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20 de May de 2022

Cultura

La sociedad en un estudio que no termina

‘Historias verdaderas' es el nombre que lleva la muestra que la artista Alicia Viteri presenta a partir de hoy en Mateo Sariel. En sus obras hay personajes conocidos y otros nuevos que se unen para aparecer en complejos retratos familiares

El interior de la galería Mateo Sariel en Coco del Mar huele a pintura fresca. A pocos días de la inauguración de la exposición ‘Historias Verdaderas', sus paredes, regularmente de un blanco inmaculado, se tiñen de un color uva.

Y es que en las obras que forman parte de la colección más reciente de Alicia Viteri resaltan el blanco y el negro con todos sus matices, pero hay muy poco de color, un contraste grande con sus series anteriores. Sin embargo, encontramos algunos personajes recurrentes, la dama del sombrero, algunos caballeros que se esfuerzan por ser el epítome del refinamiento. Hay algo del Príncipe Próspero que presentó Viteri hace ya un par de décadas, pero su acercamiento es completamente distinto.

‘Conozco a algunos de estos personajes', le digo a la artista, apenas doy la primera mirada a las obras, en mayoría de gran formato, que están por colgar en las paredes de la galería. Ella ríe y dice ‘es que no se han ido, siguen aquí, pero algunos otros son nuevos'.

A lo largo de la trayectoria de Alicia Viteri, la temática de sus obras se ha mantenido fiel. Así lo comenta la experta Ángela Picardi en las notas del catálogo de Historias Verdaderas. ‘El hombre y su interacción son motivos que atraen a la artista, quien dejando de lado las falsas apariencias, los oropeles y las poses, desentraña, valiéndose de sus dibujos y figuras, sus interioridades, sus características anímicas'. Cada uno de sus cuadros muestra un ‘análisis profundo del individuo y la sociedad que lo rodea, sea en sus valores locales como universales'.

‘Juego con los personajes que me han acompañado toda la vida, la señora del sombrero, allí está, pero, ¿te acuerdas del florista?',

ALICIA VITERI

ARTISTA

‘Esto es un poco la historia de lo que me rodea', dice mientras caminamos frente a las pinturas. En los fondos se observan construcciones, edificios que cobran altura, también una infinidad de aves. ‘Estoy en Panamá, desde donde vivo, me asomo y veo todas las estructuras de los edificios. Veo a los pájaros también como si estuviesen enredados en una maraña de cables. Esto es parte de los elementos nuevos que hay en los cuadros, sin embargo, los he trabajado antes', afirma.

En primer plano, están grupos grandes de personas, cada una muestra sus particularidades. ‘Estos son como los instantes en que se reúnen las familias para hacerse la foto oficial y no faltan los perros, todas las mascotas', detalla Viteri. Además de perros hay garzas y otras aves de gran tamaño y unas cuantas iguanas. ‘Y por supuesto que la señora del sombrero está invitada, a involucrarse en la familia', dice.

En el momento previo a realizarse este retrato familiar aparecen algunos elementos conocidos y otros inesperados. ‘Juego con los personajes que me han acompañado toda la vida, la señora del sombrero, allí está, pero, ¿te acuerdas del florista?', dice señalando una figura masculina con un bote cargado en flores. ‘Es un personaje que hizo mucha noticia, un elemento muy de Panamá. Puede que sea él, pero puede que no…', analiza.

Cada una de las obras que Viteri presenta son ‘partes de historias que me han contado, de historias familiares, parte del entorno real en que vivo', hay realidad, hay ficción, hay emoción, y tan necesaria como la emoción, una idea muy bien pensada que sustente la idea y una técnica bien lograda. ‘Es como caminar sobre una cuerda, buscando ese equilibrio, porque puedes tener mucha emoción, pero si no hay nada detrás, se puede desplomar, o resultar solamente un garabato', medita. ‘A mí me gusta que la emoción transmita algo', insiste.

