La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

De marmotas y tumbas

Nos despertamos este domingo, nuevamente, con los dime que te diré de aquellos que están convencidos de que su dios les habla.

Un grito de mujer nos anuncia que ya no está, que ha resucitado. Un año más, ¡Evohé!, ¡Evohé! Y nos encuentra este año, una vez más, en medio del marasmo fanático e incongruente.

Nos despertamos este domingo, nuevamente, con los dime que te diré de aquellos que están convencidos de que su dios les habla. ¡Y de que ellos entienden e interpretan lo que les dice!

Mientras un ciclo más empieza con la naricilla del dios estacional asomando por la puerta del inframundo aquí, en el intermundo, los seres humanos, haciendo caso omiso a nuestro sobrenombre de racionales, nos enzarzamos en discusiones bizantinas. Que si Dios os va a castigar por follar y no procrear; que si Dios es amor y no vas a ser tú el que me diga cómo y a quien amo; que si Dios anatemizó a los nefandos viciosos; que si familia es familia y cariño es cariño y no te permito que te metas con la mía.

Oportunistas con rabo de paja discutiendo con zapadores con techo de cristal, todos tirándose piedras sin ver ni su rabo de paja ni la ídem en su órbita. Ofensores y ofendiditos. ¡Blergh!

Señores, siéntense. Tómense un respiro. Ustedes, que se dicen cristianos, y se llenan la boca con el nombre de Nuestro Señor cada dos palabras y media deberían recordar que el mismo galileo dijo, "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6.46). Nos iría mucho mejor a todos si en lugar de tanto decir ‘Si Dios quiere' y ‘Dios primero', se olvidasen del Levítico y repasaran los mandamientos, empezando por el de no tomar el nombre de Dios en vano, (jurando, por ejemplo, su inocencia cuando la sabemos falsa) y siguiendo, por ejemplo por el de no robar. ¿A cuantos falsos beatos hemos oído enarbolar la bandera de su fe? Busquen en esa Biblia que nunca se les cae de las manos, cuyas tapas están desgastadas, pero cuyas páginas están nuevas y crujientes, y lean Mateo 5.34, Efesios 5.4, o Mateo 12. 36-37: ‘Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado". Por la boca muere el pez, que diría mi abuela. Hasta Saulo, (tras su caída, claro, porque el abrirse la cabeza fue lo que le abrió los ojos, que antes estaba cegado de sangre de tanto escamochar cristianos), predijo que algunos presumirían de conocer a Dios, pero sus obras lo negarían (Tito 1.16).

Y sí que las obras lo niegan, sí. ¿Cuántos de los que se precian de guardar el ayuno en la cuaresma entienden realmente el significado de privarse de algo? ¿Cuántos de los que llevan el rosario y la cruz colgando en todos sitios entienden que la muerte no fue sino apenas un paso y que lo que se celebra es el renacer? ¿Cuántos de los que comulgan religiosamente entienden el significado profundo de ‘mi carne y mi sangre'?

Siento decirles que a ese dios que acaba de volver a la vida le importa más bien poco con quien se case o se acueste nadie siempre que ambos sean adultos. En cambio suele tomarse en serio, por ejemplo, lo de no escandalizar a los niños.

Pero como es omnisciente, ya sabe que ha resucitado a la misma mierda de la que se fue. Así que, como en ‘El día de la marmota', volverá a tener que aguantar hipocresía y blasfemias durante otros 362 días, hasta que la plebe enardecida prefiera, un ciclo más, a Barrabás…

(El galileo suspira, se encoje de hombros y da un paso afuera de su sepulcro)

COLUMNISTA