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18 de Oct de 2019

Cultura

Un continente lleno de historia, belleza y encanto

Llegar a Europa es adentrarse en otras épocas; es palpar la historia, el arte, la cultura, y todo bajo un mismo cielo

Europa es un destino apetecible por las amplias opciones de circuitos turísticos, tesoros artísticos, moneda común y, desde luego, la experiencia de trasladarse sin dificultad –y de forma muy barata– de un país a otro.

Las ciudades europeas remontan al visitante al pasado, convirtiéndolo en un viajero en el tiempo. A donde paseas la mirada hallas las huellas de señores feudales, reyes, mecenas, artistas, políticos y conquistadores.

En invierno, con menos turismo que en primavera o verano, no parece temporada baja: los sitios están abarrotados.

MILÁN, EL PRIMER PLATO

Llegamos con tiempo de visitar el Duomo, en la ciudad de la moda. De allí hay un paso a la famosa Galería, donde están las tiendas más elegantes de la ciudad bajo las bóvedas de vidrio que fueron como un primer platillo a los sentidos.

En la mañana, nos dirigimos al Lago Garda. Su casco antiguo conserva un castillo medieval que resguarda el idílico lugar que desde su gran plaza deja ver el lago en toda su dimensión. Es un lugar con cafés, pequeños restaurantes y tiendas que aportan calidez a la gélida mañana.

VERONA ‘IN LOVE'

En Verona rodeamos la muralla de la ciudad y llegamos a la morada de la protagonista de la más grande historia de amor, Julieta, inmortalizada por Shakespeare. El amor está en el aire, en las notas y mensajes en las paredes de la casona. Los turistas se alternan para tocar el pecho a la escultura de la amante de Romeo, atraídos por la leyenda que asegura que tal gesto da suerte.

Otros atractivos de Verona son la Arena y el mercado, donde se puede comprar un recuerdo o disfrutar un delicioso helado.

A VENECIA EN ‘VAPORETTO'

La ciudad estaba tranquila, el sol dejaba pasar sus rayos para duplicar, con su sombra, las figuras que se sucedían en elegantes vestidos con vistosas máscaras.

Recorrimos los puentes y paseamos en góndola por sus canales. La tarde llegó acompañada por un espectáculo en el firmamento de fuegos de artificio que no superaron los juegos de luz y sombra del astro sol.

PADUA Y FLORENCIA, INOLVIDABLES

La Basílica de San Antonio de Padua da la bienvenida a los peregrinos. Caminar por Padua es una delicia. Procuré no irme sin probar el café italiano. Así sucumbí al encanto de la ciudad a la que prometí volver.

El nuevo día nos encuentra en Florencia, para muchos la más bella ciudad de Italia.

‘Hay que viajar ligero, en temporada baja y al menos disponer de dos noches en cada destino para conocerlo mejor'.

La primera parada fue la Piazza del Duomo. Mis ojos admiraron una de las muestras del arte gótico y renacentista italiano, plagada de una simbología que no alcanzan las palabras para describir.

Después de la Fontana del Porcellino y de acariciar al jabalí de bronce para retornar a Florencia nos encaminamos a la Piazza della Signoria, un cofre de tesoros donde está la copia del David y la Logia dei Lanzi, museo donde puedes literalmente estar a los pies de esculturas como El Rapto de las Sabinas.

El Ponte Vecchio es el lugar más romántico. Allí las tiendas de orfebres y joyeros reemplazaron a los carniceros y matarifes del medioevo.

Lo más esperado llegó. La visita a la Galería de la Academia, morada del David de Miguel Ángel. Frente a la escultura de mármol blanco de 5.17 metros me parece escuchar el cincel del artista de veinte años tallando de manera perfecta la anatomía humana. Nada en su exterior deja adivinar lo que guarda.

DE SIENA Y ASÍS A ROMA

Siena es una ciudad medieval monocromática, pero hermosa. Su centro cultural es la Piazza del Campo desde la cual pueden admirarse los atributos que la incluyen en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Dejando atrás a la Toscana vamos a Asís. Aquí nacieron San Francisco y Santa Clara y la costumbre de rememorar el nacimiento del Salvador con un pesebre.

La Basílica nos lleva a las líneas de La catedral del Mar y Los pilares de la tierra , obras en las que Falcones y Follet recrean la devoción de quienes convirtieron las catedrales en símbolos de la gloria de Dios.

ROMA, LA CIUDAD ETERNA

Arribamos de noche a la capital del mundo. En el alba, estamos listos para cubrir en dos días diferentes destinos: El Vaticano, La Capilla Sixtina, museos, monumentos, foros imperiales, El Coliseo...

¡La fontana de Trevi! Busco una moneda y me abro paso entre el gentío para regresar a Roma. Sus barrocas esculturas me llevan a la escena de Anita Ekberg ingresando a la fuente junto a Marcello Mastroianni.

El foro romano, alma de la antigua Roma, deja al descubierto monumentos que reposaron hasta el siglo XVIII olvidados bajo tierra. Dentro del coliseo es difícil concebir que a sus paredes un mármol prístino las cubriera. Hoy, a modo de reivindicación, el papa celebra allí el Vía Crucis para recordar a los cristianos muertos en la arena.

Cumpliendo medidas de seguridad entramos a la Basílica de San Pedro y a los museos del Vaticano. Frente a la escultura de la Piedad y bajo las bóvedas de la Capilla Sixtina quedo sin habla ante tan desbordante interpretación humana de lo divino.

MADRID Y TOLEDO, CAPITALES IMPERIALES

Madrid no palidece ante Roma. La capital española también es dueña de monumentos llenos de historia. Goza de una movida vida nocturna y el visitante no se puede escapar a la tentación de unas tapas en la Gran Vía.

Cerramos el periplo con Toledo, Patrimonio de la Humanidad, sede de los reyes católicos y plasmada en la famosa pintura del Greco, creador de ‘El entierro del conde de Orgaz'.

Viajar nos convierte en narradores de historias. He aquí las mías, convidándote a vivir la experiencia.