Viteri aborda el lienzo en blanco sin una intención muy específica. ‘Mis cuadros los comienzo casi como un abstracto y dentro de esa abstracción van emergiendo las figuras, los diálogos, los gestos; voy acordándome de la historia que me echó no sé quién, sobre la abuelita, de la historia con la amiga de la familia, todo eso se va entrelazando en la mente', detalla. Se trata de una cantidad enorme de elementos que emergen de manera ‘casi mágica'.

En las primeras obras, establece, los personajes estaban más encerrados en espacios de arquitectura, pero a medida que fue evolucionando la serie, ‘se fueron liberando'. Así luego aparece un horizonte marino con aves e incluso ballenas.

Los inicios artísticos de Viteri están en la gráfica, sobre todo en el grabado. De allí su gran dominio sobre el blanco y negro, el contraste y la profundidad que le permite lograr una multiplicidad de planos en el lienzo. Y a pesar de su larga experiencia en el mundo del arte y sus técnicas, Viteri se considera una eterna aprendiz.

‘Busco siempre involucrar nuevos elementos técnicos a la obra. Una nunca puede dejar de aprender; uno nunca termina de estar satisfecho con el cuadro, con lo que haces, y no por estar buscando la perfección, sino sencillamente por estar satisfecho con lograr la idea, plasmarla en el lienzo y lo único que uno tiene para comunicarlo es el oficio', declara.

Para la artista nacida en Colombia y con décadas residiendo en Panamá, es más que necesario estar siempre puliendo el oficio, renovándolo, porque ‘así será más fácil transmitir esas emociones, con mucha más libertad para expresarlas'.

Ese eterno aprendizaje la ha llevado a través de su carrera por el grabado, que le permitió perfeccionarse en el blanco y negro.

Más adelante, llegaría el Príncipe Próspero, con algunos de los personajes que vemos hoy, pero en escenarios mucho más oscuros, de la mano con el uso de oros y platas.

Luego, llegaría la necesidad del color. ‘Nunca lo había hecho, y empecé pintando paisajes, salía temprano, de madrugada a caminar en la selva porque quería ver cómo la naturaleza se teñía de color a medida que el sol iba saliendo. Pinté mucha selva, luego fui incluyendo flores. Cuando ya había dominado el color, me metí en lo digital', recuerda.

Con Memoria Digital Viteri aprendió a trabajar las técnicas de siempre, pero a través de las herramientas digitales con un manejo del color muy distinto. Otra fase la llevó a Terrícolas, una mirada distinta a los personajes de sociedad a través de trabajos escultóricos experimentales con materiales reciclados.

‘Son cosas que necesitas en un momento determinado: el dorado y el plateado en Próspero, todo el color para desarrollar esa apología al amor y la amistad que representó Memoria Digital. Son cosas que no tienen explicación, son mágicas. Hoy me toca volver a recorrer toda la historia desde el principio, pero con más conocimiento, con investigación con nueva información, y el color no está jugando el papel más importante en este proceso', confirma.

Pero hay color, sostiene Viteri. Se siente, se puede imaginar, así como las transparencias que dejaría un trabajo de aguadas, pero que realmente está hecho con acrílicos.

‘Me encanta que parezcan aguadas, que parezcan grabado, el detalle no importa, lo que importa para mí es la expresión. Porque la expresión es la que comunica de alguna manera emociones, sentimientos', asegura con firmeza.

Estas expresiones de cada uno de los personajes que espera a ser fotografiado en esta escena familiar han sido estudiadas a base de observación.

‘Prefiero no hablar, prefiero escuchar, y mirar. Todo lo he aprendido así, empapándome de la naturaleza, de la gente. Se aprende a mirar y yo tengo mucha información. Aquí hay muchas historias que no te las voy a contar, pero que me han dejado fascinada. Son historias de gente que entran a tu sistema y se van transformando. Luego, debes aprender a dibujar', concluye.