La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Muerte de un poeta naturalista

'Yo aguardaré el paso del calor al frío observando el prisma del hogar y la danza de las luciérnagas sobre los contornos ágiles'

Muerte de un poeta naturalista

Javier Alvarado

Esta es la primera noche en que el anciano, tomando su meditada lámpara, nos dirá:

‘Hoy empieza el ayuno por Seamus Heaney'...

Entonces, nos levantaremos de la mesa y soñaremos con las migajas del banquete de la jornada anterior.

Ya no queda agua, ni siquiera una brizna de algún alimento para las aves pendencieras.

Es la nostalgia de un cosechador sobre sus piñones de saliva;

Un toro inmenso que va aguardando la puesta de sol para ir a resoplar con las luces del terruño.

Yo aguardaré el paso del calor al frío observando el prisma del hogar y la danza de las luciérnagas sobre los contornos ágiles;

Sobre estas pequeñas epopeyas donde un labrador puede ser Ulises,

Mientras haya metáforas hibernando con los animales en sus madrigueras

O rebullendo en medio de un estanque junto a los huevecillos de los anfibios, copulantes en su furia

Mientras se encienda alguna chimenea y el humo arengue

Que hay poesía sobre los marjales

Una rapsodia para la hambruna mientras arrancamos inquisiciones a las estirpes de la hierba,

Un intervalo de voces que entran y salen de las cocinas,

Horneando alguna tarta de cerezas o de frutillas del bosque para que el viejo Seamus

Vaya satisfecho a reencontrarse con los muertos;

Con William Butler Yeats y las almas generadas,

Limpiándose los labios luego y entonando un credo que se hinche como una levadura sobre los aguajes y los páramos

Aunque no se tenga una litera en donde arrullar a la conquista,

Una espada gradual que vaya ascendiendo

Entre la grupa de plantas parasitarias,

Entre las cosas mortales que se culebrean por los campos de Irlanda,

Por donde avizora

El alpinista su último suspiro antes de tocar la cima;

Antes de encontrar el caldero con las monedas de oro y la continuidad del arcoíris,

Ese envejecimiento prematuro de nuestro pasado, de las clínicas boreales

En su tambor de carne viva,

Cuando en tu poesía oímos las detonaciones y los bombardeos en Belfast;

Y escuchamos también a una rana croar infinitamente en nuestro pecho, en nuestra cueva del azar

Demarcando fronteras, recogiendo pequeñas imágenes del condado de Derry para engarzar en nuestros parietales,

En nuestros riñones colmados, en nuestras manos que toman un azadón para cavar en la tierra,

Para pulir esa música de las asombradas esferas,

Esa inclinación de reencontrarnos con nuestras generaciones enterradas,

Dispuestas a retoñar ahora que te observo sonreírme destapando la botella de leche y beber a grandes sorbos

Esa lactescencia del mundo

Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,

En ese dolor hirviendo de los mares poseídos,

De la lluvia ancestral,

De la tiniebla coagulada que tintinea en la escarcha de los tejados

Como una antigua herida

Que sigue supurando

Los eriales en nosotros;

Esa marcha caduca de los espejos como un secreto del aire,

Como la pieza de cacería llevada en hombros, que con algo de nostalgia mira el paisaje dejado atrás

Donde te has quedado copiando imágenes de la tierra,

Plagiando entonces la muerte de un naturalista.

JAVIER ALVARADO

Escritor

Nació en Veraguas, el 28 de agosto de 1982. Es Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la UP. Ha sido laureado con el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán (2011), el Premio Ricardo Miró de Poesía (2015) y el Premio Hispanoamericano de Poesía de San Salvador (2017), entre otros.