajes no adeptos al régimen. En este gobierno se han pasado por el arco del triunfo la honra ajena. ¿Y vienen ahora a respetar la presunción de inocencia? ¡Venga ya, que son ustedes el mejor ejemplo del efecto Dunning-Kruger que he visto en mi vida! Calambucos incompetentes e inconscientes de su incompetencia.

Tengan en cuenta, estimados pazguatos, que la ley del embudo se suele trastocar, fácil y fatalmente, en la ley del Talión. Que, biblieros como son, seguro que la recuerdan, es aquella que dice eso de ojo por ojo, diente por diente, ofensa por ofensa, honor por honor... Que vayan ustedes preparándose porque lo que veo venir por estos lares es venganza. Mucha. Asaz, que diría el abuelo.

COLUMNISTA